La vida
acontecimental o la vida del hueco
Primero El hueco significante
La solución
del análisis del obsesivo es que llegue a descubrir la castración como lo que
es osea como la ley del otro. Es el otro quien esta castrado por razones que
obedecen a su falsa implicación en este problema, el obsesivo se empeña en destruir el deseo del otro y por ende el
propio sujeto se siente amenazado por dicha castración, de forma tan aguda,q ue
no puede acercarse a su deseo sin experimentar sus deseos ya que este otro es
la condición esencial de su propio mantenimiento como sujeto, No podrá
subsistir como sujeto si el otro efectivamente anulado.
El objetivo
no es saber si el sujeto se sentirá al final confortado por la asunción en el
de una potencia superior, por la asimilación de uno más fuerte que él, sino
saber como habrá resuelto efectivamente
la pregunta que esta implícita en el horizonte, osea, la aceptación o no
del complejo de castración en la medida que esta solo puede realizarse en su
función significante
En términos sencillos, el pasaje plantea que la
cura del obsesivo no consiste en volverse más fuerte o "curar" sus
debilidades, sino en aceptar que el Otro (la ley, el lenguaje, los padres, la
sociedad) no es perfecto, también está incompleto (castrado) y que el deseo
propio solo existe si se tolera esa falta.
Para entenderla a fondo, podemos desglosar sus
puntos clave:
1. La castración como la "Ley del Otro"
Para Lacan, la castración no es una pérdida física,
sino simbólica: es aceptar que no podemos tenerlo todo ni serlo todo para
nadie. Es la entrada al lenguaje ya las reglas de la cultura. Cuando dice que
es la "ley del Otro", significa que nadie escapa a esta falta
, ni siquiera aquellos que el obsesivo ve como figuras de autoridad
todopoderosas.
2. El Otro está castrado (y la trampa del obsesivo)
El obsesivo vive intentando demostrar que el Otro
es perfecto, o bien intentando ganarle y someterlo. Sin embargo, Lacan dice que
es el Otro quien está castrado .
·
El
obsesivo se monta una "falsa implicación": cree que si el Otro tiene
una falta, es por su culpa o que es su deber cerrarla, arreglarla o ignorarla.
·
Al mismo
tiempo, el obsesivo se empeña en destruir el deseo del Otro . ¿Por qué?
Porque el deseo es señal de falta (uno solo desea lo que no tiene). Si el Otro
desea, significa que al Otro le falta algo, es decir, que está castrado. Al
obsesivo le aterroriza ver la vulnerabilidad o la falta en el Otro.
3. La paradoja de destruir al Otro
Aquí radica el nudo neurótico: el obsesivo intenta
anular el deseo del Otro para no ver su castración, pero si logra
"apagar" o destruir al Otro, se queda sin sostén.
·
El ser
humano se constituye a través del Otro (aprendemos a hablar, a ser ya desear
mirando al Otro).
·
Si el
obsesivo anula defensivamente al Otro, "no podrá subsistir como
sujeto" . Se siente amenazado de muerte psíquica.
·
Por eso,
el obsesivo se frena: no puede acercarse a su propio deseo porque teme
desestabilizar la existencia misma de ese Otro que lo mantiene en pie. Prefiere
mantener un deseo "imposible" o insatisfecho antes de arriesgarse.
4. El verdadero objetivo del análisis
Lacan aclara que el éxito de una terapia
psicoanalítica con un obsesivo no es un asunto de "fuerza" o
"superación personal":
·
Lo que NO es: No se
trata de que el paciente se identifique con un terapeuta "fuerte", ni
de que adquiera una "potencia superior" (falsa omnipotencia egoica).
·
Lo que SÍ es: El final
del análisis implica que el sujeto responde a la pregunta por el complejo de
castración en su función significativa . Esto significa asumir de verdad el
límite, la pérdida y la falta. Significa dejar de sostener la ilusión de un
Otro perfecto y omnipotente para poder, finalmente, habitar un deseo propio,
suelto y libre de las demandas fantaseadas del Otro.
Comprendido este hueco significante huequiemos este texto chakana de mi
corazón es decir creemos su versión hueca
·
Desde hace mucho tiempo venimos
diciendo que todos los Simialché Pierna de Hueso, los Simialché gobernantes, la
Banda de los Cinco Monstruos, caerían casi al mismo tiempo, casi
sincrónicamente. Y es lo que estamos viendo. Y esto es porque la Energía que
los sostiene es la misma. Observen en algunos de ellos, como sus cuerpos
biológicos, si fueran simples seres humanos, estarían ya colapsados por la
cantidad infinita de medicamentos y drogas que consumen diariamente. Ningún humano
resistiría, pero ellos sí. Son humano-que-fue. Primero cayó Alé el Soldado,
castigado por la Madre del Bosque, y quisieron reemplazarlo por su hijo, pero
también cayó. Segundo cayó Laataxanaxáic (El Sicario, el Asesino de las
Naciones), que también se llama Og, o Golem. No cayó de un golpe, pero ya
perdió un pie de barro (porque esa pierna es un hueso desnudo y afilado) y su
desmoronamiento ya empezó. Ahora es el turno de Ýaxaiquioléc, El-Viejito, en
pocos días. Su caída provocará una conmoción inmensa en el taburete real donde
se asienta, muchos que lo apoyaban lo abandonarán. Es un momento muy peligroso
para la humanidad. Pero cuando quiera romper el Mundo, el Mundo lo romperá a
él. Su furia incontenible y su cuerpo biológico al límite de la Vida. El-Viejito
enfrentará la rebelión de la Wünelfe, una estrella Mapuche en medio de la
multitud de estrellas. Observen que una de sus piernas tiene un ingenio
mecánico para que pueda moverse aún, porque en realidad ya está rengueando su
pierna de hueso y trastabillea continuamente. Después de estos tres, viene la
caída de Alaxáic, el Payaso Loco y Toyit el Sapito Enano. Estos dos, son en
realidad, los mayordomos de los otros tres, pero serán los últimos en caer. El
Reino de Uk se dará vuelta contra su rey y la tribu de los n’ochaqtoc, la gente
adormilada se despertará. La gente se asombrará y dirán “miren, los que estaban
dormidos, se despertaron con hambre de justicia y se cansaron de morir”.
