El misterio del poder
Por Giorgio Agamben
Es posible leer la segunda epístola
de Pablo a los Tesalonicenses como una profecía que concierne a la situación
actual de Occidente. El apóstol evoca aquí «un misterio de la anomia», de la
«ausencia de ley», que está en acto, pero que no llegará a su cumplimiento con
la segunda venida de Jesucristo si antes no aparece «el hombre de la anomia (ho
anthropos tes anomias), el hijo de la destrucción, aquel que se contrapone y se
alza por encima de todo ser que es llamado Dios o es objeto de culto, hasta
sentarse en el templo de Dio, mostrándose como Dios». Existe, sin embargo, un
poder que contiene esta revelación (Pablo lo llama simplemente, sin definirlo
mejor, «aquello que contiene – kathechon»). Es necesario, por tanto, que este
poder sea quitado de en medio, porque solo entonces «será revelado el impío
(anomos, lit. “el sin ley”), a quien el señor Jesús eliminará con el soplo de
su boca y dejará inoperante con la aparición de su venida».
La tradición teológico-política ha
identificado este «poder que contiene» con el Imperio Romano (así en Jerónimo
y, más tarde, en Carl Schmitt) o con la propia Iglesia (en Ticonio y Agustín).
Es evidente, en cualquier caso, que el poder que contiene se identifica con las
instituciones que rigen y gobiernan las sociedades humanas. Por esto, su
eliminación coincide con el advenimiento del anomos, de un «sin ley» que ocupa
el lugar de Dios y «con signos y falsos prodigios» conduce a la perdición a
«aquellos que han renunciado al amor por la verdad».
Es posible ver en el misterio de la
anomia no tanto un arcano supratemporal, cuyo único sentido es poner fin a la
historia, sino más bien un drama histórico (mysterion en griego significa
«acción dramática»), que corresponde perfectamente a lo que estamos viviendo
hoy.
Las instituciones dominantes parecen
haber extraviado su sentido y se están quitando literalmente de en medio,
dejando paso a una anomia, a una ausencia de ley que se pretende, por así
decirlo, legal, pero que ha abdicado de hecho de toda legitimidad. El Estado
(el principio que contiene) y el «sin ley» son en realidad las dos caras de un
mismo misterio: el misterio del poder. Como hoy muestran los Estados Unidos sin
escrúpulo alguno, el «hombre de la anomia», el «sin ley», designa la figura del
poder estatal que, dejando caer los principios constitucionales y éticos que
tradicionalmente lo limitaban y, con ellos, «el amor por la verdad», se confía
a los «signos y a los falsos prodigios» de las armas y de la tecnología. Es
esta confusión de anarquía y de legalidad en un estado de excepción convertido
en permanente lo que debemos desenmascarar y volver inoperante en todos los
ámbitos.
Giorgio Agamben es un filósofo
italiano conocido por su exploración de la biopolítica, el estado de excepción
y la vida desnuda. Su pensamiento, denso y original, ofrece herramientas
críticas para analizar el poder soberano en el mundo contemporáneo.
La
biodramaturgia del poder es el misterio
del poder mismo, el estado de ley y la anomia sin ley la bestia somos nosotros
cada uno vive este misterio con el otro, hoy que iniciamos un apocalipsis de
nuevo y que el poder es develado, ¿Qué haremos?
Volver a construir
una institucionalidad que nos libere del misterio del poder o por fin entrar en
ese misterio vivir su conflicto al
máximo y saber de dónde surge el poder y quien lo puede detentar legítimamente.
Heidegger
nos invita al sendero del campo ontológico a cruzarlo serenamente y entre
pisada y pisada vemos al poder surgir y desaparecer, no hay nada que demostrar
todo duele pero el dolor si respiramos aun nos permite caminar más no podemos
respirar solos al otro lado se necesita
a alguien y entre él y yo a muchos más es decir a todo el mundo recordando el
ser, pero la realidad es que no hay nadie esperando al otro lado ni caminando
hacia nosotros y entre él y yo hay un mundo que ha decidido actuar de mala fe, ahí
nace el poder de este mundo contra la verdad, intentando demostrar el valor de
una existencia que ya renuncio a todo valor es decir a toda búsqueda ética,
donde se conoce a una mismo conociendo al otro , de esa renuncia nace el
estado su ley y su anomia que ha estado
siempre con nosotros pero como que por un ciclo infernal devela por un tiempo
el lado de la ley y por otro tiempo su anomia bestial a la que dice combatir
pero que es su fuente de poder y es que el estado nace cuando la comunidad se
parte y esto sucede cuando el hermano ya no reconoce al hermano y lo somete
desde la violencia bestial , la ley que es primero moral solo es la crueldad en
la administración de esa violencia que en el estado se hace impersonal.
