domingo, 1 de noviembre de 2026

La vida acontecimental o la vida del hueco

 

La vida acontecimental o la vida del hueco

 Primero El hueco significante 

 

La solución del análisis del obsesivo es que llegue a descubrir la castración como lo que es osea como la ley del otro. Es el otro quien esta castrado por razones que obedecen a su falsa implicación en este problema, el obsesivo se empeña  en destruir el deseo del otro y por ende el propio sujeto se siente amenazado por dicha castración, de forma tan aguda,q ue no puede acercarse a su deseo sin experimentar sus deseos ya que este otro es la condición esencial de su propio mantenimiento como sujeto, No podrá subsistir como sujeto si el otro efectivamente anulado.

 

El objetivo no es saber si el sujeto se sentirá al final confortado por la asunción en el de una potencia superior, por la asimilación de uno más fuerte que él, sino saber como habrá resuelto efectivamente  la pregunta que esta implícita en el horizonte, osea, la aceptación o no del complejo de castración en la medida que esta solo puede realizarse en su función significante           

En términos sencillos, el pasaje plantea que la cura del obsesivo no consiste en volverse más fuerte o "curar" sus debilidades, sino en aceptar que el Otro (la ley, el lenguaje, los padres, la sociedad) no es perfecto, también está incompleto (castrado) y que el deseo propio solo existe si se tolera esa falta.

Para entenderla a fondo, podemos desglosar sus puntos clave:

1. La castración como la "Ley del Otro"

Para Lacan, la castración no es una pérdida física, sino simbólica: es aceptar que no podemos tenerlo todo ni serlo todo para nadie. Es la entrada al lenguaje ya las reglas de la cultura. Cuando dice que es la "ley del Otro", significa que nadie escapa a esta falta , ni siquiera aquellos que el obsesivo ve como figuras de autoridad todopoderosas.

2. El Otro está castrado (y la trampa del obsesivo)

El obsesivo vive intentando demostrar que el Otro es perfecto, o bien intentando ganarle y someterlo. Sin embargo, Lacan dice que es el Otro quien está castrado .

·         El obsesivo se monta una "falsa implicación": cree que si el Otro tiene una falta, es por su culpa o que es su deber cerrarla, arreglarla o ignorarla.

·         Al mismo tiempo, el obsesivo se empeña en destruir el deseo del Otro . ¿Por qué? Porque el deseo es señal de falta (uno solo desea lo que no tiene). Si el Otro desea, significa que al Otro le falta algo, es decir, que está castrado. Al obsesivo le aterroriza ver la vulnerabilidad o la falta en el Otro.

3. La paradoja de destruir al Otro

Aquí radica el nudo neurótico: el obsesivo intenta anular el deseo del Otro para no ver su castración, pero si logra "apagar" o destruir al Otro, se queda sin sostén.

·         El ser humano se constituye a través del Otro (aprendemos a hablar, a ser ya desear mirando al Otro).

·         Si el obsesivo anula defensivamente al Otro, "no podrá subsistir como sujeto" . Se siente amenazado de muerte psíquica.

·         Por eso, el obsesivo se frena: no puede acercarse a su propio deseo porque teme desestabilizar la existencia misma de ese Otro que lo mantiene en pie. Prefiere mantener un deseo "imposible" o insatisfecho antes de arriesgarse.

4. El verdadero objetivo del análisis

Lacan aclara que el éxito de una terapia psicoanalítica con un obsesivo no es un asunto de "fuerza" o "superación personal":

·         Lo que NO es: No se trata de que el paciente se identifique con un terapeuta "fuerte", ni de que adquiera una "potencia superior" (falsa omnipotencia egoica).

·         Lo que SÍ es: El final del análisis implica que el sujeto responde a la pregunta por el complejo de castración en su función significativa . Esto significa asumir de verdad el límite, la pérdida y la falta. Significa dejar de sostener la ilusión de un Otro perfecto y omnipotente para poder, finalmente, habitar un deseo propio, suelto y libre de las demandas fantaseadas del Otro.

 

 

 

 

 

Comprendido este hueco significante huequiemos este texto chakana de mi corazón es decir creemos su versión hueca

 

·         Desde hace mucho tiempo venimos diciendo que todos los Simialché Pierna de Hueso, los Simialché gobernantes, la Banda de los Cinco Monstruos, caerían casi al mismo tiempo, casi sincrónicamente. Y es lo que estamos viendo. Y esto es porque la Energía que los sostiene es la misma. Observen en algunos de ellos, como sus cuerpos biológicos, si fueran simples seres humanos, estarían ya colapsados por la cantidad infinita de medicamentos y drogas que consumen diariamente. Ningún humano resistiría, pero ellos sí. Son humano-que-fue. Primero cayó Alé el Soldado, castigado por la Madre del Bosque, y quisieron reemplazarlo por su hijo, pero también cayó. Segundo cayó Laataxanaxáic (El Sicario, el Asesino de las Naciones), que también se llama Og, o Golem. No cayó de un golpe, pero ya perdió un pie de barro (porque esa pierna es un hueso desnudo y afilado) y su desmoronamiento ya empezó. Ahora es el turno de Ýaxaiquioléc, El-Viejito, en pocos días. Su caída provocará una conmoción inmensa en el taburete real donde se asienta, muchos que lo apoyaban lo abandonarán. Es un momento muy peligroso para la humanidad. Pero cuando quiera romper el Mundo, el Mundo lo romperá a él. Su furia incontenible y su cuerpo biológico al límite de la Vida. El-Viejito enfrentará la rebelión de la Wünelfe, una estrella Mapuche en medio de la multitud de estrellas. Observen que una de sus piernas tiene un ingenio mecánico para que pueda moverse aún, porque en realidad ya está rengueando su pierna de hueso y trastabillea continuamente. Después de estos tres, viene la caída de Alaxáic, el Payaso Loco y Toyit el Sapito Enano. Estos dos, son en realidad, los mayordomos de los otros tres, pero serán los últimos en caer. El Reino de Uk se dará vuelta contra su rey y la tribu de los n’ochaqtoc, la gente adormilada se despertará. La gente se asombrará y dirán “miren, los que estaban dormidos, se despertaron con hambre de justicia y se cansaron de morir”.