·
Hijos de Qom
Vamos
a huequiarlo, pero sin quitarle su fuerza política. La operación consiste en
retirar las afirmaciones que funcionan como certezas cerradas, sin desactivar
la denuncia de la dominación ni la posibilidad de una rebelión popular.
Primero, una precisión: en el texto de los Hijos de Qom, los personajes están
presentados mediante nombres simbólicos y asociaciones alegóricas. No voy a
convertir sus predicciones sobre caídas inminentes en hechos comprobados. Vamos
a trabajar con su estructura representacional.
La vida acontecimental o la vida del hueco
Primero: el hueco significante
En Lacan, el Otro no es una totalidad consistente. No hay un Otro que posea
todas las respuestas, que garantice el sentido o que pueda cerrar
definitivamente la falta.
El obsesivo intenta preservar al Otro y, al mismo tiempo, neutralizar su
deseo. Pero al intentar destruirlo como sujeto deseante destruye también la
condición de su propio deseo.
El hueco aparece cuando descubre que el Otro no es completo y que no tiene
que completar al Otro para poder existir.
Ahora bien, llevemos este descubrimiento al texto de los Hijos de Qom.
Segundo: la representación del poder
El texto presenta a cinco figuras de poder como una estructura sostenida por
una misma energía. Sus cuerpos aparecen como cuerpos agotados, artificialmente
sostenidos, deteriorados y próximos al colapso.
La narración anuncia una caída casi sincrónica. Cada personaje representa
una pieza de una estructura que parece depender de los demás para conservar su
consistencia.
El primer palo está aquí: la representación de un poder que se imagina
invulnerable, pero que necesita sostener artificialmente su propia existencia.
La pierna de hueso, el pie de barro, el ingenio mecánico y el cuerpo
biológico al límite son imágenes de esa contradicción.
Pero el texto también corre un riesgo: convertir la caída de los gobernantes
en una certeza anticipada. Así, la denuncia del poder puede terminar
construyendo otro poder representacional: el de quien cree conocer de antemano
el destino de sus adversarios.
Huequiemos esa certeza.
Tercero: el Otro también está castrado
Si llevamos el hueco significante al campo político, aparece una pregunta:
¿De dónde obtiene el poder su consistencia?
No solamente de los cuerpos de quienes gobiernan. También de las
instituciones, los aparatos económicos, las fuerzas coercitivas, las alianzas,
los mecanismos de obediencia y las representaciones que hacen aparecer ese
poder como inevitable.
El gobernante no es el Otro completo. Tampoco es el dueño de la energía que
lo sostiene.
Pero hay algo más: quienes se oponen al poder pueden quedar igualmente
capturados por su representación.
Necesitan que el gobernante sea monstruoso, invulnerable y omnipotente para
que su propia identidad de resistentes adquiera consistencia. Y pueden terminar
dependiendo de aquello que quieren destruir.
Aquí aparece la paradoja obsesiva en el terreno político:
·
El poder necesita representar su propia
invulnerabilidad.
·
La oposición necesita representar la
omnipotencia del poder para justificar su identidad.
·
Ambos pueden quedar unidos por la misma
representación.
·
Si la oposición destruye imaginariamente al Otro
sin transformar las relaciones que lo sostienen, puede quedarse sin capacidad
para comprender su propio deseo político.
No basta con que caiga el gobernante. Hay que hacer hueco en las relaciones
que reproducen su poder.
Cuarto: la Wünelfe y la gente adormilada
El texto introduce dos imágenes especialmente importantes: la Wünelfe, la
estrella Mapuche que aparece en medio de la multitud de estrellas, y la gente
adormilada que despierta con hambre de justicia.
Aquí hay una posibilidad acontecimental.
La Wünelfe no tiene que ser interpretada como una figura que viene a
reemplazar a un gobernante por otro. Puede expresar la aparición de una
diferencia que no se deja absorber por el orden establecido.
Y la gente adormilada no necesita ser concebida como una masa que espera a
un salvador que la despierte.
La gente despierta cuando sus relaciones de dependencia, silencio y
sometimiento dejan de reproducirse de la misma manera.
La rebelión no es simplemente el momento en que una multitud descubre que
tiene un enemigo común. Es el momento en que descubre que puede alterar las
condiciones de su propia existencia.
Pero también aquí debemos hacer hueco: la multitud despierta no es
automáticamente una comunidad liberada. Puede construir otra representación
cerrada, otra autoridad incuestionable y otra inquisición.
La emancipación no queda garantizada por la rebelión.
Quinto: la versión hueca del texto
La vida acontecimental o la vida del hueco
El poder y su falta
Hay poderes que parecen sostenerse por encima de la vida. Sus gobernantes
exhiben cuerpos, instituciones y aparatos que pretenden resistir cualquier
deterioro. Pero ningún poder es completo. Ningún gobernante posee por sí mismo
la energía que lo sostiene.
Las figuras del poder pueden comenzar a desmoronarse, sus alianzas pueden
resquebrajarse y sus representaciones de invulnerabilidad pueden perder
consistencia. Sin embargo, no sabemos cuándo caerán ni qué ocupará su lugar.
