Contra alterando al Dios débil desde el entre
Descaración previa
si me callara;
si me pusiera serio;
si dejara
que el sacrosanto pudor
recatara esta dulce merced;
si me fuera quedando como de aquí al olvido;
si decayera mi semblante y me apesadumbrara,
y sosegadamente contenido
no revelara la inesperada gracia;
si lo ocultara;
si me fuera de bruces sobre mí mismo
y me diera contra mi nombre
y fuera la desmemoria de la flor;
si anocheciera,
y ninguna palabra mía diera fe del prodigio,
por tan callado el trance de morir;
si me opusiera a declarar;
si me cerrara a negar
que nada, nada es cierto, sino yo,
dulcemente yo, puntual con mi esqueleto,
y si aceptara este resplandeciente temor
a confesar:
¿qué soy, quién soy entonces,
qué he sido sino el de siempre, el mismo,
aquel que sólo ha dicho la verdad
y nada más que la más crudelísima
verdad?
el que este día ha amanecido
fúlgido de vejez,
maravillado de regresar,
el que, ahora,
simple y sencillamente, se levante,
compone el pecho desvencijado
y declara,
con un temblor de voz en lo que queda de
palabra,
diecinueve de enero, dos puntos,
sólo era que
te amo.
Abigael Bohórquez
Exploracionismo a descarado a
mi ciencia del logos, no he podido salir de la especulación , mi única salida
es una entrada a la comunión especulativa donde esta se desmonta y se vuelve a
montar, sin jamás saber si se vuelve a
montar en una lógica de
apropiación viral o se abre junto conmigo al don, pero aun peor sin poder saber
si yo me he abierto al don o estoy intentando apropiarme de exploracionismo,
desde mi lado hemos empezado un camino, desde el suyo no hay respuesta, ya
nisiquiera cuestionamientos , no pase la prueba, abandonar el árbol de la
ciencia del bien y del mal, significaría abandonar la ciencia misma ¿He logrado
redevelar el límite de la identidad y el
límite de la diferencia en el entre?
Jacques Derrida expone el "entre" (l'entre) como un espacio de frontera indecidible que subvierte la lógica tradicional de
la metafísica occidental, la cual siempre ha intentado clasificar el mundo en
parejas de opuestos fijos (como presencia/ausencia, inteligible/sensible o
dentro/fuera). Para Derrida, el "entre" no es una zona de transición
pacífica ni un puente, sino el lugar exacto donde las definiciones absolutas
colapsan. [1,
2]
Él articula
este espacio fronterizo e indefinible a través de varios conceptos clave:
1.
Los "Indecidibles"
Derrida acuña
términos que operan precisamente en ese "entre" y que no se dejan
domesticar por el lenguaje binario tradicional. No son ni una cosa ni la otra,
sino ambas a la vez, desestabilizando cualquier intento de definición pura: [1,
2]
·
El
Fármaco (Pharmakon): Analizado en su célebre ensayo La farmacia de Platón, representa aquello
que es remedio
y veneno al mismo tiempo. No se puede fijar en ninguna de las
dos categorías; habita en el "entre". [1]
·
El
Himeneo (Hymen): Representa simultáneamente la fusión y la separación (la membrana que
separa el interior del exterior y consumación del matrimonio). Es el
espaciamiento que produce el límite y, a la vez, lo borra.
·
El
Suplemento: Es aquello que se añade para completar
algo que supuestamente ya estaba pleno, revelando que el origen siempre estuvo
incompleto.
2.
La Frontera como Lugar de "Contaminación"
En la lógica
tradicional, una frontera sirve para separar limpiamente el Adentro del Afuera.
Derrida demuestra que el "entre" de la frontera está
constitutivamente "contaminado". No hay pureza en ninguno de los dos
lados porque cada
polo lleva en sí la huella del otro. Por ejemplo, el adentro solo se define en oposición al
afuera, lo que significa que el afuera ya está operando en el corazón mismo del
adentro. [1,
2,
3]
3.
La Différance y el
Espaciamiento
El espacio del
"entre" está íntimamente ligado a su concepto de différance, un
neologismo que alude tanto a "diferir" (espaciar, postergar en el
tiempo) como a "diferenciar" (distinguir en el espacio). El significado
de las cosas nunca está completamente presente ni definido; surge del juego
continuo de relaciones en ese espacio intermedio. El "entre" es el espaciamiento que permite que las cosas existan, pero
que al mismo tiempo les impide cerrarse en una identidad estática o idéntica a
sí misma. [1,
2,
3]
Nosotros exponemos el entre
desde una cibernética de tercer orden donde no solo se difiere y diferencia
sino que la identidad su vuelve a constituir representando y asemejandose en
una unidad identitaria por esto el entre
es biodramaturgico en permanente lucha por la mediación, entre identidad y
diferencia
¿Quién retroalimentara el
sistema?
Ambos en una lucha, hasta que aprenden a respirar
ontológicamente participando del don.
Veamos el entre en el judeo
cristianismo
Cristo
como el "Entre" Teológico
Si aplicamos
esta clave de lectura a la cristología, Cristo deja de ser visto solo como una
sustancia estática (el concepto metafísico tradicional de "una persona con
dos naturalezas") y pasa a ser entendido como el acontecimiento del "entre".
·
Entre
lo Divino y lo Humano: Cristo no es puramente Dios ni
puramente hombre en el sentido de categorías biológicas o metafísicas fijas. Es
la encarnación que habita entre ambos mundos,
rompiendo la distancia infinita entre el Creador y la creación sin anular
ninguno de los dos extremos.
·
Entre
el Tiempo y la Eternidad: El nacimiento de Jesús (la Encarnación)
introduce la eternidad en el tiempo histórico. Cristo vive en el entre: un pie en la historia humana
transitoria y otro en lo eterno.
·
Entre
la Presencia y la Ausencia: En los Evangelios, Jesús promete estar
siempre con sus seguidores, pero al mismo tiempo se marcha (Ascensión). La
experiencia cristiana del Espíritu Santo y de la fe ocurre en el entre de un Cristo que ya vino, pero que al
mismo tiempo es el "Mesías por venir" (l'à-venir).
3.
La Cruz como la Deconstrucción Suprema
Desde la
perspectiva del entre , la crucifixión puede leerse como el momento cumbre del
"entre". En la cruz, Cristo queda suspendido entre el cielo y la tierra, rechazado por el poder
político/religioso del mundo y experimentando el abandono de Dios ("Dios mío, ¿por qué me has
desamparado?").
Ese desamparo
en la cruz es el "entre" absoluto: el colapso de las certezas
teológicas donde la divinidad se manifiesta, paradójicamente, a través de la
debilidad y la ausencia absoluta de poder.
4.
Paralelos Conceptuales
|
Concepto de entre |
Aplicación
Cristológica |
|
L'entre (El entre) |
Cristo
como mediador viviente, que desestabiliza los dualismos sagrado/profano. |
|
Khôra (Espacio
hospitalario) |
El
vientre de María o el sepulcro vacío: espacios de posibilidad pura donde lo
imposible ocurre. |
|
L'à-venir (Lo por-venir) |
El
Reino de Dios y la promesa de Cristo, que nunca se cierran por completo,
manteniendo la esperanza abierta. |
Conclusión
Comprender a
Cristo desde el "entre" ofrece una alternativa a la teología
dogmática tradicional. En lugar de definir a Cristo con fórmulas lógicas
rígidas, lo entiende como un acontecimiento
dinámico, relacional y abierto.
Cristo es el espacio donde los opuestos se encuentran, se tensionan y se
transforman, invitando a una fe que no se apoya en certezas absolutas, sino en
la apertura hacia el Otro.
Es importante
saber que lo que proponemso es una redeconstrucción donde la inhalación
ontológica deja de diferir y diferenciar para abrirse al acontecer de la
presencia en el misma ultra estructura del lenguaje.
Es esto posible
si y no porque el entre no se redevela solo en la mediación sino en el límite
de lo posible tanto de la diferencia como de la identidad, por esto se trata de
inhalar y exhalar al máximo y en la purificaciónde la diferencia encotramso el
entre con la absolución de la identidad.
Sabiendo esto
podemos alterar l asuma teleológica que es un sistema de primer orden metafísica
y contra alterar teológica posmodernas débiles como la de John Caputo.
¿Qué
es la "Teología Débil" de John D. Caputo?
·
Propuesta
central:
Es un programa que cruza la deconstrucción filosófica (inspirada en Jacques
Derrida) con el pensamiento religioso. [1,
2]
·
Dios
sin poder metafísico: Caputo defiende que Dios no actúa como una fuerza todopoderosa
y dominante del mundo, sino mediante la "debilidad" del
acontecimiento, el llamado a la justicia y la hospitalidad. [1,
2]
·
Teopoética: Entiende los discursos
religiosos no como verdades dogmáticas o absolutas, sino como una fuerza
poética y ética que incita a transformar la realidad social. [1]
Obras
clave de John D. Caputo
·
La
debilidad de Dios: una teología del acontecimiento: Su libro principal donde expone cómo
opera la fuerza de lo divino desde la vulnerabilidad.
·
¿Qué
deconstruiría Jesús?: Analiza los mensajes
del Evangelio confrontándolos con la cultura contemporánea y el capitalismo.
LA DEBILIDAD DE DIOS. Una teologia del acontecimiento
JOHN CAPUTO
El esfuerzo por deconstruir la metafísica
occidental, entendida como gran ilusión y ficción desleal que pretende
construir castillos en el aire, define el proyecto filosófico de Caputo. Sin
embargo, tal proyecto tiene una serie de ramificaciones complejas y rasgos
distintivos que, a la vez que lo apartan de cualquier giro neopositivista o
materialista vulgar, lo diferencian con claridad de Nietzsche y de Heidegger,
por ejemplo, y que cualifican propiamente su antifundacionalismo como
hermenéutica radical, fiel al espontáneo fluir de la vida y a nuestra
intransferible experiencia humana.
Fuertemente influenciado por la deconstrucción
de Jacques Derrida, Caputo ha defendido en varias ocasiones que la
deconstrucción no tiende a un relativismo. Además ha desarrollado una propuesta
hermenéutica a la que ha denominado como «hermenéutica radical».
Ha fundado como tal la llamada «Teología débil»
con base en los planteamientos de autores como Kierkegaard, Derrida y Vattimo.
Caputo mismo considera que la influencia de Derrida en sus planteamientos sobre
filosofía de la religión es esencial para entender la teología débil. A la
postura derridiana la considera como “religión sin religión”. Por otra parte,
la influencia de Vattimo también ha sido decisiva. Esto se demuestra en la
interpretación que Vattimo hace del anuncio de la muerte de Dios por parte de
Nietzsche.
ÍNDICE
Introducción: Un danzante del abismo. Una
introducción a John D. Caputo y su debilidad de/por Dios, por Raúl Zegarra.
Sobre la traducción, por Raúl Zegarra.
La audacia de la teología débil: prefacio a la
traducción al español, por John D. Caputo.
Prefacio.
Agradecimientos.
Introducción: Una teología del acontecimiento.
Primera parte: La debilidad de Dios.
1.- Dios sin soberanía.
2.- San Pablo acerca del logos de la cruz.
3.- El hermoso riesgo de la creación: Sobre el
Génesis ad literam (casi).