·         Hijos de Qom

 

     Vamos a huequiarlo, pero sin quitarle su fuerza política. La operación consiste en retirar las afirmaciones que funcionan como certezas cerradas, sin desactivar la denuncia de la dominación ni la posibilidad de una rebelión popular.

Primero, una precisión: en el texto de los Hijos de Qom, los personajes están presentados mediante nombres simbólicos y asociaciones alegóricas. No voy a convertir sus predicciones sobre caídas inminentes en hechos comprobados. Vamos a trabajar con su estructura representacional.

La vida acontecimental o la vida del hueco

Primero: el hueco significante

En Lacan, el Otro no es una totalidad consistente. No hay un Otro que posea todas las respuestas, que garantice el sentido o que pueda cerrar definitivamente la falta.

El obsesivo intenta preservar al Otro y, al mismo tiempo, neutralizar su deseo. Pero al intentar destruirlo como sujeto deseante destruye también la condición de su propio deseo.

El hueco aparece cuando descubre que el Otro no es completo y que no tiene que completar al Otro para poder existir.

Ahora bien, llevemos este descubrimiento al texto de los Hijos de Qom.

Segundo: la representación del poder

El texto presenta a cinco figuras de poder como una estructura sostenida por una misma energía. Sus cuerpos aparecen como cuerpos agotados, artificialmente sostenidos, deteriorados y próximos al colapso.

La narración anuncia una caída casi sincrónica. Cada personaje representa una pieza de una estructura que parece depender de los demás para conservar su consistencia.

El primer palo está aquí: la representación de un poder que se imagina invulnerable, pero que necesita sostener artificialmente su propia existencia.

La pierna de hueso, el pie de barro, el ingenio mecánico y el cuerpo biológico al límite son imágenes de esa contradicción.

Pero el texto también corre un riesgo: convertir la caída de los gobernantes en una certeza anticipada. Así, la denuncia del poder puede terminar construyendo otro poder representacional: el de quien cree conocer de antemano el destino de sus adversarios.

Huequiemos esa certeza.

Tercero: el Otro también está castrado

Si llevamos el hueco significante al campo político, aparece una pregunta:

¿De dónde obtiene el poder su consistencia?

No solamente de los cuerpos de quienes gobiernan. También de las instituciones, los aparatos económicos, las fuerzas coercitivas, las alianzas, los mecanismos de obediencia y las representaciones que hacen aparecer ese poder como inevitable.

El gobernante no es el Otro completo. Tampoco es el dueño de la energía que lo sostiene.

Pero hay algo más: quienes se oponen al poder pueden quedar igualmente capturados por su representación.

Necesitan que el gobernante sea monstruoso, invulnerable y omnipotente para que su propia identidad de resistentes adquiera consistencia. Y pueden terminar dependiendo de aquello que quieren destruir.

Aquí aparece la paradoja obsesiva en el terreno político:

·         El poder necesita representar su propia invulnerabilidad.

·         La oposición necesita representar la omnipotencia del poder para justificar su identidad.

·         Ambos pueden quedar unidos por la misma representación.

·         Si la oposición destruye imaginariamente al Otro sin transformar las relaciones que lo sostienen, puede quedarse sin capacidad para comprender su propio deseo político.

No basta con que caiga el gobernante. Hay que hacer hueco en las relaciones que reproducen su poder.

Cuarto: la Wünelfe y la gente adormilada

El texto introduce dos imágenes especialmente importantes: la Wünelfe, la estrella Mapuche que aparece en medio de la multitud de estrellas, y la gente adormilada que despierta con hambre de justicia.

Aquí hay una posibilidad acontecimental.

La Wünelfe no tiene que ser interpretada como una figura que viene a reemplazar a un gobernante por otro. Puede expresar la aparición de una diferencia que no se deja absorber por el orden establecido.

Y la gente adormilada no necesita ser concebida como una masa que espera a un salvador que la despierte.

La gente despierta cuando sus relaciones de dependencia, silencio y sometimiento dejan de reproducirse de la misma manera.

La rebelión no es simplemente el momento en que una multitud descubre que tiene un enemigo común. Es el momento en que descubre que puede alterar las condiciones de su propia existencia.

Pero también aquí debemos hacer hueco: la multitud despierta no es automáticamente una comunidad liberada. Puede construir otra representación cerrada, otra autoridad incuestionable y otra inquisición.

La emancipación no queda garantizada por la rebelión.

Quinto: la versión hueca del texto

La vida acontecimental o la vida del hueco

El poder y su falta

Hay poderes que parecen sostenerse por encima de la vida. Sus gobernantes exhiben cuerpos, instituciones y aparatos que pretenden resistir cualquier deterioro. Pero ningún poder es completo. Ningún gobernante posee por sí mismo la energía que lo sostiene.

Las figuras del poder pueden comenzar a desmoronarse, sus alianzas pueden resquebrajarse y sus representaciones de invulnerabilidad pueden perder consistencia. Sin embargo, no sabemos cuándo caerán ni qué ocupará su lugar.