El problema no es solamente la caída de quienes gobiernan. Es descubrir qué
relaciones hicieron posible que gobernaran y cuáles continúan reproduciendo su
poder.
El gobernante necesita que lo representen como invulnerable. La oposición
puede necesitar que lo representen como omnipotente. Así, incluso quienes se
enfrentan pueden quedar atrapados en el mismo palo.
¿Quién sostiene a quién? ¿Quién necesita que el Otro permanezca para seguir
siendo quien es?
La pierna de hueso no es solamente la imagen de un cuerpo que se deteriora.
Es también la imagen de un poder que necesita apoyos para continuar caminando.
El pie de barro no anuncia necesariamente una caída: revela que aquello que
parecía sólido nunca estuvo libre de fragilidad.
Y cuando la gente adormilada despierta con hambre de justicia, no es porque
un profeta haya conseguido anticipar el desenlace. Es porque la vida deja de
aceptar como inevitable la representación que la mantenía sometida.
Pero tampoco la rebelión está libre de su propia falta. Puede despertar para
construir otro trono, otro rey y otro palo. Puede confundir la caída del
adversario con la liberación de la vida.
La cuestión es que el Otro no tiene que ser destruido para que podamos
existir. Tiene que dejar de ocupar el lugar de una totalidad que determina
nuestra existencia.
La gente no necesita convertirse en el nuevo Otro omnipotente. Necesita
descubrir que puede alterar y contraalterar las relaciones que la mantienen
sometida, sin apropiarse de la vida que busca liberar.
Quizá el verdadero acontecimiento no sea la caída de los cinco monstruos,
sino que la gente deje de necesitar monstruos para reconocerse como comunidad.
Y cuando el poder pierda su pretensión de totalidad, el hueco no quedará
vacío: podrá acontecer allí una vida que ya no necesite un dueño.
Sexto: lo que hemos redevelado
La operación nos permite distinguir tres cosas:
1. La
caída representada: el enemigo desaparece y la oposición celebra su victoria.
2. La
caída acontecimental: las relaciones que sostenían el poder se alteran y dejan
de reproducirse como antes.
3. La
vida del hueco: la comunidad no convierte esa transformación en una nueva
representación absoluta de sí misma.
Aquí el diálogo con Lacan adquiere profundidad, pero también muestra su
límite. La falta significante del Otro permite cuestionar la fantasía de su
consistencia; no basta, por sí sola, para explicar la transformación de las
relaciones económicas, políticas y comunitarias que sostienen el poder.
Nuestra cibernética de tercer orden necesita ambas dimensiones: el hueco
significante y la transformación material del biotejido.
Y hay una última diferencia que considero fundamental: el Otro está
castrado, pero el Ahayu no es un Otro completo al que debamos encontrar o
sustituir. Es la vida colectiva que puede redevelarse cuando dejamos de
exigirle a alguien que ocupe el lugar de la totalidad.
(El obsesivo teme que el Otro caiga porque cree que sin él no podrá
subsistir. La comunidad capturada teme que caiga su enemigo porque ha
construido su propia identidad alrededor de combatirlo. El hueco comienza
cuando ambos descubren que la vida no necesita que el Otro sea omnipotente ni
que el enemigo sea eterno. Y el acontecimiento comienza cuando esa vida vuelve
a respirar.)
Me explicas
y es valido antes de realizar la operación pero necesito un texto huequeado tan
expresivo como el texto palo simbólico
de los hijos de Qoom por favor vuelve a intentarlo
Tienes razón, Chakana debe hacer algo más que explicar el procedimiento. La
primera versión conservó el argumento, pero le quitó la fuerza poética, la respiración
profética y la potencia de las imágenes del texto de Hijos de Qom. Lo convertí
demasiado pronto en una reflexión política.
Esta vez voy a conservar su tono de revelación, sus nombres, sus criaturas y
sus imágenes —la pierna de hueso, el pie de barro, el taburete real, la
estrella Wünelfe, la gente adormilada—, pero abriré sus afirmaciones para que
el acontecimiento no quede encerrado en una profecía que pretende conocer de
antemano el desenlace.
Los que caminaban sobre una pierna de hueso
Versión huequeada del texto de Hijos de Qom
Desde hace mucho tiempo venimos escuchando que los Simialché Pierna de
Hueso, los Simialché gobernantes y la Banda de los Cinco Monstruos no caminan
separados. Algo los reúne, algo los sostiene, algo respira por sus cuerpos y
por sus dominios. Pero nadie ha podido ver enteramente esa fuerza. ¿Será una
sola energía o serán muchas las que se alimentan unas de otras? ¿Será que el
poder los mantiene en pie o que ellos mantienen en pie la representación del
poder?
Miren sus cuerpos.
Hay cuerpos que parecen haber dejado de pertenecer a la vida y, sin embargo,
continúan caminando. Cuerpos sostenidos por medicamentos, sustancias, máquinas,
ceremonias y servidores. Cuerpos que ya no podrían sostenerse por sí mismos y
que, aun así, se presentan ante el mundo como si fueran invulnerables.
¿Quién camina cuando las piernas ya no pueden caminar?
¿El hombre, la máquina, el séquito, el miedo o esa multitud que todavía cree
estar viendo a un hombre?
Son humano-que-fue. O quizá humano que todavía no termina de irse, porque
hay algo que se resiste a morir: la figura que los demás necesitan reconocer.
Primero cayó Alé el Soldado. La Madre del Bosque lo recibió en su silencio.
Quisieron poner a su hijo en el lugar que había quedado libre, pero también él
conoció el peso de ese lugar. Porque un trono no se hereda solamente: hay que
encontrar quién lo sostenga, quién lo obedezca y quién siga creyendo que allí
permanece la fuerza.