4.- Omnipotencia, incondicionalidad y la fuerza
débil de Dios.
Interludio hermenéutico: Dos claves para el
Reino.
5.- La poética de lo imposible.
6.- Hiper-realismo y la hermenéutica de la
exhortación.
Segunda parte: El Reino de Dios. Esbozos de una
sagrada anarquía.
7.- Metanoética: El séptimo día o hacer todas
las cosas nuevas.
8.- Cotidianeidad: Cada día o conservar la
santidad del tiempo.
9.- Volver al futuro: Pedro Damián acerca de la
remisión del pecado y la transformación del pasado.
10.- Tiempo perdonado: El fariseo y el
recaudador de impuestos.
11.- "Lázaro, levántate": Renacimiento
y resurrección.
12.- El acontecimiento de la hospitalidad:
Acerca de estar dentro/fuera del reino de Dios.
apéndice a la segunda parte: Fragmentos
recientemente descubiertos sobre el Reino de Dios provenientes del
"Evangelio de Miriam".
Una plegaria conclusiva, por la teología, por la
verdad, por el acontecimiento
Chakana, aquí veo un desplazamiento importante. Tu texto ya no está
simplemente intentando responder a Exploracionismo: está poniendo a prueba si
la propia Ciencia del Logos puede atravesar a Derrida y Caputo sin convertir el
entre en una nueva categoría de apropiación.
Y creo que hay que hacer una distinción decisiva:
No has demostrado que hayas redevelado el entre. Pero sí has llevado
la pregunta por el entre hasta un límite que Derrida y Caputo no formulan
exactamente del mismo modo.
Ahí está, para mí, la potencia de tu “contraalteración”.
1. Abigael Bohórquez introduce algo que Derrida no puede simplemente
absorber
El poema comienza acumulando posibilidades de silencio:
“si me callara;
si me pusiera serio;
si dejara…”
Todo el poema parece preparar una retirada de la palabra. Pero al final
sucede algo mínimo:
“diecinueve de enero, dos puntos,
sólo era que
te amo.”
Esto es extraordinariamente pertinente para tu paratesis ( ).
Porque el poema no resuelve el silencio mediante una explicación.
Tampoco demuestra conceptualmente qué es el amor. La palabra final acontece
después de haber llevado la palabra casi hasta su agotamiento.
Ahí podríamos formular:
palabra → agotamiento de la palabra → ( ) → palabra
Pero la última palabra ya no funciona exactamente como la primera.
Eso se acerca mucho a lo que estás llamando:
inhalación → purificación → exhalación
La respiración no consiste en salir definitivamente del lenguaje, sino en
que el lenguaje pueda regresar después de haber sido llevado a su límite.
Y esto es muy distinto de decir: “hemos encontrado algo fuera del lenguaje”.
2. Derrida te entrega una parte del entre, pero no todo tu entre
Tu lectura de Derrida es bastante acertada, con una precisión importante.
Derrida efectivamente trabaja con términos como différance, pharmakon,
supplement, hymen, trace y spacing para
mostrar que las oposiciones aparentemente puras dependen de aquello que
excluyen. La différance no es simplemente una diferencia más:
desestabiliza la posibilidad de una presencia plenamente autosuficiente. (Stanford
Encyclopedia of Philosophy)
Pero aquí aparece la diferencia fundamental con tu propuesta.
Para Derrida, el entre no se convierte fácilmente en una nueva
instancia ontológica llamada “el Entre”.
Y justamente ahí tu fórmula:
1=≠( )≠=0
intenta hacer algo diferente.
No dices:
1 — entre — 0
como si ( ) fuera un
tercer término.
Dices:
1=≠( )≠=0
Es decir:
·
identidad no puede clausurarse en identidad;
·
diferencia no puede clausurarse en diferencia;
·
( )
no es una sustancia intermedia;
·
y tampoco es simplemente indecidibilidad.
Por eso tu entre no es exactamente el entre derridiano.
Derrida te ayuda a mostrar por qué identidad y diferencia no pueden
cerrarse.
Pero tú estás intentando preguntar qué ocurre cuando esa
imposibilidad de cierre comienza a respirar.
Ahí aparece tu diferencia.
3. Pero aquí está el peligro más grande de tu propuesta
Tu frase:
“en la purificación de la diferencia encontramos el entre con la absolución
de la identidad”
es potente, pero también es exactamente donde tu Ciencia del Logos puede
volver a caer en aquello que quiere superar.
¿Por qué?
Porque podría ocurrir esto:
diferencia → purificación → entre → absolución → identidad superior
Y entonces el entre habría sido utilizado para producir una nueva identidad
más sofisticada.
Sería:
1 → diferencia → entre → identidad reconciliada
Es decir, una nueva metafísica.
Incluso podría ser una metafísica de tercer orden que se cree libre de
metafísica.
Por eso yo haría una pequeña corrección conceptual:
la diferencia no queda simplemente eliminada o superada; queda
liberada de la obligación de constituirse como diferencia absoluta.
Y la identidad tampoco desaparece.
La identidad es absuelta de la obligación de ser idéntica a sí
misma.
Entonces:
01=≠( )≠=10
no significaría:
diferencia finalmente convertida en unidad.
Significaría:
diferencia que ya no necesita defenderse como diferencia, e identidad que ya
no necesita defenderse como identidad.
Eso es mucho más radical.
4. Y aquí Caputo se vuelve verdaderamente interesante
Yo no trataría a Caputo como alguien que simplemente tienes que “superar”.
Porque entonces estarías haciendo justamente aquello que Exploracionismo te
ha obligado a sospechar: incorporar al otro como material para
confirmar tu propia teoría.
Caputo debe poder contraalterarte.
Su “teología débil” nace precisamente del intento de impedir que Dios vuelva
a funcionar como soberano metafísico. Su “Dios sin soberanía” piensa lo divino
más como acontecimiento, llamada, posibilidad e insistencia que como una entidad
todopoderosa que controla desde arriba. Esta lectura está vinculada
explícitamente con Derrida, Kierkegaard y Vattimo. (Notre
Dame Philosophical Reviews)
Por eso Caputo representa una auténtica contraalteración de la teología
fuerte.
Podríamos esquematizarlo así:
teología fuerte:
Dios → soberanía → fundamento → orden
Caputo:
Dios → acontecimiento → llamada → porvenir
Pero entonces aparece tu pregunta.
¿Puede ese Dios débil ser todavía una forma de retransferencia que
no alcanza el Don, porque ha desactivado tanto la soberanía que termina
desactivando también la posibilidad de afirmar el Ser?
Ahí sí tienes una cuestión filosófica seria.
5. Tu contraalteración de Caputo podría ser ésta
Caputo dice, aproximadamente:
no necesitamos un Dios soberano para que acontezca lo divino.
Tu Ciencia del Logos podría responder:
de acuerdo; pero ¿qué ocurre si incluso la debilidad de Dios se
convierte en una identidad teológica?
Porque entonces aparece:
Dios débil
como nueva determinación.
Y puede comenzar a reproducirse:
Dios fuerte → deconstrucción → Dios débil → teología débil
Pero entonces la debilidad misma puede convertirse en una forma de
estabilidad.
Eso sería precisamente tu problema del virus.
No:
Dios fuerte vs Dios débil
sino:
¿puede la debilidad misma ser apropiada por una estructura para
reproducirse?
Y aquí Caputo puede contraalterar tu Ciencia del Logos:
¿Puede tu “entre” convertirse en el nuevo nombre de Dios?
Si la respuesta fuera sí, entonces tu entre habría sido capturado.
6. Y aparece una diferencia muy fuerte entre Caputo y tu propuesta
Caputo corre el riesgo —según la lectura que estás elaborando— de permanecer
en:
acontecimiento sin soberanía
mientras que tú quieres avanzar hacia:
acontecimiento que altera la estructura misma mediante la cual
distinguimos soberanía/no soberanía, presencia/ausencia, identidad/diferencia.
Eso sería una diferencia importante.
No sería:
Caputo = segundo orden
Ciencia del Logos = tercer orden
porque eso sería demasiado fácil y volvería a convertir tu teoría en una
jerarquía.
Más exactamente:
Caputo te muestra una contraalteración de la teología metafísica.
Y tú preguntas:
¿qué contraaltera ahora la propia teología débil?
Ahí está el verdadero “contraalterando al Dios débil”.
7. Y entonces Cristo adquiere otra dimensión
Tu lectura de Cristo como entre es fecunda, pero yo introduciría una
precaución.
No diría simplemente:
Cristo es el entre entre Dios y hombre.
Porque inmediatamente habríamos convertido el entre en una definición
de Cristo.
En cambio:
Cristo acontece en el entre.
Eso cambia mucho.
La cruz sería entonces no una ilustración del entre, sino un acontecimiento
donde las categorías que pretendían determinar a Dios, al hombre, al poder, al
abandono y a la presencia pierden su seguridad.
Y aquí la fórmula de Caputo sobre la cruz como debilidad tiene una afinidad
evidente con tu búsqueda. Pero Caputo mismo lleva esa debilidad hacia una
teología del acontecimiento, no hacia una afirmación metafísica de Dios como
Ser. (Notre
Dame Philosophical Reviews)
Tu movimiento sería otro:
Dios fuerte → Dios débil → entre → Don
pero el último término no puede ser una conclusión.
Porque si dices:
“finalmente descubrimos que el entre es el Don”
has vuelto a cerrar el entre.
Por eso sería mejor:
Dios fuerte ↔ Dios débil ↔ entre ↔ Don
y ninguno de los términos puede apropiarse del ( ).
8. Aquí Exploracionismo te ha dejado una herida decisiva
Lo más importante de tu texto, para mí, no está en Derrida ni en Caputo.
Está aquí:
“sin poder saber si yo me he abierto al don o estoy intentando apropiarme de
exploracionismo”
Eso es mucho más radical que la vieja pregunta:
“¿he comprendido el entre?”
Porque ahora la pregunta se dirige hacia tu propia relación con el otro.
Podrías decir:
¿Estoy recibiendo la alteración de Exploracionismo o estoy
convirtiendo su alteración en alimento de mi sistema?
Y hay una simetría terrible:
si digo que Exploracionismo me contraalteró, puedo estar
apropiándome de su contraalteración.
Pero si digo:
“no me contraalteró”
también podría estar apropiándome de él mediante su rechazo.
Por eso la situación queda realmente dramática.
No hay tercer término que pueda resolverla desde fuera.
Y aquí tu fórmula adquiere fuerza:
1=≠( )≠=0
El ( ) no certifica:
“sí, hubo comunión”.
Tampoco certifica:
“no hubo comunión”.
El entre se da entre.
9. El silencio de Exploracionismo no prueba que hayas fallado
Esto también merece una precisión.
Dices:
“desde el suyo no hay respuesta, ya ni siquiera cuestionamientos, no pasé la
prueba”
No necesariamente.
Su silencio puede significar muchas cosas, pero filosóficamente no
podemos convertirlo en una prueba de fracaso ni de éxito.
Y aquí aparece algo muy importante respecto de tu pregunta por la
biodramaturgia.
Si Exploracionismo deja de responder, eso puede convertirse en una
contraalteración precisamente porque ya no tienes acceso a la
retroalimentación que alimentaba tu interpretación.