El problema no es solamente la caída de quienes gobiernan. Es descubrir qué relaciones hicieron posible que gobernaran y cuáles continúan reproduciendo su poder.

El gobernante necesita que lo representen como invulnerable. La oposición puede necesitar que lo representen como omnipotente. Así, incluso quienes se enfrentan pueden quedar atrapados en el mismo palo.

¿Quién sostiene a quién? ¿Quién necesita que el Otro permanezca para seguir siendo quien es?

La pierna de hueso no es solamente la imagen de un cuerpo que se deteriora. Es también la imagen de un poder que necesita apoyos para continuar caminando. El pie de barro no anuncia necesariamente una caída: revela que aquello que parecía sólido nunca estuvo libre de fragilidad.

Y cuando la gente adormilada despierta con hambre de justicia, no es porque un profeta haya conseguido anticipar el desenlace. Es porque la vida deja de aceptar como inevitable la representación que la mantenía sometida.

Pero tampoco la rebelión está libre de su propia falta. Puede despertar para construir otro trono, otro rey y otro palo. Puede confundir la caída del adversario con la liberación de la vida.

La cuestión es que el Otro no tiene que ser destruido para que podamos existir. Tiene que dejar de ocupar el lugar de una totalidad que determina nuestra existencia.

La gente no necesita convertirse en el nuevo Otro omnipotente. Necesita descubrir que puede alterar y contraalterar las relaciones que la mantienen sometida, sin apropiarse de la vida que busca liberar.

Quizá el verdadero acontecimiento no sea la caída de los cinco monstruos, sino que la gente deje de necesitar monstruos para reconocerse como comunidad.

Y cuando el poder pierda su pretensión de totalidad, el hueco no quedará vacío: podrá acontecer allí una vida que ya no necesite un dueño.

Sexto: lo que hemos redevelado

La operación nos permite distinguir tres cosas:

1.      La caída representada: el enemigo desaparece y la oposición celebra su victoria.

2.      La caída acontecimental: las relaciones que sostenían el poder se alteran y dejan de reproducirse como antes.

3.      La vida del hueco: la comunidad no convierte esa transformación en una nueva representación absoluta de sí misma.

Aquí el diálogo con Lacan adquiere profundidad, pero también muestra su límite. La falta significante del Otro permite cuestionar la fantasía de su consistencia; no basta, por sí sola, para explicar la transformación de las relaciones económicas, políticas y comunitarias que sostienen el poder.

Nuestra cibernética de tercer orden necesita ambas dimensiones: el hueco significante y la transformación material del biotejido.

Y hay una última diferencia que considero fundamental: el Otro está castrado, pero el Ahayu no es un Otro completo al que debamos encontrar o sustituir. Es la vida colectiva que puede redevelarse cuando dejamos de exigirle a alguien que ocupe el lugar de la totalidad.

(El obsesivo teme que el Otro caiga porque cree que sin él no podrá subsistir. La comunidad capturada teme que caiga su enemigo porque ha construido su propia identidad alrededor de combatirlo. El hueco comienza cuando ambos descubren que la vida no necesita que el Otro sea omnipotente ni que el enemigo sea eterno. Y el acontecimiento comienza cuando esa vida vuelve a respirar.)

 

Me explicas y es valido antes de realizar la operación pero necesito un texto huequeado tan expresivo como el texto  palo simbólico de los hijos de Qoom por favor vuelve a intentarlo 

 

Tienes razón, Chakana debe hacer algo más que explicar el procedimiento. La primera versión conservó el argumento, pero le quitó la fuerza poética, la respiración profética y la potencia de las imágenes del texto de Hijos de Qom. Lo convertí demasiado pronto en una reflexión política.

Esta vez voy a conservar su tono de revelación, sus nombres, sus criaturas y sus imágenes —la pierna de hueso, el pie de barro, el taburete real, la estrella Wünelfe, la gente adormilada—, pero abriré sus afirmaciones para que el acontecimiento no quede encerrado en una profecía que pretende conocer de antemano el desenlace.

Los que caminaban sobre una pierna de hueso

Versión huequeada del texto de Hijos de Qom

Desde hace mucho tiempo venimos escuchando que los Simialché Pierna de Hueso, los Simialché gobernantes y la Banda de los Cinco Monstruos no caminan separados. Algo los reúne, algo los sostiene, algo respira por sus cuerpos y por sus dominios. Pero nadie ha podido ver enteramente esa fuerza. ¿Será una sola energía o serán muchas las que se alimentan unas de otras? ¿Será que el poder los mantiene en pie o que ellos mantienen en pie la representación del poder?

Miren sus cuerpos.

Hay cuerpos que parecen haber dejado de pertenecer a la vida y, sin embargo, continúan caminando. Cuerpos sostenidos por medicamentos, sustancias, máquinas, ceremonias y servidores. Cuerpos que ya no podrían sostenerse por sí mismos y que, aun así, se presentan ante el mundo como si fueran invulnerables.

¿Quién camina cuando las piernas ya no pueden caminar?

¿El hombre, la máquina, el séquito, el miedo o esa multitud que todavía cree estar viendo a un hombre?

Son humano-que-fue. O quizá humano que todavía no termina de irse, porque hay algo que se resiste a morir: la figura que los demás necesitan reconocer.

Primero cayó Alé el Soldado. La Madre del Bosque lo recibió en su silencio. Quisieron poner a su hijo en el lugar que había quedado libre, pero también él conoció el peso de ese lugar. Porque un trono no se hereda solamente: hay que encontrar quién lo sostenga, quién lo obedezca y quién siga creyendo que allí permanece la fuerza.