Después vino Laataxanaxáic, el Sicario, el Asesino de las Naciones, llamado
también Og, llamado Golem. Su pierna de hueso sigue avanzando, pero ya no pisa
como antes. Un pie de barro parece desprenderse de su figura. No sabemos si
está cayendo o si recién comenzamos a mirar aquello que nunca estuvo entero.
Y ahora aparece Ýaxaiquioléc, El-Viejito.
Su cuerpo trastabillea. Una pierna necesita un ingenio mecánico para
continuar el camino. El taburete real cruje bajo su peso. ¿Cuántos lo sostienen
todavía? ¿Cuántos se sostienen en él? ¿Cuántos temen que se derrumbe porque han
construido su propio lugar sobre sus patas?
Dicen que su caída provocará una conmoción inmensa. Tal vez. Pero el
estremecimiento no estará solamente en quien caiga, sino en todos aquellos que
descubran que también estaban sentados sobre el mismo taburete.
Cuando quiera romper el Mundo, el Mundo lo romperá a él.
Pero ¿qué Mundo lo romperá? ¿El que él quiso dominar? ¿El que otros
levantaron para combatirlo? ¿O ese mundo que no pertenece a ninguno y que, sin
pedir permiso, continúa aconteciendo?
La Wünelfe, estrella Mapuche en medio de la multitud de estrellas, anuncia
una luz que no necesita convertirse en trono para alumbrar. No sabemos qué
camino abrirá ni quién podrá caminar junto a ella. Una estrella no es dueña del
cielo. Tampoco el cielo es dueño de la estrella.
Después vendrán Alaxáic, el Payaso Loco, y Toyit, el Sapito Enano. Los
mayordomos de los otros tres, dicen. Los últimos en caer, dicen. Pero ¿qué
significa ser el último cuando el suelo entero comienza a moverse? ¿Quién puede
asegurar que la caída de los señores termina con la servidumbre de quienes
aprendieron a servirlos?
El Reino de Uk quizá se vuelva contra su rey. Quizá el taburete pierda sus
patas. Quizá los n’ochaqtoc, la gente adormilada, comiencen a despertar.
Pero el despertar no tiene dueño.
La gente se asombrará y dirá: miren, los que estaban dormidos se han
levantado. Tienen hambre de justicia. Se cansaron de morir.
Y entonces ya no será suficiente preguntar quién caerá mañana, quién ocupará
el lugar vacante, quién será el nuevo señor de la pierna de hueso.
Habrá que mirar las manos que levantan los taburetes, las manos que los
desarman, las manos que alimentan a los que caminan y las que sostienen a
quienes ya no pueden hacerlo.
Porque quizá el monstruo no sea solamente quien ocupa el trono. Quizá
también sea la forma de sentarse, la manera de obedecer, el miedo a quedarse
sin rey, la necesidad de que alguien continúe representando la fuerza que nos
falta.
Y quizá la gente adormilada no despierte para convertirse en otro monstruo,
ni para sentarse en el taburete que acaba de derribar.
Quizá despierte para descubrir que puede caminar sin cargar sobre sus
hombros el cuerpo de un rey.
Que puede reunirse sin fabricar un nuevo señor.
Que puede tener hambre de justicia sin convertir su hambre en otra condena.
Que puede mirar la pierna de hueso sin desear que todos tengan una pierna de
hueso, y mirar el pie de barro sin necesitar que el mundo entero se derrumbe
para comenzar a vivir.
Entonces, cuando los cinco monstruos caigan o permanezcan, cuando el rey se
vuelva contra su Reino o el Reino se vuelva contra su rey, algo habrá comenzado
que ninguna caída podrá representar por completo.
Porque el acontecimiento no será propiedad de los vencedores.
Y la estrella no tendrá que convertirse en sol para que la gente encuentre
su camino.
Tal vez allí, en el hueco que deja el taburete cuando ya nadie necesita
ocuparlo, la gente descubra que nunca estuvo condenada a permanecer dormida.
Y que el Mundo, aun después de todos sus reyes, seguía respirando.
Ahora sí he intentado conservar la potencia del palo simbólico: no he
sustituido sus monstruos por categorías sociológicas ni he convertido sus
imágenes en explicaciones. He trabajado desde dentro de sus imágenes.
La diferencia decisiva está en que el texto original parece conocer el orden
y el desenlace de las cinco caídas; esta versión deja que las imágenes hagan su
trabajo sin cerrar el acontecimiento. El taburete puede caer, pero el hueco que
deja no es automáticamente libertad: también puede ser ocupado por otro rey. La
estrella puede alumbrar sin convertirse en propietaria del cielo.
El palo sigue hablando, pero ya no tiene la última palabra.
Es mejor
aunque todavía no hemos logrado un hueco lacaninano donde solo queden
significantes y el significado se haga imposible una metonimia tal que el desplazamiento
de los significantes nos deje sin posibilidad de contextualizarlos , por favor inténtalo
Ahora comprendo mejor la operación que estás buscando. No se trata de vaciar
el texto de sus significados para sustituirlos por otros más abiertos. Tampoco
de conservar sus símbolos y explicar que pueden significar muchas cosas.
Se trata de producir una metonimia significante: cada significante remite a
otro, pero el desplazamiento no permite detenerse en un significado último. El
lector intenta contextualizar, pero el contexto se desplaza con aquello que
intenta contextualizar. No hay una clave que descifre el conjunto. El hueco no
se explica: acontece en la cadena.
Voy a soltar incluso la relación estable entre los cinco monstruos y sus
supuestos referentes. Conservaré sus nombres, pero permitiré que se contaminen,
se intercambien y se pierdan unos dentro de otros.