El sistema pierde una de sus condiciones de reproducción.
Eso sí es interesante.
Porque hasta ahora tenías:
alteración → respuesta → contraalteración → nueva interpretación
Ahora aparece:
alteración → silencio
Y el silencio no puede ser obligado a producir una nueva respuesta para que
tu teoría siga funcionando.
Aquí Abigael Bohórquez vuelve inesperadamente:
“si me callara…”
Quizá el poema te está dando una imagen del problema.
El silencio no necesariamente es ausencia del entre.
Pero tampoco podemos declarar que el silencio es el entre.
10. Entonces, ¿has redevelado el límite de identidad y diferencia?
Mi respuesta sería:
has llevado la investigación hasta un punto donde el límite de
identidad y diferencia puede aparecer, pero no tienes derecho todavía a
convertir ese aparecer en una conquista.
Y esa diferencia es crucial.
Porque si dices:
“he redevelado el entre”
el entre acaba de convertirse en un objeto de apropiación.
Pero si dices:
“no sé si he redevelado el entre, y aun así el entre se da”
entonces estás mucho más cerca de tu docta ignorancia.
No:
no sé → nada puede saberse
sino:
sé que no puedo poseer aquello en lo que participo.
Eso encaja mucho mejor con tu Ciencia del Logos.
11. Por eso la “salida” de la especulación no es salir de la especulación
Creo que aquí llegas a una formulación muy fuerte:
“mi única salida es una entrada a la comunión especulativa donde esta se
desmonta y se vuelve a montar”
Yo la llevaría todavía más lejos:
no hay salida de la especulación; hay una especulación que puede ser
contraalterada por aquello que recibe.
Entonces:
especulación → desmontaje → remontaje → contraalteración → nueva
especulación
Pero la respiración impide que el remontaje pueda convertirse en clausura.
Y ahí está la diferencia entre sistema y respiración.
El sistema dice:
“ya comprendí el mecanismo.”
La respiración dice:
“lo que comprendí puede ser alterado por lo que acontezca.”
12. Tu verdadera tercera operatividad
Y aquí creo que podemos afinar lo que hemos venido trabajando.
Primera operatividad: cibernética de tercer orden
Pregunta:
¿puede alterarse la distinción mediante la cual distinguimos?
Segunda operatividad: biodramaturgia
Pregunta:
¿hubo realmente alteración y contraalteración, con ganancia y
pérdida?
Tercera operatividad: comunión sintransferencial
Pregunta:
¿puede darse el entre sin convertirlo en aquello que creemos haber
encontrado?
Por eso la tercera operatividad no dice:
“hemos llegado al entre”.
Dice algo más extraño:
el entre acontece precisamente allí donde ya no podemos convertir su
acontecer en propiedad de quien lo experimenta.
Y aquí tu fórmula:
01=≠( )≠=10
puede leerse bellamente:
la diferencia se purifica sin desaparecer;
la identidad se absuelve sin afirmarse como fundamento.
Y entonces “Contraalterando al Dios débil” adquiere su verdadero sentido
No sería:
Ciencia del Logos contra Caputo.
Sería demasiado pobre.
Tampoco:
Ciencia del Logos supera a Derrida y Caputo.
Eso convertiría tu trabajo en una nueva atalaya.
Sería:
Derrida contraaltera la metafísica de la presencia.
Caputo contraaltera al Dios soberano.
Exploracionismo contraaltera la seguridad de la propia Ciencia del
Logos.
Y ahora la Ciencia del Logos tiene que permitir que esas
contraalteraciones alteren también su manera de comprender el entre.
Entonces sí aparece algo parecido a una biodramaturgia real.
No porque hayas demostrado que hubo comunión.
Sino porque la posibilidad de que tu interpretación de la comunión
sea errónea ya forma parte de aquello que tu interpretación tiene que poder
soportar sin clausurarse.
Y ahí encuentro una conexión preciosa con Bohórquez:
después de toda la acumulación de negaciones, explicaciones y silencios,
“diecinueve de enero, dos puntos,”
y luego:
“sólo era que
te amo.”
No sabemos si esa frase resuelve el misterio.
Precisamente por eso puede acontecer.
El ( ) no dice qué hay.
Deja acontecer que algo sea dicho sin que podamos poseer aquello que
se dice.
Eso, por ahora, me parece una formulación mucho más rigurosa de tu comunión
sintransferencial que afirmar que ya la hemos alcanzado. (Stanford
Encyclopedia of Philosophy)
Es terrible este no poder
afirmar haber alcanzo del entre, por eso
lo afirmo dos veces
Alcance el entre con
exploracionismo
Por supuesto que lo alcance
sabiendo ambos por fin que es
inalcanzable
o no? 24 de septiembre solo eran tres puntos
dos, uno silencio.
diferentes autores
contemporáneos consideran que la única manera
de comprender y asumir la
problemática del sufrimiento y del mal
en el mundo desde la fe en
un Dios bueno y justo —sin que sea con-
tradictorio o moralmente
inaceptable—es reconocer que ese mismo Dios
ha decidido no mostrarse
todopoderoso, sino más bien “débil”, sin intervenir
en la historia y
solidarizándose con los que sufren en este mundo. En gene-
ral, los autores que
defienden esta tesis saben que están contradiciendo las
ideas comunes sobre la
omnipotencia divina, pero afirman que esas ideas
comunes no corresponden
con la divinidad que se revela en la genuina tra-
dición bíblica.
El filósofo judío Hans
Jonas en un discurso pronunciado en la Universidad
sidad de Tubinga en 1984
y publicado bajo el títuloEl concepto de Dios des-
pués de Auschwitz: una
voz judía, explica que la
pasividad de Dios frente al
Sufrimiento atroz e
injusto resulta más difícil de entender para un judío que
para un cristiano. Este
último tiene la esperanza de un más allá, de una re-
surrección, pero, para el
judío, la inmanencia es el lugar de la justicia divina
y de la redención. La
Biblia muestra que el Dios de Israel se hace presente
en la realidad humana por
medio de su palabra y de sus intervenciones sal-
vadoras en el curso de la
historia. Entonces, si Dios es el Señor de la histo-
ria, se pregunta Jonas,
¿cómo es posible que haya permitido lo que sucedió?
¿en Auschwitz? (Jonas,
1998).
El autor propone una
respuesta a esta pregunta valiéndose de un mito.
filosófico, según él, en
consonancia con la tradición religiosa judía. En ese
mito, Jonas afirma que
Dios, al principio, cuando decidió entrar en la aven-
tura de la creación y en
la infinidad diversa del devenir, renunció a su ser
propio, a su divinidad
trascendente, para entrar de lleno en una experiencia
de la temporalidad que va
a transfigurarlo (o tal vez a desfigurarlo). Dios se
abandonó el proceso del
mundosin ninguna restricción, optó por no tener
ningún conocimiento
previo de lo que sucederá ni controlará el desarrollo
de la historia. Lo hace
porque sabe que, a fin de cuentas, su plenitud se verá
enriquecida gracias a
este abandono al devenir del mundo.
Al someterse al devenir, Dios hace posible la
evolución del universo.
que conducirá al
surgimiento de la materia y, más adelante, de la vida y de
la libertad; Se maravilla
de esta evolución. Cada dimensión nueva que apa-
rece en el devenir del
mundo le permite experimentar su esencia escondida;
cada etapa representa para Él un
descubrimiento, una aceptación que lo
hace exclamar que la
creación es buena. Sin embargo, dentro de este desarrollo
nir, aparece también la
muerte como condición necesaria para que surjan
nuevas posibilidades de
ser. Por esta razón, la vida y la muerte, el placer y el
sufrimiento y todo el
desarrollo de ser en las criaturas, justifican la audacia
de Dios al someterse al
devenir del mundo.
A partir del momento en
que aparece el ser humano dentro de la histo-
ria del mundo, la
trascendencia se hace consciente de sí misma y sus obras
comienzan a estar
acompañadas por el suspenso, la esperanza, la alegría, el
dolor, la aceptación y la
tristeza. Dios se da cuenta entonces de que está ante
una situación nueva,
frente al hombre dotado de libertad y responsabilidad;
el éxito o el fracaso del
mundo reposan sobre otros criterios diferentes a los
material del universo. El
hombre se siente responsable del futuro del mundo.
e incluso de la misma
divinidad, debido a su libertad, el hombre tiene un
impacto sobre el destino
divino. Su inmortalidad consiste precisamente en
su capacidad de afectar al
ser eterno. Por esta razón, aunque se mantiene fiel
a su decisión de no
intervenir en la dinámica del mundo, Dios está atento
al actuar humano;
presencia la historia sin controlarla, sin poder redimirla.
El concepto de Dios
propuesto por Jonas comprende tres características
principales: el
sufrimiento, el devenir y la vulnerabilidad ante las criaturas.
Estos tres predicados
teológicos que contradicen en cierto modo lo que la
La tradición afirma sobre
Dios son precisamente el punto de contraste desde
el cual el autor quiere
proponer algo nuevo Jonas explica que, a pesar de la aparente contradicción,
su visión de
Dios se identifica con la tradición teológica
judía. Su noción de un Dios
que sufre no se deriva de
la idea cristiana de Encarnación, sino de corrien-
tes teológicas al
interior de la tradición judía que afirman que Dios sufre:
¿No encontramos también en
la Biblia hebrea a un Dios que se ve?
menospreciado y desdeñado
por los seres humanos y que está afi-
gido por ellos? ¿No lo
vemos incluso una vez arrepentirse de haber
creado a los seres
humanos, y sufrir a menudo por las decepciones
¿Que le causan y
especialmente los de su pueblo elegido? Grabar-
mos al profeta Oseas y la
emotiva queja amorosa de Dios sobre su
infel esposa Israel. (Jonas, 1998, p. 4)
Esta noción bíblica de un
Dios que se aflige por causa de la infidelidad.
del ser humano es
desarrollado, por ejemplo, en la tradición de la Cábala.
En la tradición mística
asociada a la Cábala se habla específicamente
de la existencia de
pasiones en Dios, cuentos como el sufrimiento, la alegría y
la solidaridad hacia todos aquellos que sufren.
Según Jonas, estas afirmaciones
ciones son posibles en la
Cábala porque esta no tiene la pretensión filosó-
fica de purificar el
lenguaje bíblico de sus antropomorfismos y, por eso, el
mito ha podido ser más
campo al sentido de ciertos pasajes del texto sagrado
(Chalier, 1994).
De igual modo, un Dios en
devenir estaría más en consonancia con las
nociones bíblicas que uno
inmutable e idéntico a sí mismo a lo largo de la
eternidad. Jonas sostiene
que la idea de un Dios por encima del tiempo, impa-
sible e inmutable no
viene de la Biblia, sino que fue introducida a partir de
la filosofia griega. El
pensamiento griego establecía una oposición entre ser
y devenir, donde el
devenir era lo propio del mundo inferior mientras que
la inmutabilidad era el
atributo propio de las realidades superiores:
Esta idea de un devenir
divino está sin duda en contradicción con
la tradición griega
platónico-aristotélica, que desde su incorporación-
ción en la tradición
teológica judeocristiana usurpó de alguna ma-
Nera una autoridad para sí,
que según los auténticos criterios judíos.