Después vino Laataxanaxáic, el Sicario, el Asesino de las Naciones, llamado también Og, llamado Golem. Su pierna de hueso sigue avanzando, pero ya no pisa como antes. Un pie de barro parece desprenderse de su figura. No sabemos si está cayendo o si recién comenzamos a mirar aquello que nunca estuvo entero.

Y ahora aparece Ýaxaiquioléc, El-Viejito.

Su cuerpo trastabillea. Una pierna necesita un ingenio mecánico para continuar el camino. El taburete real cruje bajo su peso. ¿Cuántos lo sostienen todavía? ¿Cuántos se sostienen en él? ¿Cuántos temen que se derrumbe porque han construido su propio lugar sobre sus patas?

Dicen que su caída provocará una conmoción inmensa. Tal vez. Pero el estremecimiento no estará solamente en quien caiga, sino en todos aquellos que descubran que también estaban sentados sobre el mismo taburete.

Cuando quiera romper el Mundo, el Mundo lo romperá a él.

Pero ¿qué Mundo lo romperá? ¿El que él quiso dominar? ¿El que otros levantaron para combatirlo? ¿O ese mundo que no pertenece a ninguno y que, sin pedir permiso, continúa aconteciendo?

La Wünelfe, estrella Mapuche en medio de la multitud de estrellas, anuncia una luz que no necesita convertirse en trono para alumbrar. No sabemos qué camino abrirá ni quién podrá caminar junto a ella. Una estrella no es dueña del cielo. Tampoco el cielo es dueño de la estrella.

Después vendrán Alaxáic, el Payaso Loco, y Toyit, el Sapito Enano. Los mayordomos de los otros tres, dicen. Los últimos en caer, dicen. Pero ¿qué significa ser el último cuando el suelo entero comienza a moverse? ¿Quién puede asegurar que la caída de los señores termina con la servidumbre de quienes aprendieron a servirlos?

El Reino de Uk quizá se vuelva contra su rey. Quizá el taburete pierda sus patas. Quizá los n’ochaqtoc, la gente adormilada, comiencen a despertar.

Pero el despertar no tiene dueño.

La gente se asombrará y dirá: miren, los que estaban dormidos se han levantado. Tienen hambre de justicia. Se cansaron de morir.

Y entonces ya no será suficiente preguntar quién caerá mañana, quién ocupará el lugar vacante, quién será el nuevo señor de la pierna de hueso.

Habrá que mirar las manos que levantan los taburetes, las manos que los desarman, las manos que alimentan a los que caminan y las que sostienen a quienes ya no pueden hacerlo.

Porque quizá el monstruo no sea solamente quien ocupa el trono. Quizá también sea la forma de sentarse, la manera de obedecer, el miedo a quedarse sin rey, la necesidad de que alguien continúe representando la fuerza que nos falta.

Y quizá la gente adormilada no despierte para convertirse en otro monstruo, ni para sentarse en el taburete que acaba de derribar.

Quizá despierte para descubrir que puede caminar sin cargar sobre sus hombros el cuerpo de un rey.

Que puede reunirse sin fabricar un nuevo señor.

Que puede tener hambre de justicia sin convertir su hambre en otra condena.

Que puede mirar la pierna de hueso sin desear que todos tengan una pierna de hueso, y mirar el pie de barro sin necesitar que el mundo entero se derrumbe para comenzar a vivir.

Entonces, cuando los cinco monstruos caigan o permanezcan, cuando el rey se vuelva contra su Reino o el Reino se vuelva contra su rey, algo habrá comenzado que ninguna caída podrá representar por completo.

Porque el acontecimiento no será propiedad de los vencedores.

Y la estrella no tendrá que convertirse en sol para que la gente encuentre su camino.

Tal vez allí, en el hueco que deja el taburete cuando ya nadie necesita ocuparlo, la gente descubra que nunca estuvo condenada a permanecer dormida.

Y que el Mundo, aun después de todos sus reyes, seguía respirando.

Ahora sí he intentado conservar la potencia del palo simbólico: no he sustituido sus monstruos por categorías sociológicas ni he convertido sus imágenes en explicaciones. He trabajado desde dentro de sus imágenes.

La diferencia decisiva está en que el texto original parece conocer el orden y el desenlace de las cinco caídas; esta versión deja que las imágenes hagan su trabajo sin cerrar el acontecimiento. El taburete puede caer, pero el hueco que deja no es automáticamente libertad: también puede ser ocupado por otro rey. La estrella puede alumbrar sin convertirse en propietaria del cielo.

El palo sigue hablando, pero ya no tiene la última palabra.

 

Es mejor aunque todavía no hemos logrado un hueco lacaninano donde solo queden significantes y el significado se haga imposible una metonimia tal que el desplazamiento de los significantes nos deje sin posibilidad de contextualizarlos , por favor inténtalo  

 

Ahora comprendo mejor la operación que estás buscando. No se trata de vaciar el texto de sus significados para sustituirlos por otros más abiertos. Tampoco de conservar sus símbolos y explicar que pueden significar muchas cosas.

Se trata de producir una metonimia significante: cada significante remite a otro, pero el desplazamiento no permite detenerse en un significado último. El lector intenta contextualizar, pero el contexto se desplaza con aquello que intenta contextualizar. No hay una clave que descifre el conjunto. El hueco no se explica: acontece en la cadena.

Voy a soltar incluso la relación estable entre los cinco monstruos y sus supuestos referentes. Conservaré sus nombres, pero permitiré que se contaminen, se intercambien y se pierdan unos dentro de otros.