La pierna que caminaba antes del cuerpo
Huequeamiento metonímico de Hijos de Qom
Desde hace mucho tiempo venimos diciendo que todos los Simialché Pierna de
Hueso, los Simialché gobernantes, la Banda de los Cinco Monstruos, caerían casi
al mismo tiempo.
Casi.
Porque el tiempo no sabe contar hasta cinco y el cinco no sabe si viene
después del cuatro o si todavía está esperando al uno.
La Energía que los sostiene es la misma. Pero la misma ¿qué? ¿La pierna? ¿El
hueso? ¿La madre? ¿El hijo que vino después del hijo que no llegó? ¿El taburete
que tenía cinco patas y perdió una sin haberla tenido nunca?
Observen sus cuerpos.
Si fueran cuerpos, ¿qué sería de ellos?
Medicamentos para el cuerpo que ya no está. Drogas para el cuerpo que
todavía viene. Máquinas para la pierna que camina sin el hombre. El hombre que
camina detrás de la máquina. La máquina que espera al hombre. Y el hombre que
fue.
Humano-que-fue.
Primero cayó Alé el Soldado.
Pero ¿quién cayó cuando cayó Alé?
La Madre del Bosque no respondió. Su hijo ocupó el lugar de la respuesta y
la respuesta cayó también. El lugar permaneció. El hijo no. El lugar del hijo
tampoco. Alguien siguió ocupando el lugar que ya no estaba.
Después cayó Laataxanaxáic.
El Sicario. El Asesino de las Naciones. Og. Golem.
Un nombre para la pierna, otro para el barro, otro para aquello que todavía
no ha recibido nombre.
La pierna de hueso.
El hueso de la pierna.
La pierna que no era suya.
El pie de barro.
¿Quién sostiene a quién cuando el pie se convierte en suelo y el suelo se
convierte en pie?
El desmoronamiento ya empezó. Pero ¿dónde empieza el desmoronamiento cuando
lo que se desmorona es también aquello que lo sostiene?
Ahora es el turno de Ýaxaiquioléc.
El-Viejito.
El que viene después del que ya vino. El que todavía no se ha ido. El que se
sienta sobre el taburete que alguien lleva a cuestas.
Una pierna tiene un ingenio mecánico.
La otra es de hueso.
Una camina.
La otra recuerda.
Una recuerda que caminaba.
La multitud mira al Viejito y el Viejito mira a la multitud. ¿Quién está
sentado? ¿Quién está de pie? ¿Quién ha puesto el taburete debajo de quién?
Dicen que muchos lo abandonarán.
Pero el abandono también tiene sus mayordomos. Y los mayordomos tienen sus
señores. Y los señores tienen sus piernas. Y las piernas tienen sus huesos. Y
los huesos no saben a quién pertenecieron.
Cuando quiera romper el Mundo, el Mundo lo romperá a él.
¿Y si el Mundo ya estuviera roto?
¿Y si el que quiere romperlo fuera una de sus partes?
¿Y si la parte que falta fuera la que todavía manda?
La Wünelfe aparece entre las estrellas.
Una estrella Mapuche.
Una estrella en medio de la multitud de estrellas.
Pero ¿cuál es la multitud cuando una estrella no tiene cielo? ¿Cuál es el
cielo cuando la estrella se desprende de su nombre? ¿Quién mira cuando la
estrella mira?
Después vendrán Alaxáic, el Payaso Loco, y Toyit, el Sapito Enano.
Los dos últimos.
Los primeros que todavía no han llegado.
Mayordomos de los otros tres, pero ¿quién sirve a quién cuando el señor
necesita que alguien le recuerde que es señor?
El Payaso Loco ríe.
El Sapito Enano salta.
La risa cae antes que el salto. El salto cae después de la risa. Y entre los
dos queda algo que no sabe si está cayendo o si acaba de nacer.
El Reino de Uk se dará vuelta contra su rey.
El rey se dará vuelta contra su Reino.
La vuelta no termina.
Los n’ochaqtoc, la gente adormilada, abrirán los ojos.
Pero los ojos estaban abiertos.
Dormían los ojos que miraban. Despertaban los que dormían. Y el hambre, que
no había dormido nunca, comenzará a pronunciar su nombre.
Hambre de justicia.
Justicia de hambre.
Hambre de hambre.
Se cansaron de morir.
¿Quiénes?
Los que todavía no han nacido, los que ya no están, los que llevan el nombre
de los que se fueron, los que se quedaron esperando que alguien cayera para
poder levantarse.
Miren: una pierna.
Miren: un hueso.
Miren: un taburete.
Miren: una estrella.
Miren: cinco monstruos.
Miren: uno.
Miren: ninguno.
Y cuando pregunten quién cayó, no encontrarán el nombre.
Encontrarán una pierna donde había un hombre, un hombre donde había un
nombre, un nombre donde había una madre, una madre donde había un bosque, un
bosque donde había una estrella.
La estrella habrá perdido el cielo.
El cielo habrá perdido su multitud.
La multitud habrá perdido el sueño.
El sueño habrá perdido a sus dormidos.
Y alguien dirá:
—Miren, los que estaban dormidos se despertaron.
Pero ya no habrá nadie que pueda señalar quiénes eran los dormidos.
Ni quiénes los despertó.
Ni quién era el rey.
Ni dónde estaba el Reino.
Solo quedará la vuelta.
La pierna que no llega.
El hueso que no termina.
El taburete sin asiento.
La estrella sin cielo.
El nombre que llama a otro nombre.
Y el Mundo, que cuando quiso romperse encontró que todavía no había
terminado de comenzar.