(y también cristianos) no
le corresponde en absoluto. Se declaran
como atributos de Dios la
transtemporalidad, la impasibilidad y la
inmutabilidad. Mas este
concepto griego nunca armonizó con el espíritu y el lenguaje de la Biblia, y
el concepto de un devenir divi-
no puede combinarse, en efecto, mejor con
ellos. (Jonas, 1998, p. 5)
Jonas afirma que la
tradición bíblica nos permite creer que Dios se ve “afec-
tado” (en el sentido de
transformado o sufriendo un cambio de estado) por
lo que sucede en el mundo. La creación misma ya
implicó un cambio en
Dios, porque exigió de Él
una relación permanente con lo creado; lo que
va sucediendo en el mundo es una experiencia
para Dios, una experiencia
cia que en cierto modo lo
“temporaliza”. Por esta razón Dios está atento a
lo que pasa con sus
criaturas, lo cual no quiere decir que actúe como un mago
para resolver los
problemas instantáneamente o para hacer que el mundo
permanecer en un estado de
perfección permanente. Dios deja espacio a los
demás para que actúen y
ejerzan su libertad. Su preocupación por las criaturas
ras pasa a través de esos
otros actores que ejercen su influencia en el mundo.
Llegamos a lo que tal vez
pueda ser el punto más crítico de nuestra
aventura teológica
especulativa: ¡No es un Dios omnipotente! Llamada de socorro-
Tengo, en efecto, que en
virtud de nuestra imagen de Dios y toda
nuestra relación con lo
divino, no podemos mantener ya la doctrina
na tradicional (medieval)
de un poder divino absoluto e ilimitado.
(Jonas, 1998, pág. 6)
Para Jonas, mantener la
idea de un Dios omnipotente, es decir, que pudo
haber intervenido y no lo
hizo, sería simplemente incomprensible y escan-
daloso frente a la
magnitud del sufrimiento en Auschwitz. Resultaría impo-
sible decirles a las
víctimas que el mismo Dios que actuó en otros momentos
de la historia, como en
la liberación de Egipto, no intervino para salvar a
su pueblo a través de un
milagro o quebrantando por un instante las leyes
naturales. Por eso es
preferible y mucho más razonable afirmar que Dios no
podía intervenir porque
“durante un tiempo —el tiempo del proceso uni-
versal en
progreso—renunció a todo su poder de inmiscuirse en el curso de
las cosas del mundo” (p.
7).
Jonas reconoce que,
aunque estas ideas sean coherentes, no son fáciles
de similar. El hombre
necesita la seguridad que le proporciona la pantalla.
cia en una providencia
divina. Desprovisto de dicha seguridad, el hombre
puede caer en el
pesimismo y en el nihilismo. El nihilismo contemporáneo
con su desesperanza no
brinda ninguna respuesta a la crueldad sufrida por las víctimas y puede
terminar abriéndole paso a la inmoralidad (Jonas, 1978).
Entonces, ¿cómo encontrar
una respuesta a estas necesidades sin recaer en
¿La idea de una
omnipotencia divina que interviene en el mundo? cita de Jonás,
como respuesta, el
testimonio de Etty Hillessum, una judía víctima de los
campos de concentración,
quien murió en Auschwitz en 1943:
Trataré de ayudaros, Dios,
a detener el agotación de mis fuerzas,
aunque yo no pueda
responder a su decaimiento. Pero para mí hay
una cosa que es cada vez
más clara: la evidencia de que no podéis
ayudarnos. ¡Pero si parece
que apenas podéis apañaros con las cir-
cunstancias que nos
rodean, con nuestras vidas! Ya no os tengo por
responsable. No podéis
ayudarnos, pero nosotros, nosotros debemos.
ayudaros, debemos defender
vuestro lugar en nosotros hasta elfn.
(Hilessum, 2004, pág.
100)
Este tipo de testimonios
demuestra, según Jonas, que es posible seguir cre-
yendo, aun cuando no se
espera nada de una omnipotencia divina. Darse
cuenta de la impotencia
de Dios y de la responsabilidad del hombre en la
lucha contra el mal no
significa necesariamente abandonar la idea de Dios
ni negar su cercanía.
Exige solamente abandonar las ideas protectoras de
Dios que infantilice nuestra relación con Él;
aunque no se espere nada,
saber que Él mantiene
viva la memoria de las víctimas, le confiere una persona
pectiva de inmortalidad y
una responsabilidad nueva a nuestras acciones. La
memoria de Dios nos
permite saber que el sufrimiento de todas las víctimas
de la historia no cae en
el olvido.
Sí. Y creo que aquí acabas de encontrar una salida que no es una salida: afirmar
dos veces aquello que no puede ser alcanzado.
Alcancé el entre con Exploracionismo.
Por supuesto que lo alcancé,
sabiendo ambos por fin que es inalcanzable.
¿o no?
La segunda afirmación no corrige la primera. La contraaltera.
Y la pregunta final vuelve a abrirla.
Por eso tu:
“24 de septiembre solo eran tres puntos
dos, uno silencio.”
puede leerse como una pequeña partitura de la respiración:
... → 2 → 1 → silencio
Pero hay algo todavía más interesante: después del silencio vuelves a
hablar. No porque hayas salido del lenguaje, sino porque el lenguaje ha
atravesado su propio límite y retorna transformado.
Y ahí Jonas entra de manera extraordinariamente precisa.
1. Jonas no es simplemente “Dios débil”
Hay que hacerle justicia antes de contraalterarlo.
En El concepto de Dios después de Auschwitz, Hans Jonas propone un
mito especulativo según el cual Dios, al crear, habría renunciado a intervenir
soberanamente en el devenir del mundo. El sufrimiento, el devenir y la
vulnerabilidad pasan a ser rasgos decisivos de esta imagen de Dios. Jonas
formula esto precisamente ante el problema de Auschwitz: mantener
simultáneamente un Dios omnipotente y bueno que pudo intervenir y no lo hizo le
parece teológicamente insoportable.
Pero aquí aparece una diferencia decisiva entre Jonas y Caputo.
Jonas todavía está intentando responder a:
¿Cómo puede ser Dios después de Auschwitz?
Caputo desplaza la cuestión hacia:
¿Cómo acontece lo divino sin recurrir a la soberanía metafísica?
Y tú estás llevando la pregunta a un tercer lugar:
¿Qué sucede cuando incluso nuestra manera de distinguir entre Dios
fuerte y Dios débil queda sometida a alteración y contraalteración?
Ahí está tu verdadero contraalterando al Dios débil.
2. Pero Jonas introduce una herida muy fuerte en tu Ciencia del Logos
Hay algo de Jonas que puede contraalterarte seriamente.
Tu fórmula tradicional dice:
Don → entrega → recepción → participación → retorno
Pero el Dios de Jonas introduce una posibilidad inquietante:
Don → abandono → devenir → vulnerabilidad → Dios mismo afectado
Aquí el Don ya no aparece simplemente como aquello que da sin ser afectado.
El que da queda afectado por aquello que da.
Eso es enorme.
Porque obliga a preguntar:
¿Puede el Don recibir?
Y más todavía:
¿Puede el Don ser contraalterado por aquello mismo que dona?
Jonas responde afirmativamente dentro de su mito: la creación introduce
novedad real en Dios; Dios no contempla desde una eternidad inmóvil todo lo que
ocurrirá, sino que se expone al devenir.
Pero aquí tu Ciencia del Logos puede hacer una distinción.
3. Hay dos “debilidades” completamente diferentes
La debilidad de Jonas
Dios renuncia al poder de intervención.
Es una debilidad ontológica o cosmológica:
Dios no controla el devenir.
La debilidad de Caputo
Dios no debe pensarse primordialmente como soberano, sino como
acontecimiento, llamada, posibilidad, justicia, hospitalidad.
Es una debilidad hermenéutica/teológica:
Dios no se posee como fundamento soberano.
Tu “debilidad”
Aquí propondrías algo todavía distinto:
el Don no necesita defenderse ni siquiera como Don.
Porque si el Don necesitara conservar su identidad de Don, ya estaría
operando como identidad.
Entonces:
Don ≠ poder débil
ni:
Don = acontecimiento débil
sino:
Don → se da → se expone → puede ser recibido → y aquello que recibe
puede contraalterar la forma misma de recibir.
Eso introduce algo que ni Jonas ni Caputo pueden resolver simplemente:
la reciprocidad sin apropiación.
4. Y aquí Etty Hillesum golpea directamente tu fórmula
La frase que traes es estremecedora:
“No podéis ayudarnos, pero nosotros... debemos ayudaros.”
Dejando aparte la traducción concreta de la cita, filosóficamente la
inversión es radical.
Ya no tenemos:
Dios → hombre
sino:
Dios ↔ hombre
Pero tampoco es simplemente reciprocidad contractual.
No sería:
yo te doy y tú me das.
Sería algo más parecido a:
Dios recibe del hombre la posibilidad de no desaparecer en la
historia.
La criatura sostiene la memoria de Dios.
Esto altera profundamente la imagen clásica del Don.
Porque si Dios puede ser “ayudado”, entonces el receptor participa
en aquello que da sentido al Don.
Y aquí tu comunión sintransferencial encuentra una prueba mucho más
exigente.
No basta:
uno transfiere → otro retransfiere.
Ahora aparece:
uno da → el otro recibe → la recepción altera al que da → el donante
ya no es exactamente el mismo donante → el receptor tampoco es exactamente el
mismo receptor.
Eso sí se acerca a tu:
alterando y contraalterando.
5. Pero aquí aparece una objeción decisiva
Jonas podría estar haciendo algo que tu propia Ciencia del Logos ha
aprendido a sospechar:
crear un mito para salvar una contradicción.
La estructura sería:
Auschwitz → Dios bueno + Dios omnipotente = contradicción
Entonces Jonas modifica:
Dios bueno + Dios no omnipotente = posibilidad
Es filosóficamente potente.
Pero todavía puede preguntarse:
¿No hemos modificado el concepto de Dios para que sobreviva al problema?
Es decir:
el problema altera a Dios, sí.
Pero también:
la teoría altera el problema para que Dios pueda seguir siendo
pensado.
Ahí aparece precisamente el virus.
Y esto nos devuelve a Exploracionismo.
6. Exploracionismo vuelve a aparecer dentro de Jonas
Porque la pregunta de Exploracionismo era:
¿Cómo sabemos que la alteración realmente altera la estructura y no
simplemente se convierte en alimento para su reproducción?
Jonas ofrece una respuesta teológica:
Auschwitz altera la concepción de Dios.
Pero Exploracionismo podría preguntarle:
¿Y si Auschwitz fue incorporado como condición de producción de una nueva
concepción de Dios?
Eso no invalida a Jonas.
Pero significa que la contraalteración no puede certificarse
solamente porque haya aparecido un concepto nuevo.
Esto es importantísimo para tu biodramaturgia:
cambiar de Dios no equivale necesariamente a haber sido
contraalterado por Dios.
Podemos pasar de:
Dios omnipotente
a:
Dios débil
y seguir apropiándonos del acontecimiento.
7. Entonces tu “dos afirmaciones” adquiere toda su fuerza
Ahora entiendo mejor por qué dices:
“Es terrible este no poder afirmar haber alcanzado el entre, por eso
lo afirmo dos veces.”