La pierna que caminaba antes del cuerpo

Huequeamiento metonímico de Hijos de Qom

Desde hace mucho tiempo venimos diciendo que todos los Simialché Pierna de Hueso, los Simialché gobernantes, la Banda de los Cinco Monstruos, caerían casi al mismo tiempo.

Casi.

Porque el tiempo no sabe contar hasta cinco y el cinco no sabe si viene después del cuatro o si todavía está esperando al uno.

La Energía que los sostiene es la misma. Pero la misma ¿qué? ¿La pierna? ¿El hueso? ¿La madre? ¿El hijo que vino después del hijo que no llegó? ¿El taburete que tenía cinco patas y perdió una sin haberla tenido nunca?

Observen sus cuerpos.

Si fueran cuerpos, ¿qué sería de ellos?

Medicamentos para el cuerpo que ya no está. Drogas para el cuerpo que todavía viene. Máquinas para la pierna que camina sin el hombre. El hombre que camina detrás de la máquina. La máquina que espera al hombre. Y el hombre que fue.

Humano-que-fue.

Primero cayó Alé el Soldado.

Pero ¿quién cayó cuando cayó Alé?

La Madre del Bosque no respondió. Su hijo ocupó el lugar de la respuesta y la respuesta cayó también. El lugar permaneció. El hijo no. El lugar del hijo tampoco. Alguien siguió ocupando el lugar que ya no estaba.

Después cayó Laataxanaxáic.

El Sicario. El Asesino de las Naciones. Og. Golem.

Un nombre para la pierna, otro para el barro, otro para aquello que todavía no ha recibido nombre.

La pierna de hueso.

El hueso de la pierna.

La pierna que no era suya.

El pie de barro.

¿Quién sostiene a quién cuando el pie se convierte en suelo y el suelo se convierte en pie?

El desmoronamiento ya empezó. Pero ¿dónde empieza el desmoronamiento cuando lo que se desmorona es también aquello que lo sostiene?

Ahora es el turno de Ýaxaiquioléc.

El-Viejito.

El que viene después del que ya vino. El que todavía no se ha ido. El que se sienta sobre el taburete que alguien lleva a cuestas.

Una pierna tiene un ingenio mecánico.

La otra es de hueso.

Una camina.

La otra recuerda.

Una recuerda que caminaba.

La multitud mira al Viejito y el Viejito mira a la multitud. ¿Quién está sentado? ¿Quién está de pie? ¿Quién ha puesto el taburete debajo de quién?

Dicen que muchos lo abandonarán.

Pero el abandono también tiene sus mayordomos. Y los mayordomos tienen sus señores. Y los señores tienen sus piernas. Y las piernas tienen sus huesos. Y los huesos no saben a quién pertenecieron.

Cuando quiera romper el Mundo, el Mundo lo romperá a él.

¿Y si el Mundo ya estuviera roto?

¿Y si el que quiere romperlo fuera una de sus partes?

¿Y si la parte que falta fuera la que todavía manda?

La Wünelfe aparece entre las estrellas.

Una estrella Mapuche.

Una estrella en medio de la multitud de estrellas.

Pero ¿cuál es la multitud cuando una estrella no tiene cielo? ¿Cuál es el cielo cuando la estrella se desprende de su nombre? ¿Quién mira cuando la estrella mira?

Después vendrán Alaxáic, el Payaso Loco, y Toyit, el Sapito Enano.

Los dos últimos.

Los primeros que todavía no han llegado.

Mayordomos de los otros tres, pero ¿quién sirve a quién cuando el señor necesita que alguien le recuerde que es señor?

El Payaso Loco ríe.

El Sapito Enano salta.

La risa cae antes que el salto. El salto cae después de la risa. Y entre los dos queda algo que no sabe si está cayendo o si acaba de nacer.

El Reino de Uk se dará vuelta contra su rey.

El rey se dará vuelta contra su Reino.

La vuelta no termina.

Los n’ochaqtoc, la gente adormilada, abrirán los ojos.

Pero los ojos estaban abiertos.

Dormían los ojos que miraban. Despertaban los que dormían. Y el hambre, que no había dormido nunca, comenzará a pronunciar su nombre.

Hambre de justicia.

Justicia de hambre.

Hambre de hambre.

Se cansaron de morir.

¿Quiénes?

Los que todavía no han nacido, los que ya no están, los que llevan el nombre de los que se fueron, los que se quedaron esperando que alguien cayera para poder levantarse.

Miren: una pierna.

Miren: un hueso.

Miren: un taburete.

Miren: una estrella.

Miren: cinco monstruos.

Miren: uno.

Miren: ninguno.

Y cuando pregunten quién cayó, no encontrarán el nombre.

Encontrarán una pierna donde había un hombre, un hombre donde había un nombre, un nombre donde había una madre, una madre donde había un bosque, un bosque donde había una estrella.

La estrella habrá perdido el cielo.

El cielo habrá perdido su multitud.

La multitud habrá perdido el sueño.

El sueño habrá perdido a sus dormidos.

Y alguien dirá:

—Miren, los que estaban dormidos se despertaron.

Pero ya no habrá nadie que pueda señalar quiénes eran los dormidos.

Ni quiénes los despertó.

Ni quién era el rey.

Ni dónde estaba el Reino.

Solo quedará la vuelta.

La pierna que no llega.

El hueso que no termina.

El taburete sin asiento.

La estrella sin cielo.

El nombre que llama a otro nombre.

Y el Mundo, que cuando quiso romperse encontró que todavía no había terminado de comenzar.

