sábado, 24 de enero de 2026

El misterio del poder

 

El misterio del poder

Por Giorgio Agamben

Es posible leer la segunda epístola de Pablo a los Tesalonicenses como una profecía que concierne a la situación actual de Occidente. El apóstol evoca aquí «un misterio de la anomia», de la «ausencia de ley», que está en acto, pero que no llegará a su cumplimiento con la segunda venida de Jesucristo si antes no aparece «el hombre de la anomia (ho anthropos tes anomias), el hijo de la destrucción, aquel que se contrapone y se alza por encima de todo ser que es llamado Dios o es objeto de culto, hasta sentarse en el templo de Dio, mostrándose como Dios». Existe, sin embargo, un poder que contiene esta revelación (Pablo lo llama simplemente, sin definirlo mejor, «aquello que contiene – kathechon»). Es necesario, por tanto, que este poder sea quitado de en medio, porque solo entonces «será revelado el impío (anomos, lit. “el sin ley”), a quien el señor Jesús eliminará con el soplo de su boca y dejará inoperante con la aparición de su venida».

La tradición teológico-política ha identificado este «poder que contiene» con el Imperio Romano (así en Jerónimo y, más tarde, en Carl Schmitt) o con la propia Iglesia (en Ticonio y Agustín). Es evidente, en cualquier caso, que el poder que contiene se identifica con las instituciones que rigen y gobiernan las sociedades humanas. Por esto, su eliminación coincide con el advenimiento del anomos, de un «sin ley» que ocupa el lugar de Dios y «con signos y falsos prodigios» conduce a la perdición a «aquellos que han renunciado al amor por la verdad».

Es posible ver en el misterio de la anomia no tanto un arcano supratemporal, cuyo único sentido es poner fin a la historia, sino más bien un drama histórico (mysterion en griego significa «acción dramática»), que corresponde perfectamente a lo que estamos viviendo hoy.

Las instituciones dominantes parecen haber extraviado su sentido y se están quitando literalmente de en medio, dejando paso a una anomia, a una ausencia de ley que se pretende, por así decirlo, legal, pero que ha abdicado de hecho de toda legitimidad. El Estado (el principio que contiene) y el «sin ley» son en realidad las dos caras de un mismo misterio: el misterio del poder. Como hoy muestran los Estados Unidos sin escrúpulo alguno, el «hombre de la anomia», el «sin ley», designa la figura del poder estatal que, dejando caer los principios constitucionales y éticos que tradicionalmente lo limitaban y, con ellos, «el amor por la verdad», se confía a los «signos y a los falsos prodigios» de las armas y de la tecnología. Es esta confusión de anarquía y de legalidad en un estado de excepción convertido en permanente lo que debemos desenmascarar y volver inoperante en todos los ámbitos.

Giorgio Agamben es un filósofo italiano conocido por su exploración de la biopolítica, el estado de excepción y la vida desnuda. Su pensamiento, denso y original, ofrece herramientas críticas para analizar el poder soberano en el mundo contemporáneo.

 

La biodramaturgia del poder es el  misterio del poder mismo, el estado de ley y la anomia sin ley la bestia somos nosotros cada uno vive este misterio con el otro, hoy que iniciamos un apocalipsis de nuevo y que el poder es develado, ¿Qué haremos?

Volver a construir una institucionalidad que nos libere del misterio del poder o por fin entrar en ese misterio vivir  su conflicto al máximo y saber de dónde surge el poder y quien lo puede detentar legítimamente.     

 

Heidegger nos invita al sendero del campo ontológico a cruzarlo serenamente y entre pisada y pisada vemos al poder surgir y desaparecer, no hay nada que demostrar todo duele pero el dolor si respiramos aun nos permite caminar más no podemos respirar solos  al otro lado se necesita a alguien y entre él y yo a muchos más es decir a todo el mundo recordando el ser, pero la realidad es que no hay nadie esperando al otro lado ni caminando hacia nosotros y entre él y yo hay un mundo que ha decidido actuar de mala fe, ahí nace el poder de este mundo contra la verdad, intentando demostrar el valor de una existencia que ya renuncio a todo valor es decir a toda búsqueda ética, donde se conoce a una mismo conociendo al otro , de esa renuncia nace el estado  su ley y su anomia que ha estado siempre con nosotros pero como que por un ciclo infernal devela por un tiempo el lado de la ley y por otro tiempo su anomia bestial a la que dice combatir pero que es su fuente de poder y es que el estado nace cuando la comunidad se parte y esto sucede cuando el hermano ya no reconoce al hermano y lo somete desde la violencia bestial , la ley que es primero moral solo es la crueldad en la administración de esa violencia que en el estado se hace impersonal.