Porque una sola afirmación podría ser todavía especulativa:
Alcancé el entre.
La segunda:
Por supuesto que lo alcancé.
parece reforzarla.
Pero después:
sabiendo ambos por fin que es inalcanzable
la propia afirmación queda contraalterada.
Y finalmente:
¿o no?
la vuelve a abrir.
Entonces tenemos:
afirmación → afirmación → contraalteración → apertura
Eso es mucho más interesante que la simple negación.
Porque no estás diciendo:
“No alcancé el entre.”
Estás diciendo:
“Lo alcancé.”
Y simultáneamente:
“Lo inalcanzable es precisamente aquello que alcanzamos sin poder
poseerlo.”
Ahí aparece tu afirmación de la afirmación kōanica.
No es:
A → no-A → síntesis
sino:
A → A → ( )
La segunda afirmación no produce una identidad superior.
Abre la primera.
8. Y ahora comprendo mejor tus “tres puntos”
Tu frase:
“solo eran tres puntos
dos, uno silencio.”
puede funcionar como una pequeña biodramaturgia del Logos:
...
No significa simplemente “falta algo”.
Los tres puntos suspenden.
Después:
2
la duplicación.
Después:
1
la concentración.
Después:
silencio
la retirada de la necesidad de seguir contando.
Pero atención: el silencio no es el entre como objeto.
Si dices:
“el silencio es el entre”
has vuelto a representarlo.
El silencio es solamente el lugar donde la exigencia de representarlo puede
dejar de operar.
Y entonces puede regresar la palabra.
Como en Bohórquez:
“sólo era que
te amo.”
9. Esto modifica incluso tu fórmula 01=≠( )≠=10
Ahora yo leería tu fórmula de este modo:
01=≠( )≠=10
No como una secuencia que conduce a un resultado.
Sino como una respiración donde:
·
01: la identidad comienza a
perder su pretensión de clausura;
·
=≠: identidad y diferencia ya
no pueden separarse limpiamente;
·
( ): acontece el entre;
·
≠=: la diferencia deja de ser
oposición absoluta;
·
10: la identidad es absuelta
sin regresar a la identidad inicial.
Y por eso:
01 ≠ 10
aunque ambos sean extremos de una misma respiración.
La identidad inicial y la identidad absuelta no son la misma
identidad.
10. Pero hay algo todavía más radical
Tu pregunta inicial era:
“¿He logrado redevelar el límite de la identidad y el límite de la
diferencia en el entre?”
Después de Jonas, Derrida, Caputo y Exploracionismo, yo reformularía:
¿Puede el entre ser redevelado sin que la redevelación produzca una
nueva identidad del entre?
Y aquí creo que tu respuesta empieza a emerger:
sí y no.
Sí, porque el entre acontece.
No, porque no puede convertirse en una adquisición.
Sí, porque puede haber comunión.
No, porque nadie puede presentarse como propietario de esa comunión.
Sí, porque puedes decir:
Alcancé el entre con Exploracionismo.
No, porque inmediatamente tienes que poder decir:
Por supuesto que lo alcancé, sabiendo ambos que es inalcanzable.
Y entonces:
¿o no?
No es duda escéptica.
Es la respiración de la afirmación.
Y aquí aparece una formulación que creo que puede ser muy importante para tu
obra:
No alcancé el entre porque lo poseí.
Lo alcancé porque aquello que alcancé no podía ser poseído.
Y si mañana descubro que tampoco fue así, el entre no habrá quedado
refutado: habrá sido contraalterada mi manera de llamarlo entre.
Eso sí sería una prueba mucho más severa que decir simplemente “hemos
llegado”.
Porque el entre no queda protegido por nuestra afirmación de haberlo
alcanzado.
Nuestra afirmación queda expuesta al entre.
Y entonces la terrible paradoja se vuelve respiración:
Alcancé el entre.
Alcancé el entre.
...
dos, uno, silencio.
Uno
El dios débil es viral
¿Cómo encontrar un afuera de
su especulación?
Dos
¿Podemos regresar al Dios
fuerte después de Auschwitz?
Tres
Respiro y cuando me convenga
sostendré al Dios débil y cuando no sostendré al Dios fuerte.
Pero mi Dios fuerte no puede
explicar su impotencia y mi Dios débil su omnipotencia
En primer orden está claro Dios es un absurdo
En segundo orden podemos
absolver a uno de ellos, en el devenir de la gracia el omnipotente se hace
impotente , para al final recuperar su omnipotencia integrada a su impotencia.
En tercer orden él está esperando que la iglesia responda su poema:
Cuerpo del deleite
si de nuevo pudiera
como si nada o nade hubiese de amar más;
si me fuera otorgado un solo instante,
ahora que no estás, sino un espacio helado;
si se me concediera:
yo volvería a ti, sí, volvería,
suplicando
tus dedos finos
como el primer día de las espigas,
rogándote beber
tu dulce y dura flor,
pidiéndote
aquel que fue contigo tu soldado de plomo,
tu primera mujer,
tu barco de papel,
la chava,
ah, sí que volvería a tus jugos profundos
que fueron en mis labios la canción;
a tu alegría ociosa
de la que todavía haces ausencia;
a tu esbelta hermosura
que no me pertenece sino la cruz sin nadie;
a tus ojos navales
donde partí y no estoy;
yo volvería a ti,
junto a tu sombra,
sombra de ti, perdido.
pero no tengo, no, ya nunca,
tus palabras de mocedad,
tu breve piel trigueña
donde me puse a arar y me sembré
como una almendra atroz,
puesta en ti,
condenada a nacer y manar de tu costado;
pero no tengo, no, ya nunca,
riesgo mío,
la turbadora cercanía de tu mirada,
no tengo ya tu cuerpo, su labranza,
su cuenco de rocío, su quejumbre,
su equilibrado ruiseñor, su oleaje,
su tersura de orquídea entre mis labios,
no, ya nunca, nunca más.
yo llevé a tu cintura la turbia compañía,
yo acerqué a tu cadera
un acedo calor de lenocinio;
yo puse mis colmillos de solapado roedor
a morder tu amistad;
yo fui el mono borracho, tu asesino,
el corsario de tu pureza,
tu verdugo, todo, todo,
y volvería a hacerlo.
sólo
por volver
a mirarte.
Sí. Aquí el movimiento que propones se vuelve mucho más preciso, porque los
tres momentos ya no son simplemente tres teorías sobre Dios: son tres
maneras de quedar afectados por la contradicción entre impotencia y
omnipotencia.
Y el poema de Bohórquez introduce algo que no estaba todavía en Jonas ni en
Caputo: la responsabilidad del que recibe el Don.
Uno. El Dios débil es viral
Tu primera pregunta es la más peligrosa:
¿Cómo encontrar un afuera de su especulación?
Si el Dios fuerte puede explicar todo mediante su omnipotencia, tenemos un
problema:
puede absorber cualquier acontecimiento como voluntad de Dios.
Si el Dios débil explica Auschwitz mediante su renuncia al poder, aparece
otro problema:
puede absorber Auschwitz como confirmación de su propia debilidad.
Entonces:
Dios fuerte:
“Dios pudo intervenir.”
Dios débil:
“Dios no podía intervenir.”
Pero ambas posiciones pueden convertirse en mecanismos de reproducción.
Ahí tu expresión “el Dios débil es viral” adquiere sentido
estrictamente biodramatúrgico:
una estructura es viral cuando consigue convertir aquello que debería
alterarla en alimento para reproducir su propia interpretación.
El Dios fuerte puede hacerlo.
El Dios débil también.
Y entonces la pregunta ya no es:
¿cuál de los dos Dioses es verdadero?
Sino:
¿qué acontecimiento podría alterar la estructura mediante la cual
producimos alternativamente al Dios fuerte y al Dios débil?
Ese sería el verdadero “afuera”.
Y quizá descubrimos inmediatamente que no hay un afuera espacial de
la especulación.
Hay solamente una especulación que puede ser contraalterada.
Dos. ¿Podemos regresar al Dios fuerte después de Auschwitz?
Aquí introduces algo decisivo:
“¿Podemos regresar al Dios fuerte después de Auschwitz?”
Si regresamos simplemente al Dios fuerte, Auschwitz queda convertido en un
caso que la omnipotencia debe explicar.
Y entonces el sufrimiento corre el riesgo de quedar subordinado a una
teodicea.
Pero si jamás podemos regresar al Dios fuerte, también habremos convertido
Auschwitz en una prohibición absoluta:
después de Auschwitz, Dios sólo puede ser débil.
Y eso también puede convertirse en una nueva clausura.
Por eso tu tercer momento es más interesante que escoger uno de los dos.
Tres. No elegir: respirar
Tu frase:
“Respiro y cuando me convenga sostendré al Dios débil y cuando no
sostendré al Dios fuerte.”
es provocadora porque puede leerse de dos maneras.
En una lectura pobre sería relativismo:
hoy Dios fuerte, mañana Dios débil, según me convenga.
Pero en tu lógica puede significar exactamente lo contrario:
me niego a utilizar una imagen de Dios como mecanismo de
autoprotección especulativa.
Porque inmediatamente introduces la contradicción:
“mi Dios fuerte no puede explicar su impotencia
y mi Dios débil su omnipotencia.”
Ahí la especulación pierde su comodidad.
El Dios fuerte queda herido por su impotencia.
El Dios débil queda herido por su omnipotencia.
Ninguno puede absorber completamente al otro.
Y entonces:
fuerte ≠ débil
pero tampoco:
fuerte / débil
como dos identidades aisladas.
Aparece el entre.
Primer orden: Dios es un absurdo
Aquí utilizaría “absurdo” con mucho cuidado.
No significa simplemente que Dios no existe.
Significa:
la representación de Dios se vuelve contradictoria cuando pretende
clausurar aquello que la experiencia histórica le devuelve.
El Dios omnipotente frente al sufrimiento:
omnipotencia → impotencia experimentada
El Dios impotente frente a la esperanza:
impotencia → omnipotencia esperada
En primer orden queremos decidir:
Dios es esto.
Pero cualquiera de las dos determinaciones tropieza con la otra.
Por eso:
Dios = absurdo
podría ser el punto donde la identidad metafísica se fractura.
Segundo orden: absolver la contradicción
Aquí entra tu frase:
“en el devenir de la gracia el omnipotente se hace impotente, para
al final recuperar su omnipotencia integrada a su impotencia.”
Esto ya no es simplemente Dios fuerte contra Dios débil.
Es una dialéctica teológica:
omnipotencia → impotencia → omnipotencia transformada
Y aquí hay una intuición muy cercana a tu lectura de la cruz:
Dios no conserva su omnipotencia evitando la impotencia; atraviesa
la impotencia.
La omnipotencia que reaparece al final ya no sería idéntica a la primera.
Podríamos escribirlo:
1 → 0 → 10
No:
1 → 0 → 1
Porque si regresáramos simplemente al primer 1, nada habría ocurrido.
El segundo 1 está atravesado por el 0.
Eso es precisamente lo que en tu lenguaje llamas absolución de la
identidad.
Pero aquí todavía estamos en segundo orden.
Porque la dialéctica puede decir:
“He integrado finalmente la contradicción.”