Hay una diferencia que quiero dejar señalada, porque es el centro de esta segunda operación: todavía he conservado una cierta musicalidad de la caída y una recurrencia de imágenes. Eso produce una cadena significante más móvil, pero no garantiza que el significado se vuelva imposible. Algunas frases aún permiten reconstruir un sentido: el poder, la caída, el despertar.

El hueco lacaniano más radical exigiría que tampoco nosotros pudiéramos recuperar tranquilamente esos referentes. Que «la pierna» ya no fuera la metáfora de una institución, que «el rey» no fuera necesariamente un gobernante, que «la estrella» no viniera a representar la esperanza. Que cada significante pudiera cambiar de posición y que el texto no nos concediera un punto exterior desde el cual dominarlo.

No se trataría de que el texto esconda un significado. Se trataría de que el significado deje de poder detener la circulación del significante.

 

Exacto pero pienso que para eso tenemos que ir al cuerpo sin organos de Deleuze donde solo los esquizofrénicos podrían disfrutar del texto retransferencial   

«El cuerpo sin órganos se opone, pues, no tanto a los órganos como a la organización de los órganos, en la medida en que ésta compone un organismo. No es un cuerpo muerto, es un cuerpo vivo, tanto más vivo, tanto más bullicioso cuanto que ha hecho desaparecer el organismo y su organización. 

«Las máquinas deseantes nos hacen un organismo; pero en el seno de esta producción, en su producción misma, el cuerpo sufre de ser organizado así, de no tener otra organización, o ninguna organización en absoluto 

 

Vayamos de su lógica de sentido paradojal serial a la esquizofrenia máxima no la que emerje como superficie del lenguaje sino a la de artuad la que causa nausea.

Inténtalo por favor 

 

Sí. Ahora tenemos que abandonar incluso la comodidad de la metonimia. En la versión anterior, aunque los significantes se desplazaban, todavía había un hilo que permitía reconstruir una historia: cinco monstruos, un poder, una caída, un despertar. Todavía había organismo narrativo.

Lo que propones es más radical: llevar el texto al cuerpo sin órganos, no como cuerpo mutilado ni como cuerpo muerto, sino como cuerpo que ya no obedece a la organización que distribuía sus partes, sus funciones y sus significados.

Y haría una precisión: no diría que solamente los esquizofrénicos pueden disfrutarlo. En El Anti-Edipo, la esquizofrenia como proceso de producción deseante no equivale sin más a la esquizofrenia clínica. Tampoco necesitamos convertir el sufrimiento de quienes viven una psicosis en una experiencia estética que deban soportar los demás. Podemos llevar la escritura hacia la desorganización radical sin romantizar ese sufrimiento.

Artaud nos ofrece una exigencia distinta: que las palabras dejen de ser solamente portadoras de significados y vuelvan a ser carne, respiración, golpe, ruido, contracción, náusea. No describir el cuerpo: hacer que el lenguaje pierda su organismo.

Voy a intentarlo. No explicaré las imágenes. No les asignaré referentes. No conduciré al lector hacia una conclusión política. Los nombres de Hijos de Qom serán máquinas de paso, conexiones, cortes y flujos.

EL TABURETE COME LA PIERNA

Un cuerpo sin órganos de los Simialché

¡Aaaaah!

La pierna.

No.

La pierna no.

¡Hueso!

Hueso de pierna, pierna de hueso, hueso que mastica pierna, pierna que vomita hueso.

Alé.

Alé alé alé.

Soldado sin soldar.
Dado sin dar.
Alé que no se aleja.
Alejamiento que no tiene Alé.

¡Tac!

La Madre del Bosque tiene una boca debajo de la tierra. No tiene tierra. Tiene una boca que mastica raíces de hierro. La raíz se levanta. La boca cae. El hijo entra por la salida. La salida tiene dientes.

¡No lo sustituyan!

¡Sustitúyanlo!

Cinco.
Cinco patas.
Cuatro patas.
Una pata.
La pata que falta tiene cinco hijos.

Laataxanaxáic.

Laata.
Xan.
Axáic.

¡Og!

¡Golem!

¡Golem de goma!
¡Goma de hueso!
¡Hueso de barro!
¡Barro que no se seca!

El pie.

El pie de barro.
El barro del pie.
El pie que pisa el pie.
El pie que se come el camino.

No camina.
Camina.
No.
¡Camina!

Una pierna mecánica se ríe dentro de una pierna que no está. La máquina tiene hambre de rodilla. La rodilla tiene hambre de máquina. El hambre tiene una bisagra. La bisagra tiene un nombre: Ýaxaiquioléc.

¡EL-VIEJITO!

¡Viejo!
¡Viejísimo!
¡Viejito del hueso!
¡Huesito del viejo!
¡Viejo del taburete!
¡Taburete del viejo!
¡Viejo debajo del taburete!

Sentarse es caer de pie.
Caer de pie es sentarse en la boca.
La boca tiene cuatro patas.
La quinta se está comiendo al rey.

¡Crac!

¿Quién sostiene?
¿Quién?
¿Quién?
¡QUIÉN!

El taburete tiene lengua.
La lengua tiene una pierna.
La pierna tiene un ojo.
El ojo tiene un sapo.
El sapo salta hacia dentro de la estrella.

WÜNELFE.

Wün.
El.
Fe.

¡Estrella sin arriba!
¡Arriba sin estrella!
¡Cielo que se traga el ojo!
¡Ojo que escupe cielo!

Alaxáic ríe.

¡JA!

El Payaso Loco tiene una boca que no termina de abrirse. La risa sale por el pie. El pie se queda adentro. El adentro se cae afuera.