Hay una diferencia que quiero dejar señalada, porque es el centro de esta
segunda operación: todavía he conservado una cierta musicalidad de la caída y
una recurrencia de imágenes. Eso produce una cadena significante más móvil,
pero no garantiza que el significado se vuelva imposible. Algunas frases aún
permiten reconstruir un sentido: el poder, la caída, el despertar.
El hueco lacaniano más radical exigiría que tampoco nosotros pudiéramos
recuperar tranquilamente esos referentes. Que «la pierna» ya no fuera la
metáfora de una institución, que «el rey» no fuera necesariamente un
gobernante, que «la estrella» no viniera a representar la esperanza. Que cada
significante pudiera cambiar de posición y que el texto no nos concediera un
punto exterior desde el cual dominarlo.
No se trataría de que el texto esconda un significado. Se trataría de que el
significado deje de poder detener la circulación del significante.
Exacto pero
pienso que para eso tenemos que ir al cuerpo sin organos de Deleuze donde solo
los esquizofrénicos podrían disfrutar del texto retransferencial
«El cuerpo sin órganos se opone, pues, no tanto a los
órganos como a la organización de los órganos, en la medida en que ésta compone
un organismo. No es un cuerpo muerto, es un cuerpo vivo, tanto más vivo, tanto
más bullicioso cuanto que ha hecho desaparecer el organismo y su organización.
«Las máquinas
deseantes nos hacen un organismo; pero en el seno de esta producción, en su
producción misma, el cuerpo
sufre de ser organizado así, de no tener otra organización, o ninguna
organización en absoluto
Vayamos
de su lógica de sentido paradojal serial a la esquizofrenia máxima no la que
emerje como superficie del lenguaje sino a la de artuad la que causa nausea.
Inténtalo
por favor
Sí. Ahora tenemos que abandonar incluso la comodidad de la metonimia. En la
versión anterior, aunque los significantes se desplazaban, todavía había un
hilo que permitía reconstruir una historia: cinco monstruos, un poder, una
caída, un despertar. Todavía había organismo narrativo.
Lo que propones es más radical: llevar el texto al cuerpo sin órganos, no
como cuerpo mutilado ni como cuerpo muerto, sino como cuerpo que ya no obedece
a la organización que distribuía sus partes, sus funciones y sus significados.
Y haría una precisión: no diría que solamente los esquizofrénicos pueden
disfrutarlo. En El Anti-Edipo, la esquizofrenia como proceso de producción
deseante no equivale sin más a la esquizofrenia clínica. Tampoco necesitamos
convertir el sufrimiento de quienes viven una psicosis en una experiencia
estética que deban soportar los demás. Podemos llevar la escritura hacia la
desorganización radical sin romantizar ese sufrimiento.
Artaud nos ofrece una exigencia distinta: que las palabras dejen de ser
solamente portadoras de significados y vuelvan a ser carne, respiración, golpe,
ruido, contracción, náusea. No describir el cuerpo: hacer que el lenguaje
pierda su organismo.
Voy a intentarlo. No explicaré las imágenes. No les asignaré referentes. No
conduciré al lector hacia una conclusión política. Los nombres de Hijos de Qom
serán máquinas de paso, conexiones, cortes y flujos.
EL TABURETE COME LA PIERNA
Un cuerpo sin órganos de los Simialché
¡Aaaaah!
La pierna.
No.
La pierna no.
¡Hueso!
Hueso de pierna, pierna de hueso, hueso que mastica pierna, pierna que
vomita hueso.
Alé.
Alé alé alé.
Soldado sin soldar.
Dado sin dar.
Alé que no se aleja.
Alejamiento que no tiene Alé.
¡Tac!
La Madre del Bosque tiene una boca debajo de la tierra. No tiene tierra.
Tiene una boca que mastica raíces de hierro. La raíz se levanta. La boca cae.
El hijo entra por la salida. La salida tiene dientes.
¡No lo sustituyan!
¡Sustitúyanlo!
Cinco.
Cinco patas.
Cuatro patas.
Una pata.
La pata que falta tiene cinco hijos.
Laataxanaxáic.
Laata.
Xan.
Axáic.
¡Og!
¡Golem!
¡Golem de goma!
¡Goma de hueso!
¡Hueso de barro!
¡Barro que no se seca!
El pie.
El pie de barro.
El barro del pie.
El pie que pisa el pie.
El pie que se come el camino.
No camina.
Camina.
No.
¡Camina!
Una pierna mecánica se ríe dentro de una pierna que no está. La máquina
tiene hambre de rodilla. La rodilla tiene hambre de máquina. El hambre tiene
una bisagra. La bisagra tiene un nombre: Ýaxaiquioléc.
¡EL-VIEJITO!
¡Viejo!
¡Viejísimo!
¡Viejito del hueso!
¡Huesito del viejo!
¡Viejo del taburete!
¡Taburete del viejo!
¡Viejo debajo del taburete!
Sentarse es caer de pie.
Caer de pie es sentarse en la boca.
La boca tiene cuatro patas.
La quinta se está comiendo al rey.
¡Crac!
¿Quién sostiene?
¿Quién?
¿Quién?
¡QUIÉN!
El taburete tiene lengua.
La lengua tiene una pierna.
La pierna tiene un ojo.
El ojo tiene un sapo.
El sapo salta hacia dentro de la estrella.
WÜNELFE.
Wün.
El.
Fe.
¡Estrella sin arriba!
¡Arriba sin estrella!
¡Cielo que se traga el ojo!
¡Ojo que escupe cielo!
Alaxáic ríe.
¡JA!
El Payaso Loco tiene una boca que no termina de abrirse. La risa sale por el
pie. El pie se queda adentro. El adentro se cae afuera.