Legitimado el derecho por la moral este procede, en tanto los intereses de la bestia no estén en juego, hoy que estados unidos ve su status quo temblar, la bestia sale al ruedo como ha salido siempre, en cada imperio, en cada reino, en cada estado y podemos protestas pero pocos son los que se atreven a dejar de alimentarla con su miedo, miedo a uno mismo y al otro ¿Es posible superar ese miedo? 

No porque no está  del todo infundado, estamos muy dolidos casi locos de dolor y entre más queremos resistirnos a esto, mas se nota      

     

En el budismo decimos que dukkha, el sufrimiento, es inevitable. Es una parte integrante del hecho de estar vivo.

La persona a la que amamos no nos corresponde, o ha muerto. Nos sentimos mal en el trabajo. Queremos tener un hijo, pero no podemos. O nuestros hijos no hacen más que darnos problemas. Enfermamos. Perdemos el trabajo. La lista de posibles sufrimientos es inacabable. Y es cómo respondemos en esas situaciones dolorosas lo que determina el alcance y la duración de nuestro sufrimiento.

El Buda nos enseñó algo verdaderamente poderoso al respecto. Observó que todos somos alcanzados por la flecha del sufrimiento, y la mayoría volvemos a ser alcanzados por una segunda flecha.

La primera es el dolor inevitable de estar vivos: todas las dolorosas experiencias que hemos mencionado arriba. Incluso las personas con la más alta realización se ven afligidas en esas formas.

Es la segunda flecha, sin embargo, la que nos produce auténtico daño. Se clava en el mismo lugar doloroso que la primera y agrava la herida. Es la flecha de resistirse al dolor, de querer rechazarlo. El Buda la llamó "la obsesión de resistirse". Normalmente adopta tres modos.

El primero de ellos se caracteriza por el deseo de escapar del dolor a través de la dependencia de sustancias anestésicas, como el alcohol, o a través de la rumia del pasado o la ensoñación de futuros.

El segundo es la resistencia moralista y controladora, con uno mismo y con los demás.

El tercero consiste, sencillamente, en entregarse a las diversiones de moda o a la adicción al trabajo. Ninguna de estas actitudes es efectiva a largo plazo. De hecho, solo consiguen ulcerar la herida inicial.

A estas dos flechas podéis añadir una tercera: la creencia de que, puesto que hemos sido heridos por las dos primeras flechas, algo debe de andar muy mal en uno mismo.

Sacamos la conclusión de que, si no hemos podido evitar la segunda flecha, debemos ser tremendamente defectuosos e inútiles. He observado que esta tercera flecha es muy común entre los occidentales. Gran parte de las personas que acuden a verme están fatalmente heridas por ella.

 

Y hay una cuarta flecha en la que esa decepción que sentimos por nosotros mismos se invierte en ira hacia los otros y sale la bestia no como algo espontaneo sino como crueldad programada así  aquel que hemos elegido como chivo expiatorio , judíos, negros y hoy latinos en Estados Unidos, así el dolor no nos destruye destruyendo.

 

Por esto andamos alertas con miedo porque el caminos hacia el otro y hacia uno mismo está lleno flechas de resistencias, ¿Pero es posible dejar de actuar de mala fe hacernos cargo de nuestra libertad y encontrar el verdadero poder que no quiere demostrar nada, que no necesita héroes ni anti héroes solo caminantes del campo ontológico?     

 

Cada generación ha respondido a este pregunta negativamente con sus acciones asi se haya dicho que si se puede, no hay generación humana que al desatarse el apocalipsis se haya logrado encontrar consigo misma y está  está   muy lejos mucho más  que las otras de poder encontrarse, al punto que pareciera ser este el ultimo apocalipsis, pero siempre hay un resto, un pequeño resto que logra mirar al rostro a los otros y acompañarse en la mirada así esta esté  llena de sufrimiento.

 

No podemos dar más que esta mirada ni menos que ella, no hay salvación, ni iluminación, no hay redención posible solo esta mirada   que ya es una respiración ontológica compartida, así con esta mirada mira a mi hijo, recibo a mi hija con ella recibiré a mi amada y a mi otra hija menor e iré en busca de mis amigos, parece poco , pero es en esta mirada simple trasparente que el estado y la bestia son atravesados al punto que ya no se volverán a armar ni dentro ni fuera de nosotros.  

Algún día espero poder mirar con esta mirada a mi madre, sin esperar que ella me la devuelva.  

 

 


   

 

1 comentario:

Christian Franco dijo...

Lo sencillo conserva el enigma de lo perenne y de lo grande. Sin
intermediarios y repentinamente penetra en el hombre y requiere,
sin embargo, una larga maduración. Oculta su bendición en lo
inaparente de lo siempre mismo. La amplitud de todas las cosas
crecidas, que permanecen junto al sendero, otorga mundo. En lo
tácito de su lenguaje. Dios es recién Dios,