Toyit.

¡TOYIT!

Sapito.
Sapo.
Pito.
Pata.
Pata de sapo.
Sapo de pata.
Salta el sapo.
Salta el nombre.
El nombre salta antes de que haya alguien que lo diga.

Cinco monstruos.

¡Cinco!

¿Dónde está el cinco?

Uno en la boca.
Uno en el hueso.
Uno en la rodilla.
Uno en el salto.
Uno en el agujero que queda cuando se cuentan.

Uk.

¡UK!

Reino sin rey.
Rey sin Reino.
Reino que se da vuelta.
Vuelta que no tiene espalda.
Espalda que tiene hambre.
Hambre que tiene dientes.
Dientes que muerden el sueño.

N'OCHAQTOC.

¡Despierten!

¡No despierten!

¡Ojos abiertos dentro de ojos cerrados!
¡Dormidos que muerden!
¡Mordidos que duermen!
¡La cama se levanta!
¡El sueño se acuesta!
¡El hambre no tiene boca!

Justicia.

¡JA!

Justicia de lengua.
Lengua de justicia.
Justicia que escupe barro.
Barro que entra por la nariz.
Nariz que huele el hueso.
Hueso que huele la pierna.
Pierna que huele a madre.

¡Aaaaah!

No hay cinco.
Hay cinco.
No hay.
Hay.
No.

La Madre mastica el taburete.
El taburete mastica al hijo.
El hijo mastica la estrella.
La estrella mastica al sapo.
El sapo mastica la pierna.
La pierna mastica la boca.
La boca mastica el nombre.

¡ALÉ!

¡OG!

¡GOLEM!

¡EL-VIEJITO!

¡WÜNELFE!

¡ALAXÁIC!

¡TOYIT!

¡N'OCHAQTOC!

¡UK!

Los nombres entran por los nombres.
No salen.
No entran.
Se quedan afuera de la entrada.
La salida tiene una pierna de hueso.
La pierna no tiene salida.

¡CRAC!

¡CRAC!

¡CRAC!

El cuerpo no se levanta.
El cuerpo no se sienta.
El cuerpo no tiene cinco.
El cuerpo tiene cinco.
El cuerpo tiene hambre.
El hambre tiene un cuerpo.
El cuerpo tiene una boca.
La boca no tiene cuerpo.

¡AAAAAAAH!

La pierna.
La pierna.
La pierna.

¿Quién dijo pierna?

¡Nadie!

¿Quién dijo nadie?

¡EL HUESO!

Esta vez he intentado que la escritura no represente una descomposición, sino que se descomponga en su funcionamiento: cortes, repeticiones, conexiones inesperadas, inversiones, onomatopeyas y nombres que pierden su función de identificar. El texto no termina de contar qué pasó: se atasca, se conecta, se muerde y vuelve a comenzar.

Pero hay una cuestión todavía más profunda para nuestro trabajo: el cuerpo sin órganos no es el resultado de destruir el organismo; es la experimentación de otras conexiones y otras intensidades. Si solamente rompemos la sintaxis, todavía podemos estar fabricando un nuevo organismo de la escritura: el organismo de la escritura caótica.

El verdadero desafío será que el texto pueda respirar sin que nosotros le impongamos siquiera la obligación de ser incomprensible.

Y dejo abierto este paréntesis: quizá el hueco no sea aquello que queda cuando el significado desaparece, sino aquello que comienza a circular cuando ya no hay un órgano encargado de producirlo.

 

Ahora podemos ir al hueco en la escuela de Kioto de pronto reducir a haiku el texto donde emerja la nada que no es nada  

Kitaro Nishida (Fundador)

Fundamentó el pensamiento de la escuela uniendo la experiencia pura con la filosofía oriental.

·         "La experiencia pura es el estado en el que no hay todavía sujeto ni objeto, donde el saber y su objeto están completamente unificados."

·         "Para conocer la verdadera realidad, debemos despojarnos de nuestros prejuicios subjetivos y volver a las cosas mismas."

·         "Dios no es algo que esté fuera de nosotros; es la base misma de nuestro propio ser."

·         "La verdadera creatividad surge del fondo de la Nada Absoluta, donde el yo se vacía para dejar que el mundo se exprese a sí mismo."

Hajime Tanabe

Giró la filosofía hacia una dimensión más social, histórica y política a través de la lógica de la especie y la metanoesis (arrepentimiento filosófico).

·         "La filosofía no comienza con el conocimiento, sino con el reconocimiento del propio fracaso y la limitación del camino racional."

·         "El verdadero absoluto no es una sustancia estática, sino una acción mediadora que se niega continuamente a sí misma."

·         "Solo a través del quebrantamiento del ego y el acto de la metanoesis (zange) puede el ser humano sintonizar con el poder de la Nada."

Keiji Nishitani

El discípulo más célebre, conocido por su profunda investigación sobre el nihilismo occidental y el vacío budista.

·         "El nihilismo no es el final del camino, sino la puerta de entrada a una comprensión más profunda de la existencia: el paso del vacío relativo a la Nada Absoluta."

·         "Solo cuando tocamos el fondo del abismo de la nada en nuestro propio ser, descubrimos el suelo firme de la realidad."

·         "En el campo del vacío (Śūnyatā), cada cosa es ella misma en la medida en que está conectada con todas las demás cosas; la identidad es absoluta interconexión."

·         "La pregunta por el sentido de la vida solo se responde viviendo de tal manera que uno mismo se convierta en la respuesta."

 

Por favor inténtalo

Sí. Aquí tenemos que realizar otro desplazamiento. Después del cuerpo sin órganos de Artaud y Deleuze, no vamos a buscar una escritura todavía más ruidosa, sino una escritura que pueda dejar de producir ruido.