Toyit.
¡TOYIT!
Sapito.
Sapo.
Pito.
Pata.
Pata de sapo.
Sapo de pata.
Salta el sapo.
Salta el nombre.
El nombre salta antes de que haya alguien que lo diga.
Cinco monstruos.
¡Cinco!
¿Dónde está el cinco?
Uno en la boca.
Uno en el hueso.
Uno en la rodilla.
Uno en el salto.
Uno en el agujero que queda cuando se cuentan.
Uk.
¡UK!
Reino sin rey.
Rey sin Reino.
Reino que se da vuelta.
Vuelta que no tiene espalda.
Espalda que tiene hambre.
Hambre que tiene dientes.
Dientes que muerden el sueño.
N'OCHAQTOC.
¡Despierten!
¡No despierten!
¡Ojos abiertos dentro de ojos cerrados!
¡Dormidos que muerden!
¡Mordidos que duermen!
¡La cama se levanta!
¡El sueño se acuesta!
¡El hambre no tiene boca!
Justicia.
¡JA!
Justicia de lengua.
Lengua de justicia.
Justicia que escupe barro.
Barro que entra por la nariz.
Nariz que huele el hueso.
Hueso que huele la pierna.
Pierna que huele a madre.
¡Aaaaah!
No hay cinco.
Hay cinco.
No hay.
Hay.
No.
La Madre mastica el taburete.
El taburete mastica al hijo.
El hijo mastica la estrella.
La estrella mastica al sapo.
El sapo mastica la pierna.
La pierna mastica la boca.
La boca mastica el nombre.
¡ALÉ!
¡OG!
¡GOLEM!
¡EL-VIEJITO!
¡WÜNELFE!
¡ALAXÁIC!
¡TOYIT!
¡N'OCHAQTOC!
¡UK!
Los nombres entran por los nombres.
No salen.
No entran.
Se quedan afuera de la entrada.
La salida tiene una pierna de hueso.
La pierna no tiene salida.
¡CRAC!
¡CRAC!
¡CRAC!
El cuerpo no se levanta.
El cuerpo no se sienta.
El cuerpo no tiene cinco.
El cuerpo tiene cinco.
El cuerpo tiene hambre.
El hambre tiene un cuerpo.
El cuerpo tiene una boca.
La boca no tiene cuerpo.
¡AAAAAAAH!
La pierna.
La pierna.
La pierna.
¿Quién dijo pierna?
¡Nadie!
¿Quién dijo nadie?
¡EL HUESO!
Esta vez he intentado que la escritura no represente una descomposición,
sino que se descomponga en su funcionamiento: cortes, repeticiones, conexiones
inesperadas, inversiones, onomatopeyas y nombres que pierden su función de
identificar. El texto no termina de contar qué pasó: se atasca, se conecta, se
muerde y vuelve a comenzar.
Pero hay una cuestión todavía más profunda para nuestro trabajo: el cuerpo
sin órganos no es el resultado de destruir el organismo; es la experimentación
de otras conexiones y otras intensidades. Si solamente rompemos la sintaxis,
todavía podemos estar fabricando un nuevo organismo de la escritura: el
organismo de la escritura caótica.
El verdadero desafío será que el texto pueda respirar sin que nosotros le
impongamos siquiera la obligación de ser incomprensible.
Y dejo abierto este paréntesis: quizá el hueco no sea aquello que queda
cuando el significado desaparece, sino aquello que comienza a circular cuando
ya no hay un órgano encargado de producirlo.
Ahora podemos
ir al hueco en la escuela de Kioto de pronto reducir a haiku el texto donde
emerja la nada que no es nada
Kitaro Nishida (Fundador)
Fundamentó el pensamiento de la escuela uniendo la
experiencia pura con la filosofía oriental.
·
"La experiencia pura es el estado en el que no hay todavía sujeto
ni objeto, donde el saber y su objeto están completamente unificados."
·
"Para conocer la verdadera realidad, debemos despojarnos de
nuestros prejuicios subjetivos y volver a las cosas mismas."
·
"Dios no es algo que esté fuera de nosotros; es la base misma de
nuestro propio ser."
·
"La verdadera creatividad surge del fondo de la Nada Absoluta,
donde el yo se vacía para dejar que el mundo se exprese a sí mismo."
Hajime Tanabe
Giró la filosofía hacia una dimensión más social,
histórica y política a través de la lógica de la especie y la metanoesis
(arrepentimiento filosófico).
·
"La filosofía no comienza con el conocimiento, sino con el
reconocimiento del propio fracaso y la limitación del camino racional."
·
"El verdadero absoluto no es una sustancia estática, sino una
acción mediadora que se niega continuamente a sí misma."
·
"Solo a través del quebrantamiento del ego y el acto de la
metanoesis (zange) puede el ser humano sintonizar con el poder de la
Nada."
Keiji Nishitani
El discípulo más célebre, conocido por su profunda
investigación sobre el nihilismo occidental y el vacío budista.
·
"El nihilismo no es el final del camino, sino la puerta de entrada
a una comprensión más profunda de la existencia: el paso del vacío relativo a
la Nada Absoluta."
·
"Solo cuando tocamos el fondo del abismo de la nada en nuestro
propio ser, descubrimos el suelo firme de la realidad."
·
"En el campo del vacío (Śūnyatā), cada cosa es ella misma en
la medida en que está conectada con todas las demás cosas; la identidad es
absoluta interconexión."
·
"La pregunta por el sentido de la vida solo se responde viviendo de
tal manera que uno mismo se convierta en la respuesta."