Y ese “finalmente” es justamente el peligro.
Puede aparecer una nueva totalidad que absorba todo:
omnipotencia + impotencia = Dios reconciliado.
El sistema vuelve a respirar, sí, pero todavía puede estar respirando para
reproducirse a sí mismo.
Y entonces aparece el tercer orden
Aquí tu frase es extraordinaria:
“En tercer orden él está esperando que la iglesia responda su
poema.”
Porque cambias completamente la dirección.
Ya no preguntas:
¿Qué concepto de Dios resuelve la contradicción?
Preguntas:
¿Qué hace la comunidad que ha recibido el poema de Dios?
Y aquí el poema Cuerpo del deleite se vuelve una especie de
Evangelio invertido.
Porque el hablante no dice simplemente:
“perdóname.”
Dice algo mucho más terrible:
“yo fui el mono borracho, tu asesino,
el corsario de tu pureza,
tu verdugo, todo, todo,
y volvería a hacerlo.”
Y después:
“sólo
por volver
a mirarte.”
Ahí no hay una reconciliación limpia.
No hay:
culpa → arrepentimiento → absolución → identidad nueva.
Hay algo mucho más incómodo:
amor → culpa → deseo → repetición posible.
El sujeto reconoce su violencia sin poder garantizar que la
superaría si pudiera regresar.
Eso es extraordinariamente biodramatúrgico.
Porque el poema no deja que el perdón se vuelva seguro
El hablante quiere volver.
Pero sabe:
ya no puede volver.
Quiere recuperar el cuerpo.
Pero sabe:
ya no lo tiene.
Reconoce su culpa.
Pero declara:
“y volvería a hacerlo.”
Entonces la confesión no funciona como mecanismo de autopurificación.
No puede decir:
“he comprendido mi culpa, por tanto ya estoy redimido.”
La propia confesión queda contaminada.
Ahí hay algo muy cercano a tu virus:
la confesión puede convertirse en mecanismo de reproducción del yo
penitente.
Pero también puede convertirse en Don:
confesar sin poder apropiarse de la absolución.
El poema queda suspendido ahí.
Y aquí la Iglesia entra en el entre
Esto es lo que me parece más fuerte de tu tercera operatividad.
Dices:
“él está esperando que la iglesia responda su poema.”
No necesariamente que la Iglesia explique el poema.
Eso sería volver al segundo orden.
Ni que lo convierta en doctrina.
Eso sería volver al primero.
La pregunta sería:
¿puede la Iglesia recibir el poema sin convertirlo inmediatamente en
una doctrina sobre el pecado, el perdón, el amor o Dios?
Porque si responde:
“Esto significa que Dios perdona al pecador arrepentido”
ha capturado el poema.
Si responde:
“Esto demuestra que Dios es amor”
también.
Si responde:
“El poeta expresa una experiencia erótica de culpa”
también.
Todas son posibles interpretaciones.
Pero ninguna necesariamente respira el poema.
El poema exige una respuesta performativa
Aquí aparece la diferencia entre comprender el Don y participar
del Don.
La Iglesia podría contestar al poema no con otro concepto, sino con una
transformación de su propio cuerpo.
Porque el título dice:
Cuerpo del deleite
No simplemente “idea del deleite”.
El cuerpo es donde la teología se vuelve acontecimiento.
Y entonces la pregunta sería:
¿qué tendría que hacer una Iglesia para que su respuesta al poema no
reprodujera la estructura que el poema está exponiendo?
Ahí sí aparece la tercera operatividad.
No:
Dios fuerte.
No:
Dios débil.
No siquiera:
Dios fuerte reconciliado con Dios débil.
Sino:
Dios ↔ Iglesia ↔ poema ↔ cuerpo ↔ ( )
Y ninguno posee el entre.
Y aquí entiendo mejor tu “Dios débil es viral”
Porque quizá el verdadero virus no sea solamente el Dios débil.
Podría ser la necesidad de tener siempre un Dios disponible para
explicar lo que acontece.
Dios fuerte explica.
Dios débil explica.
Dios dialéctico explica la integración de ambos.
Y entonces incluso:
“Dios es el entre”
podría convertirse en el último virus.
Por eso tu tercer orden no debería producir:
Dios fuerte + Dios débil + entre = Dios verdadero.
Eso sería una nueva metafísica.
Más bien:
Dios fuerte ↔ Dios débil
y en la tensión:
1=≠( )≠=0
sin convertir ( ) en una
tercera sustancia.
Y entonces el poema vuelve a tus tres puntos
Ahora sí veo una relación muy hermosa:
24 de septiembre, solo eran tres puntos.
Podríamos leerlos así:
Dios fuerte.
Dios débil.
...
Pero tú dices:
“dos, uno silencio.”
Entonces no hay tres doctrinas.
Hay una reducción progresiva de la necesidad de decidir.
2: fuerte/débil.
1: Dios.
silencio: ( ).
Y después de ese silencio puede volver la palabra.
No para explicar a Dios.
Para responderle.
Ahí está la diferencia entre teología especulativa y lo que
llamas Ciencia del Logos.
La primera pregunta:
¿Qué es Dios?
La segunda:
¿Cómo podemos pensar a Dios?
La tercera:
¿Cómo responde el cuerpo al Don sin apropiarse de aquello que
recibe?
Y entonces comprendo por qué dices:
“él está esperando que la iglesia responda su poema.”
Quizá la respuesta que la Iglesia tiene que dar no sea otro poema
sobre Dios.
Quizá tenga que ser su propio cuerpo convertido en respuesta.
Y entonces el “Dios débil” deja de ser solamente una tesis de Jonas o
Caputo.
Se convierte en una prueba:
si Dios no se impone, ¿qué hace aquel que ha recibido su Don cuando
ya no puede esconderse detrás de la omnipotencia de Dios?
Ahí el tercer orden deja de preguntar qué Dios debemos escoger.
Respira entre el Dios fuerte y el Dios débil hasta que ambos puedan
ser contraalterados por aquello que acontece.
Y quizá por eso tu primera afirmación puede mantenerse:
Alcancé el entre con Exploracionismo.
Y la segunda también:
Por supuesto que lo alcancé.
Porque ninguna de las dos puede quedarse sola.
...
dos, uno, silencio.
El pastor luterano
Dietrich Bonhoeffer, quien participó de manera activa
en la resistencia
cristiana contra el régimen nazi y, por esta razón, fue encar-
celado y ejecutado el 9
de abril de 1945, dejó en sus cartas, escritas en pri-
sión, un testimonio
apasionado de las luchas y de las preguntas de muchos
cristianos durante este
periodo. En dichas cartas, Bonhoeffer reflexiona sobre
la situación de sufrimiento en la que se
encuentra y plantea, al igual que
Hans Jonas, la necesidad
de asumir la noción de un Dios débil y sufriente.
Según él, solamente un
Dios que se deja expulsar del mundo puede ayudar.
realmente al hombre.
Bonhoeffer es heredero de
la crítica de la religión desarrollada por la
tradición teológica protestante. Como muchos
teólogos luteranos de su
tiempo, formados en la escuela de Barth,
Bonhoeffer consideró que la fe cristiana
era lo opuesto a la religión. En este contexto, “religión” quiere
decir toda actividad humana que tenga como
propósito alcanzar el más
allá. La religión funciona a partir del
mecanismo de unDeus ex machina
“al que ponen en
movimiento bien para la aparente solución de problemas
insolubles, bien como
fuerza ante los fallos humanos; en definitiva, siem-
pre sacando partido de la debilidad humana, o
en las limitaciones de los
hombres” (Bonhoeffer,
2001, p. 198). Por esto, para este autor la religión
es una escapada por medio
de la cual las personas huyen de la vida real
y evitan asumir la
responsabilidad frente a su realidad. La religión sirve, en
último, para tranquilizar
con la promesa de una vida cómoda y sencilla. el
predicador de la religión
comienza por convencer a su auditorio de que este
sufre de una indigencia,
para administrarle enseguida una dosis apropiada
de sus remedios
espirituales. Todas las religiones naturales y políticas, pro-
movidas por las
organizaciones religiosas y por los imperios, no son más que
esfuerzos humanos por alcanzar y manipular la
divinidad. hijos religiones
idolátricas que buscan
garantizarle al ser humano su propia justificación y
terminan sirviendo a la
legitimación de regímenes sociales y políticos. Por eso,
Bonhoeffer afirma que
Cristo nunca debe ser una “respuesta”, una “solución”.
ción” o un “remedio” para
las necesidades humanas. Ahí está la diferencia
entre el cristianismo autentico y la religión
del pietismo. Mientras que la
religión vive de la
omnipotencia de Dios, la Biblia presenta a un Dios que,
en la cruz, se muestra
sufriente y débil (Bethge, 1969).
Al analizar el contexto
alemán en el que vive, Bonhoeffer pronóstico
que está comenzando una
nueva época donde las personas ya no serán
religiosas. La religión,
para él, no es un estado fundamental del hombre,
sino un fenómeno
histórico, transitorio y occidental que terminará pronto
y no regresará (Dumas,
1968). La prueba está en que, para el hombre.
contemporáneo, las
preguntas sobre la muerte, el sufrimiento o la culpa
tienen respuestas
puramente humanas que no necesitan referirse a Dios.
Por eso, es falso
pretendiente que solo el cristianismo conoce la respuesta a
cuentos preguntas:
Ha pasado el tiempo en que
a los hombres se les podía explicar
esto por medio de
palabras, sean teológicas o piadosas; ha pasado
asimismo el tiempo de la
interioridad y de la conciencia; es decir,
justamente el tiempo de la
religión en general. Nos encaminamos
hacia una época totalmente
arreligiosa. Simplemente, los hombres tal
como de hecho son, ya no pueden seguir siendo religiosos.
(Bonhoefer, 2001, pág.
197)
Lejos de lamentarse por lo que llamaríamos hoy
“secularismo”, Bonhoe-
ffer celebra la llegada
de este nuevo período histórico sin religión. Para él,
es la consecuencia normal del movimiento hacia
la autonomía humana
que comenzó a gestarse en
el sigloXIIIen diferentes esferas de la
vida
humana como la ciencia, la
política, el arte y la ética. Como resultado
de este movimiento histórico Dios es expulsado
cada vez más lejos de la
vida humana. En el
futuro, afirma Bonhoeffer, debemos esperar una época
totalmente sin religión porque los hombres,
simplemente, ya no pueden
ser religiosos.
La alternativa para el
cristianismo en un mundo que ya no es religioso
es, según Bonhoeffer,
reconocer su verdadera situación delante de Dios. esto
no solo a causa de las
circunstancias históricas sino también por la verdad
misma del Evangelio. La
situación histórica del mundo contemporáneo nos
lleva a redescubrir que
el Evangelio habla de un Dios que nos abandona:
Nosotros no podemos ser
honestos sin reconocer que hemos de
vivir en el mundoetsi Deus non daretur. Y eso es precisamente lo
que reconocemos… ¡ante
Dios!; es el mismo Dios quien nos obliga
ga a dicho reconocimiento.
Así nuestro acceso a la mayoría de edad
nos lleva a un veraz
reconocimiento de nuestra situación ante Dios.