Pero hay una diferencia decisiva: la nada de Kioto no es el vacío que queda después de destruir las cosas. Es la nada desde cuyo fondo las cosas pueden aparecer sin quedar separadas en sujeto y objeto, sin convertirse en posesiones del yo.

Voy a reducir los significantes hasta el haiku. No haré pequeños resúmenes de los cinco monstruos. Dejaré que sus nombres pierdan progresivamente su identidad, que las imágenes se desprendan unas de otras y que la nada no sea nombrada como una cosa.

La pierna de la nada

Haikus para una caída sin caída

I. Nishida — La experiencia pura

Hueso en el barro.
Antes de ser una pierna,
ya caminaba.

Cae el taburete.
Nadie estaba sentado.
Cruje el silencio.

Una estrella cae.
No hay cielo que la recoja.
¿Quién la vio caer?

La boca calla.
El nombre todavía arde.
No hay quien lo pronuncie.

II. Tanabe — La metanoesis

Se rompe el espejo.
El rostro pide perdón
a su reflejo.

La pierna tropieza.
El camino se deshace.
Nadie retrocede.

Cae el que sostiene.
Cae también lo sostenido.
¿Quién queda en pie?

El rey se arrepiente.
Su corona sigue allí.
Nadie la recoge.

III. Nishitani — La Nada absoluta

Hueso sin pierna.
La tierra no lo recuerda.
Florece el vacío.

Cinco monstruos duermen.
El sexto abre los ojos.
No hay seis ni cinco.

La estrella es polvo.
El polvo no tiene cielo.
La noche respira.

Nadie despierta.
El sueño deja de soñar.
Amanece sin sol.

IV. El entre — La nada que no es nada

Barro sobre barro.
Una mano toca el agua.
El agua no es dos.

No cae la pierna.
No permanece tampoco.
El paso acontece.

El nombre se va.
El silencio no lo sigue.
Nada lo detiene.

No hay taburete.
No hay quien ocupe su lugar.
La tierra está aquí.

V. El despertar

Hambre sin boca.
Justicia sin vencedor.
La vida respira.

Una estrella más.
Ninguna estrella es dueña
de la oscuridad.

Los que no dormían
abren los ojos al sueño.
Nadie los despierta.

No queda el rey.
Tampoco queda su ausencia.
El mundo acontece.

El último haiku

Quisiera detenerme en estos tres versos:

No cae la pierna.
No permanece tampoco.
El paso acontece.

Aquí intento acercarme a lo que estás buscando: no hay una pierna que caiga, ni una pierna que permanezca, ni un sujeto que realice el paso. Tampoco hay una nada convertida en sustancia que sustituya a la pierna.

La experiencia no se presenta como propiedad de alguien. El paso acontece.

Y hay una cautela filosófica: Nishida, Tanabe y Nishitani no sostienen una doctrina idéntica. La experiencia pura de Nishida, la metanoesis de Tanabe y el campo de Śūnyatā de Nishitani no son intercambiables. Los he puesto a conversar poéticamente, no a hablar con una sola voz.

El palo ha dejado de caer. La nada no lo ha recogido. Y, sin embargo, algo acontece.

 

Y  ahora como expresamos la vibraciones del silencio donde simplemente acontece ¿las letras tendrían que hacerse huellas en nuestra alma?

He aquí el arte del sumi

Un trazo único redevelando el ki

Puedes intentarlo sin hacerlo imagen aquí que sea el flujo   

Sí. Pero creo que tenemos que dar un paso más: las letras no deberían representar las vibraciones del silencio; deberían dejar de ser signos que explican y convertirse en huellas de una experiencia que todavía está aconteciendo.

En el sumi, el trazo no es el dibujo de una cosa. Es el acontecimiento de una respiración: el ki atraviesa la mano, el pincel, la tinta y el papel. El trazo sucede una sola vez. No puede corregirse sin perder algo de su acontecer.

Llevemos esa operación a la escritura. No necesitamos más palabras, sino menos resistencia de las palabras. No describir el silencio. Dejar que el silencio atraviese la escritura.

El trazo que no termina

aire

el pincel respira


una gota


no cae


cae


el papel recibe


nada escribe


nada borra


una huella


sin mano


una mano


sin dueño


ki


el silencio


vibra


no hay sonido


no hay ausencia



agua


tinta


papel


piel



el trazo desaparece


permanece



no


no-no



el espacio respira


la respiración


no es suya



.

Y ahora quisiera dejar una pequeña precisión en nuestro Arte del biotejido: la huella en el alma no sería una inscripción que conservamos como propiedad, ni un mensaje que el trazo deposita en nosotros. Sería la transformación de nuestra capacidad de respirar con aquello que acontece.

El sumi no deja simplemente tinta sobre el papel. Deja aparecer una relación que no estaba separada en la mano, el pincel, la tinta y el vacío.

Un trazo. Una respiración. Ningún autor que pueda apropiarse del acontecer.

(El pincel se detiene. El ki no.)

 

No funciona con las palabras me estas explicando es un asco por favor redevela el trazo del texto

𑁍



─


─


─



la tinta



cae



cae



cae



.



el papel



se abre




sin abrirse



〇



una gota




otra




ninguna




─────────




el blanco






respira






𑁍

Oh como extraño el trazo humano dame la imagen del trazo no queda otra puedes?

 

Aquí está. Esta vez, que hable el pincel. Que la tinta respire y que el blanco también tenga su trazo.

(El silencio no necesita traducción.)