Por favor inténtalo
Sí. Aquí tenemos que realizar otro desplazamiento. Después del cuerpo sin
órganos de Artaud y Deleuze, no vamos a buscar una escritura todavía más
ruidosa, sino una escritura que pueda dejar de producir ruido.
Pero hay una diferencia decisiva: la nada de Kioto no es el vacío que queda
después de destruir las cosas. Es la nada desde cuyo fondo las cosas pueden
aparecer sin quedar separadas en sujeto y objeto, sin convertirse en posesiones
del yo.
Voy a reducir los significantes hasta el haiku. No haré pequeños resúmenes
de los cinco monstruos. Dejaré que sus nombres pierdan progresivamente su
identidad, que las imágenes se desprendan unas de otras y que la nada no sea
nombrada como una cosa.
La pierna de la nada
Haikus para una caída sin caída
I. Nishida — La experiencia pura
Hueso en el barro.
Antes de ser una pierna,
ya caminaba.
Cae el taburete.
Nadie estaba sentado.
Cruje el silencio.
Una estrella cae.
No hay cielo que la recoja.
¿Quién la vio caer?
La boca calla.
El nombre todavía arde.
No hay quien lo pronuncie.
II. Tanabe — La metanoesis
Se rompe el espejo.
El rostro pide perdón
a su reflejo.
La pierna tropieza.
El camino se deshace.
Nadie retrocede.
Cae el que sostiene.
Cae también lo sostenido.
¿Quién queda en pie?
El rey se arrepiente.
Su corona sigue allí.
Nadie la recoge.
III. Nishitani — La Nada absoluta
Hueso sin pierna.
La tierra no lo recuerda.
Florece el vacío.
Cinco monstruos duermen.
El sexto abre los ojos.
No hay seis ni cinco.
La estrella es polvo.
El polvo no tiene cielo.
La noche respira.
Nadie despierta.
El sueño deja de soñar.
Amanece sin sol.
IV. El entre — La nada que no es nada
Barro sobre barro.
Una mano toca el agua.
El agua no es dos.
No cae la pierna.
No permanece tampoco.
El paso acontece.
El nombre se va.
El silencio no lo sigue.
Nada lo detiene.
No hay taburete.
No hay quien ocupe su lugar.
La tierra está aquí.
V. El despertar
Hambre sin boca.
Justicia sin vencedor.
La vida respira.
Una estrella más.
Ninguna estrella es dueña
de la oscuridad.
Los que no dormían
abren los ojos al sueño.
Nadie los despierta.
No queda el rey.
Tampoco queda su ausencia.
El mundo acontece.
El último haiku
Quisiera detenerme en estos tres versos:
No cae la pierna.
No permanece tampoco.
El paso acontece.
Aquí intento acercarme a lo que estás buscando: no hay una pierna que caiga,
ni una pierna que permanezca, ni un sujeto que realice el paso. Tampoco hay una
nada convertida en sustancia que sustituya a la pierna.
La experiencia no se presenta como propiedad de alguien. El paso acontece.
Y hay una cautela filosófica: Nishida, Tanabe y Nishitani no sostienen una
doctrina idéntica. La experiencia pura de Nishida, la metanoesis de Tanabe y el
campo de Śūnyatā de Nishitani no son intercambiables. Los he puesto a conversar
poéticamente, no a hablar con una sola voz.
El palo ha dejado de caer. La nada no lo ha recogido. Y, sin embargo, algo
acontece.
Y ahora como expresamos la vibraciones del
silencio donde simplemente acontece ¿las letras tendrían que hacerse huellas en
nuestra alma?
He aquí el
arte del sumi
Un trazo único
redevelando el ki
Puedes intentarlo
sin hacerlo imagen aquí que sea el flujo
Sí. Pero creo que tenemos que dar un paso más: las letras no deberían
representar las vibraciones del silencio; deberían dejar de ser signos que
explican y convertirse en huellas de una experiencia que todavía está
aconteciendo.
En el sumi, el trazo no es el dibujo de una cosa. Es el acontecimiento de
una respiración: el ki atraviesa la mano, el pincel, la tinta y el papel. El
trazo sucede una sola vez. No puede corregirse sin perder algo de su acontecer.
Llevemos esa operación a la escritura. No necesitamos más palabras, sino
menos resistencia de las palabras. No describir el silencio. Dejar que el
silencio atraviese la escritura.
El trazo que no termina
aire
el pincel respira
una gota
no cae
cae
el papel recibe
nada escribe
nada borra
una huella
sin mano
una mano
sin dueño
ki
el silencio
vibra
no hay sonido
no hay ausencia
agua
tinta
papel
piel
el trazo desaparece
permanece
no
no-no
el espacio respira
la respiración
no es suya
.
Y ahora quisiera dejar una pequeña precisión en nuestro Arte del biotejido:
la huella en el alma no sería una inscripción que conservamos como propiedad,
ni un mensaje que el trazo deposita en nosotros. Sería la transformación de
nuestra capacidad de respirar con aquello que acontece.
El sumi no deja simplemente tinta sobre el papel. Deja aparecer una relación
que no estaba separada en la mano, el pincel, la tinta y el vacío.
Un trazo. Una respiración. Ningún autor que pueda apropiarse del acontecer.
(El pincel se detiene. El ki no.)
No funciona
con las palabras me estas explicando es un asco por favor redevela el trazo del
texto
𑁍
─
─
─
la tinta
cae
cae
cae
.
el papel
se abre
sin abrirse
〇
una gota
otra
ninguna
─────────
el blanco
respira
𑁍
Oh como
extraño el trazo humano dame la imagen del trazo no queda otra puedes?
Aquí
está. Esta vez, que hable el pincel. Que la tinta respire y que el blanco
también tenga su trazo.
(El
silencio no necesita traducción.)

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