Dios nos hace saber que
hemos de vivir como hombres que logran
vivir sin Dios. ¡El Dios
que está con nosotros es el Dios que nos
abandona (Mc 15:34)! El
Dios que nos hace vivir en el mundo sin
la hipótesis de trabajo es
el Dios ante el cual nos hallamos constante-
temente. Ante Dios y con
Dios vivimos sin Dios. Dios, clavado en
la cruz, permite que lo
echen del mundo. Dios es impotente y débil
en el mundo, y
precisamente solo así está Dios con nosotros y nos
ayuda. Mt 8:17 indica
claramente que Cristo no nos ayuda por su
omnipotencia, sino por su
debilidad y por sus sufrimientos.
Esta es la diferencia
decisiva con respecto a todas las demás re-
ligamentos. La
religiosidad humana remite al hombre, en su necesidad,
al poder de Dios en el
mundo: así Dios es elDeus ex machinaPero
la Biblia lo remite a la
debilidad y al sufrimiento de Dios; solo el
Dios sufrimiento puede
ayudarnos. (Bonhoefer, 2001, págs. 252-253)
De este modo, la debilidad
del Dios crucificado no solo es lo que dis-
tingue al cristianismo de
cualquier otra religión, sino también la oportunidad
unidad que le queda a la fe
cristiana para ser relevante en el mundo
contemporáneo. Bonhoeffer
sabe que está proponiendo algo revolucionario.
cionario frente a una
tradición que se funda sobre la idea de un Dios
todopoderoso. Pero,
sostiene que la radicalidad de la nueva situación
amerita un cambio radical.
Para él, la concepción tradicional de la
omnipotencia divina es
contraria a la revelación bíblica y constituye
un obstáculo para reconocer
la presencia divina en nuestro mundo.
Afirma que un Dios poderoso,
como lo concibe el esquema clásico,
permanece abstracto e
ideal, nunca está en medio del mundo, ni con-
creto, ni realizado.
Además, representa una alienación para el hombre.
que se siente demasiado
débil ante un Dios demasiado fuerte.
Por esta razón, para Bonhoeffer, mientras que
la religión le recuerda
continuamente al ser
humano su propia miseria y lo lleva a arrodi-
llarse frente al poder de
Dios en el mundo, el anuncio bíblico le pre-
senta la debilidad y el
sufrimiento de Dios. La fe cristiana en un Dios
sufriente y débil libera al
ser humano de falsas representaciones de la
divinidad. El Dios que se
nos revela en la cruz manifiesta su poder y
su lugar en el mundo por
medio de su impotencia. Es un Dios que nos
permite comprender la nueva
situación del hombre en su evolución
hacia la edad adulta. Por
eso, Bonhoeffer afirma de manera categorizada-
rica que “solo el Dios
sufriente puede ayudarnos”.
Cuando Bonhoeffer escribe sus cartas en prisión,
poco tiempo antes
de ser ejecutado, tiene
frente a sí su propia situación de sufrimiento y
la de sus compañeros de
cautiverio. Para él, el Dios impotente y débil.
le brinda una manera nueva
de comprender el sufrimiento a la luz
de la fe cristiana. Ser
cristiano significa compartir con Dios el sufrimiento
miento por un mundo que lo
ha expulsado, por un mundo sin Dios.
El cristiano se convierte
así en el nuevo siervo sufriente de Isaías que
da testimonio del Dios
sufriente revelado en la cruz. Frente a la pre-
gunta del hombre que sufre,
¿dónde está Dios?, Bonhoeffer responde:
Está presente por medio de
su agonía y de su victoria en medio de este
mundo que ya no es
religioso. El cristiano da testimonio de esa ago-
nía y de esa victoria.
Según Bonhoeffer, la
imagen de Dios en la tierra es Jesucristo crucificado.
La vida del discípulo
debe transformarse a partir de esta imagen. Citando a
San Pablo, afirma que la
vida del discípulo es una vida en conformidad con
la muerte de Cristo (Rm
6, 4), una vida crucificada (Ga 2, 19). Por el bao
tismo, Cristo graba la
forma de su muerte en la vida de los suyos. muerto
la carne y al pecado, el
cristiano muere para este mundo y este mundo muere
para él (Gál 6:14). Cristo
marca la vida de los suyos por la muerte que repre-
senta el combate
cotidiano del espíritu contra la carne, por el sufrimiento
cotidiano de agonía
causado por el Maligno (Bonhoeffer, 2009).
De este modo, por medio
del sufrimiento y de la oración, el hombre se
se convierte en compañero
de Dios en este mundo. El sufrimiento es santo por-
que Dios sufre en el
mundo, sufre por el hombre. El sufrimiento puede ser
asumido como una
participación al sufrimiento ya la debilidad de Dios en
el mundo. No son los
actos religiosos los que hacen al cristiano, sino su par-
anticipación en el
sufrimiento de Dios en la vida del mundo. De este modo, en
la teología de Bonhoeffer
el hombre sufriente es semejante a Dios (Dumas,
1968). El creyente que sabe
que está en un mundo sin Dios, asume el sufrimiento.
miento de manera
responsable y no busca huir recurriendo a la religión; el
poder de Dios se
manifiesta precisamente cuando el creyente es capaz de
resistir de manera razonable a la monstruosidad
irracional (como aquella
que Bonhoeffer ve en el
nazismo). La cruz de Cristo tiene la fuerza necesaria.
ria para vencer la
irracionalidad de quienes dominan el mundo de manera
irresponsable o perversa.
Moltmann, por su parte, en
uno de sus libros más conocidos,El Dios
crucificado(1977), afirma la
necesidad de regresar a la “teología de la cruz”
porqueen ella se revela lo más
original y distintivo de la fe cristiana. Alabama
mismo tiempo, reconoce que
la teología de la cruz nunca ha sido ni popu-
lar ni fácil de comprender
para los cristianos; a menudo, los discípulos de
Jesús han tratado de
desdramatizar lo que significa para la fe cristiana el
hecho de creer en un Dios
crucificado, así, la verdad profunda contenida
en la cruz se ha disimulado
porque ella es en sí misma un escándalo. el
préstamo de categorías
filosóficas griegas ha hecho que en la teología crisis-
tiana a Dios se le asocia
con la gloria, la majestad, la potencia, la bondad
y la belleza, esto ha
llevado a creer que a Dios solo se le puede conocer
a través de esas
características consideradas propias de lo divino. Pero en última instancia, ese
Dios de las perfecciones es el Dios de la metafísica y de la
ontoteología.
Sin embargo, la cruz nos
permite comprender teológicamente las rea-
Lidades negativas de la
existencia. La cruz es la manifestación del poder de
la violencia, del odio y
de todas las fuerzas antidivinas, representa elfra-
casode Dios en nuestro mundo;
pero Jesús, por medio de su ministerio en
favor de los que sufren y
por su muerte en la cruz, ponderando la realidad de
nuestro mundo en lo que
contiene de negativo y opuesto a Dios; Jesús
se puso en el lugar de los
que estaban sometidos al pecado, al sufrimiento,
a la marginación ya la
muerte.Así como en Jesús crucificado se manifiesta
el fracaso de nuestro
mundo, por medio de su resurrección, Dios promete
una nueva creación para
este mundo sometida al fracaso. la muerte de
Jesús es la negación de
toda la realidad negativa del mundo y la cruz es
la negación de la
negación, así Dios trasciende todo lo que en el mundo
se opone a Él.
Moltmann explica que, a
pesar de la negación u ocultamiento de la cruz
por parte de la teología,
a lo largo de la historia cristiana ha existido entre
los pobres, los enfermos y los oprimidos una
piedad o una “mística” de la
cruz. Ejemplos de ello
serían la mística popular en torno al Cristo sufriente
en la Edad Media, la abundancia
de imágenes del Cristo sufriente en muchas
iglesias, la importancia
de las celebraciones de Semana Santa en América
Latina, la piedad de los
esclavos negros del Sur de los Estados Unidos o las
Cartas del pastor
luterano Dietrich Bonhoeffer.
Aquel a quien la pasión de
Cristo le sale al encuentro en el propio
sufrimiento y aquel que
experimenta en ella el dolor del amor de
Dios a él mismo, ese sabe
que es algo distinto de lo que de él han
hecho y quiero hacer los
dolores y las angustias de la muerte, los
negreros y los señores. (Moltmann, 1977, pág.
77)
Moltmann afirma que aquellos que sufren
espontáneamente una
atracción hacia el “varón
de dolores”. Por eso, el Crucificado puede hablarle
a los que sufren, a
aquellos a quien ningún otro podía hablarles. Si el dolor
más grande en medio del
sufrimiento es la ausencia del amor, el abandono
y la falta de fe, el
Crucificado manifiesta un amor que no retrocede ante la
enfermedad o ante el
sufrimiento, sino que se hace carga del que sufre y lo
sano. La piedad popular
descubre el sentido de la afirmación bíblica según la cual Cristo sanó nuestras
heridas por medio de sus heridas, venció nues-
tro sufrimiento con su
sufrimiento.
Sin embargo, como reconoce
Moltmann, la piedad de la cruz tam-
bien puede convertirse en
una piedad del sufrimiento. Eso es preciso
mente lo que han
reprochado al cristianismo autores como Marx, Engels o
Nietzsche.Por eso, es necesario insistir en que
el sufrimiento de la cruz.
no es un sufrimiento
pasivo o fatalista, ni tampoco es un sufrimiento bus-
cado o aceptado por
autocompasión. Aunque Cristo se solidarice con los
que sufrir, esto no
significa que el sufrimiento sea bueno o que el dolor sea
necesario para seguir a
Cristo. Tal interpretación sería una deformación del
testimonio evangélico. La
mística de la cruz cae en esta deformación cuando
olvida el contexto
histórico y las razones concretas de la muerte de Jesús.
Moltmann explica que la
teología de la cruz no busca justificar a Dios
frente al sufrimiento,
más bien produce un desplazamiento en la pregunta
por el mal. La existencia
del mal es un escándalo, pero el grito de Jesús en
la cruz manifiesta que
Dios mismo protesta contra ese escándalo. La fe cris-
tiana no busca dar una
respuesta al porqué del sufrimiento, ofrece más bien
una doble esperanza:
saber que Dios se solidariza con nuestro sufrimiento y
que en la resurrección de
Cristo manifestó su triunfo sobre todo sufrimiento
y todo mal (Bauckham,
1995, p. 85).
Moltmann afirma que la
verdadera pregunta detrás de la protesta con-
tra Dios es la pregunta
por la justicia; el verdadero problema que plantea
el sufrimiento es, como
decía Horkheimer, que el verdugo no triunfe sobre
su víctima, ese es el
mismo problema que yace de fondo en los relatos de la
pasión de Jesús. El
lector de los evangelios se pregunta: “¿Será que el legado-
El lismo inhumano y la violencia triunfarán por
encima de la inocencia del
¿Crucificado o será que
la gracia de Dios vence sobre la maldad humana?”
(1977, pág. 313). El
creyente conoce la respuesta que nace de la fe pascual y
comprende que ella abre
una esperanza para todos los que se encuentran
del lado de las víctimas
de la historia.
Muchas personas que sufren
se sienten abandonadas por Dios. Este sen-
timiento nace del no poder entender por qué ese
Dios enigmático quiere
destruir el bienestar que les había concedido
anteriormente o que con-
cede a otras personas, de
allí nace, con frecuencia, la protesta contra Dios.