Legitimado
el derecho por la moral este procede, en tanto los intereses de la bestia no
estén en juego, hoy que estados unidos ve su status quo temblar, la bestia sale
al ruedo como ha salido siempre, en cada imperio, en cada reino, en cada estado
y podemos protestas pero pocos son los que se atreven a dejar de alimentarla
con su miedo, miedo a uno mismo y al otro ¿Es posible superar ese miedo?
No porque no
está del todo infundado, estamos muy
dolidos casi locos de dolor y entre más queremos resistirnos a esto, mas se
nota
En el budismo decimos que dukkha, el
sufrimiento, es inevitable. Es una parte integrante del hecho de estar vivo.
La persona a la que amamos no nos
corresponde, o ha muerto. Nos sentimos mal en el trabajo. Queremos tener un
hijo, pero no podemos. O nuestros hijos no hacen más que darnos problemas.
Enfermamos. Perdemos el trabajo. La lista de posibles sufrimientos es
inacabable. Y es cómo respondemos en esas situaciones dolorosas lo que
determina el alcance y la duración de nuestro sufrimiento.
El Buda nos enseñó algo
verdaderamente poderoso al respecto. Observó que todos somos alcanzados por la
flecha del sufrimiento, y la mayoría volvemos a ser alcanzados por una segunda
flecha.
La primera es el dolor inevitable de
estar vivos: todas las dolorosas experiencias que hemos mencionado arriba.
Incluso las personas con la más alta realización se ven afligidas en esas
formas.
Es la segunda flecha, sin embargo, la
que nos produce auténtico daño. Se clava en el mismo lugar doloroso que la
primera y agrava la herida. Es la flecha de resistirse al dolor, de querer
rechazarlo. El Buda la llamó "la obsesión de resistirse". Normalmente
adopta tres modos.
El primero de ellos se caracteriza
por el deseo de escapar del dolor a través de la dependencia de sustancias
anestésicas, como el alcohol, o a través de la rumia del pasado o la ensoñación
de futuros.
El segundo es la resistencia
moralista y controladora, con uno mismo y con los demás.
El tercero consiste, sencillamente,
en entregarse a las diversiones de moda o a la adicción al trabajo. Ninguna de estas
actitudes es efectiva a largo plazo. De hecho, solo consiguen ulcerar la herida
inicial.
A estas dos flechas podéis añadir una
tercera: la creencia de que, puesto que hemos sido heridos por las dos primeras
flechas, algo debe de andar muy mal en uno mismo.
Sacamos la conclusión de que, si no
hemos podido evitar la segunda flecha, debemos ser tremendamente defectuosos e
inútiles. He observado que esta tercera flecha es muy común entre los
occidentales. Gran parte de las personas que acuden a verme están fatalmente
heridas por ella.
Y hay una cuarta flecha en la que esa
decepción que sentimos por nosotros mismos se invierte en ira hacia los otros y
sale la bestia no como algo espontaneo sino como crueldad programada así aquel que hemos elegido como chivo expiatorio
, judíos, negros y hoy latinos en Estados Unidos, así el dolor no nos destruye
destruyendo.
Por esto andamos alertas con miedo
porque el caminos hacia el otro y hacia uno mismo está lleno flechas de
resistencias, ¿Pero es posible dejar de actuar de mala fe hacernos cargo de
nuestra libertad y encontrar el verdadero poder que no quiere demostrar nada, que
no necesita héroes ni anti héroes solo caminantes del campo ontológico?
Cada generación
ha respondido a este pregunta negativamente con sus acciones asi se haya dicho
que si se puede, no hay generación humana que al desatarse el apocalipsis se
haya logrado encontrar consigo misma y está está muy lejos mucho más que las otras de poder encontrarse, al punto
que pareciera ser este el ultimo apocalipsis, pero siempre hay un resto, un
pequeño resto que logra mirar al rostro a los otros y acompañarse en la mirada
así esta esté llena de sufrimiento.
No podemos
dar más que esta mirada ni menos que ella, no hay salvación, ni iluminación, no
hay redención posible solo esta mirada que ya es una respiración ontológica compartida,
así con esta mirada mira a mi hijo, recibo a mi hija con ella recibiré a mi amada y a mi otra
hija menor e iré en busca de mis amigos, parece poco , pero es en esta mirada
simple trasparente que el estado y la bestia son atravesados al punto que ya no
se volverán a armar ni dentro ni fuera de nosotros.
Algún día
espero poder mirar con esta mirada a mi madre, sin esperar que ella me la
devuelva.

1 comentario:
Lo sencillo conserva el enigma de lo perenne y de lo grande. Sin
intermediarios y repentinamente penetra en el hombre y requiere,
sin embargo, una larga maduración. Oculta su bendición en lo
inaparente de lo siempre mismo. La amplitud de todas las cosas
crecidas, que permanecen junto al sendero, otorga mundo. En lo
tácito de su lenguaje. Dios es recién Dios,
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