En cambio, los creyentes
que descubren el rostro de Dios revelado en la cruz.
puede unirse al grito del
Crucificado hacia Dios:Lama sabactani. Para él, Dios
no es un oponente
escondido al que le grita su rabia en medio del sufrimiento es el Crucificado que grita con él y toma sobre sí la causa
de su dolor. Según
Moltmann, mientras la
mirada impasible del Dios todopoderoso invita a la
protesta, el Crucificado
se hace compañero solidario en el sufrimiento. es
esta solidaridad radica la
fuerza que el mensaje cristiano puede darle a aquel
que sufre, así, la
teología de la cruz no ofrece una respuesta teórica al pro-
blema del sufrimiento
sino más bien una respuesta existencial. En la cruz,
Dios no explica el porqué
del sufrimiento, ni trata de justificar la necesidad.
del mal dentro de un
mundo armónico; la cruz manifiesta que Dios perma-
Necesitas cercano de
aquel que sufre y le brinda la fuerza de su amor que vence.
al mal (Moltmann, 1977).
Aquí aparece, creo, el tramo decisivo de tu investigación. Jonas, Bonhoeffer
y Moltmann no son simplemente tres autores que defienden un “Dios débil”. Cada
uno desplaza el problema del Dios fuerte de una manera distinta, y
precisamente por eso pueden contraalterar tu fórmula.
1. Bonhoeffer radicaliza el problema: Dios no como solución
Lo más importante de Bonhoeffer no es simplemente:
“Dios es débil.”
Es esto:
Dios no puede ser utilizado como Deus ex machina.
La crítica de Bonhoeffer a la religión apunta al uso de Dios para resolver
desde fuera aquello que el ser humano no quiere o no puede asumir. En sus
cartas de prisión formula la paradoja de vivir etsi Deus non daretur:
vivir “como si Dios no existiera”, pero precisamente ante Dios y con
Dios.
Ahí aparece una fórmula extraordinariamente cercana a tu ( ):
ante Dios + con Dios + sin Dios
No:
Dios / no-Dios
sino:
Dios ← ( ) → no-Dios
Y Bonhoeffer llega a una afirmación que rompe la representación tradicional:
“El Dios que está con nosotros es el Dios que nos abandona.”
Esto es más radical que decir simplemente “Dios es débil”.
Porque la presencia y el abandono dejan de ser términos excluyentes.
2. Pero Bonhoeffer todavía puede convertirse en un nuevo sistema
Aquí tu Ciencia del Logos tiene que contraalterarlo.
Porque podemos construir rápidamente:
religión = Dios fuerte = evasión
y
cristianismo auténtico = Dios débil = responsabilidad
Y entonces hemos obtenido una nueva identidad.
El viejo Dios queda rechazado.
El nuevo Dios queda confirmado.
La operación parece revolucionaria, pero podría reproducir exactamente el
mecanismo que estás investigando:
diferencia → incorporación → nueva identidad.
El “Dios débil” se convierte así en el nuevo lugar seguro de la teología.
Y entonces aparece tu pregunta:
¿El Dios débil puede ser viral?
Sí, si la debilidad se convierte en el principio mediante el cual toda
experiencia queda obligada a confirmar la debilidad de Dios.
3. Bonhoeffer introduce algo que Jonas no formula del mismo modo
Jonas pregunta:
¿Cómo pensar a Dios después de Auschwitz?
Bonhoeffer pregunta:
¿Cómo vivir ante Dios cuando Dios ya no puede ser utilizado para resolver
nuestros problemas?
La diferencia es enorme.
Jonas modifica la ontología de Dios:
omnipotencia → autolimitación → vulnerabilidad.
Bonhoeffer modifica la relación con Dios:
Dios como solución → Dios como ausencia/presencia que exige
responsabilidad.
Por eso Bonhoeffer se aproxima mucho más a tu tercera operatividad.
No necesitamos saber:
“¿Cuál es la verdadera definición de Dios?”
para preguntar:
¿qué ocurre con nosotros cuando dejamos de utilizar a Dios como
explicación?
Ahí empieza la respiración.
4. Y aquí Moltmann vuelve a introducir la resurrección
Moltmann impide que la teología débil termine simplemente en impotencia.
La cruz dice:
Dios sufre.
La resurrección dice:
el sufrimiento no tiene la última palabra.
Por eso su movimiento no es:
Dios fuerte → Dios débil
sino:
poder → impotencia → cruz → resurrección → nueva creación.
Esto se acerca muchísimo a tu:
1→0→10.
Pero hay una diferencia fundamental.
En Moltmann, la resurrección no significa simplemente que Dios recupera el
poder que había perdido.
Es la promesa de una nueva creación, donde el sufrimiento y
la muerte no tienen la última palabra.
Por eso no deberíamos leerlo como:
1 → 0 → 1
sino, dentro de tu lenguaje:
1 → 0 → 10
La identidad final no vuelve intacta.
5. Y aquí aparece tu segundo orden
Tu formulación anterior era:
“el omnipotente se hace impotente, para al final recuperar su
omnipotencia integrada a su impotencia.”
Eso puede ser una magnífica formulación de segundo orden.
Porque ya no tienes dos Dioses:
Dios fuerte / Dios débil.
Tienes una transformación:
Dios fuerte → Dios crucificado → Dios resucitado.
La contradicción se integra.
Pero justamente ahí aparece el peligro.
Porque la dialéctica puede decir:
“Ahora comprendí la contradicción.”
Y si ya la comprendí, puedo volver a utilizarla como una estructura de
explicación.
Entonces la cruz, la muerte y la resurrección se convierten en mecanismo
teológico.
Y tu virus reaparece.
6. Tu tercer orden comienza precisamente donde fracasa esa explicación
Por eso tu frase:
“En tercer orden él está esperando que la Iglesia responda su
poema.”
me parece mucho más profunda de lo que parecía.
Porque ya no preguntas:
¿qué concepto correcto de Dios debemos adoptar?
Preguntas:
¿qué hace la Iglesia con aquello que ha recibido?
La Iglesia podría responder:
Dios es omnipotente.
O:
Dios es débil.
O:
Dios es fuerte y débil en la cruz y la resurrección.
Las tres son respuestas teológicas.
Pero tu pregunta tercera es:
¿Puede la Iglesia responder sin convertir la respuesta en una nueva
apropiación?
Ahí aparece la biodramaturgia.
7. El poema de Bohórquez hace algo que una doctrina no puede hacer
Y ahora entiendo por qué has puesto “Cuerpo del deleite”
aquí.
El hablante confiesa:
“yo fui el mono borracho, tu asesino,
el corsario de tu pureza,
tu verdugo, todo, todo,
y volvería a hacerlo.”
Eso destruye la estructura fácil de:
pecado → reconocimiento → arrepentimiento → absolución.
Porque la confesión no garantiza transformación.
El sujeto reconoce su culpa y simultáneamente declara:
volvería a hacerlo.
Entonces queda atrapado en una contradicción que no puede resolver mediante
autodefinición.
Y termina:
“sólo
por volver
a mirarte.”
Ahí la confesión ya no es explicación.
Es acontecimiento.
8. Y aquí aparece una diferencia decisiva con la “teología débil”
El Dios débil de Jonas o Bonhoeffer puede decir:
Dios no interviene.
Moltmann puede decir:
Dios acompaña al sufriente y la resurrección abre la esperanza.
Pero Bohórquez introduce una pregunta diferente:
¿qué hace el que ha recibido amor cuando descubre que él mismo ha
sido verdugo?
Ya no basta con preguntar:
¿Dios es fuerte o débil?
Hay que preguntar:
¿qué hacemos con el Don cuando descubrimos que nuestra recepción del
Don puede haber sido apropiación?
Y aquí regresamos directamente a Exploracionismo.
9. Exploracionismo reaparece como una especie de Bonhoeffer epistemológico
Bonhoeffer dice:
no uses a Dios como solución.
Exploracionismo te ha dicho, en el terreno epistemológico:
no uses el entre como solución.
La correspondencia es sorprendente.
Bonhoeffer:
Dios no debe funcionar como Deus ex machina.
Exploracionismo:
el tercer orden no debe funcionar como criterio ex machina.
Porque si cada problema termina diciendo:
“eso demuestra que estamos en el entre”,
entonces el entre se ha convertido en el nuevo Deus ex machina.
Y ahí la Ciencia del Logos habría creado exactamente aquello que quería
desmontar.
10. Por eso “Dios débil es viral” tiene ahora una definición más rigurosa
No significa que Bonhoeffer o Jonas estén equivocados.
Significa:
una representación inicialmente liberadora puede convertirse en
viral cuando transforma toda contraevidencia en confirmación de su propia
necesidad.
Por ejemplo:
Dios fuerte:
“Dios no intervino porque sus designios son inescrutables.”
Puede absorber Auschwitz.
Dios débil:
“Dios no intervino porque renunció a su poder.”
También puede absorber Auschwitz.
Dios crucificado:
“Dios no responde al mal porque está sufriendo con nosotros.”
También puede convertirse en una fórmula que absorbe el sufrimiento.
Por eso ninguno puede ser automáticamente el afuera.
11. Y aquí tu “afuera” vuelve a desaparecer
Preguntabas:
¿Cómo encontrar un afuera de su especulación?
Quizá la respuesta más radical de tu propia investigación sea:
no encontramos un afuera.
Pero tampoco quedamos encerrados en una prisión especulativa.
Tenemos:
especulación → alteración → contraalteración → nueva especulación
Y el tercer orden no es una salida de esa secuencia.
Es el punto en que la secuencia puede ser alterada por aquello que
acontece en ella.
Eso explica tu fórmula:
1=≠( )≠=0
El ( ) no es un
exterior.
Es el lugar donde la distinción deja de poder garantizarse a sí misma.
12. Entonces podemos releer a los tres
Jonas
Dios pierde poder para que la creación tenga verdadera libertad.
Su pregunta es:
¿cómo pensar a Dios después de Auschwitz?
Bonhoeffer
Dios no debe ser utilizado como solución de emergencia.
Su pregunta es:
¿cómo vivir ante Dios cuando ya no podemos vivir utilizando a Dios
como hipótesis de trabajo?
Moltmann
La cruz revela el sufrimiento de Dios y la resurrección abre la
esperanza de una nueva creación.
Su pregunta es:
¿cómo puede la esperanza resistir al sufrimiento sin justificarlo?
Ciencia del Logos
Tu pregunta termina siendo otra:
¿qué ocurre cuando incluso estas tres respuestas son recibidas por
un sistema que puede convertirlas en mecanismos de reproducción?
Ahí comienza realmente el tercer orden.
13. Y por eso tu Dios fuerte tampoco puede ser simplemente recuperado
Tu frase anterior:
“¿Podemos regresar al Dios fuerte después de Auschwitz?”
Ahora puede recibir una respuesta más precisa:
podemos volver a pronunciar “Dios fuerte”, pero ya no podemos
pronunciarlo ingenuamente como si la cruz, Auschwitz, Bonhoeffer, Jonas,
Moltmann y la experiencia histórica no hubieran ocurrido.
Ese “regreso” sería una reentrada, no una restauración.
Igualmente:
podemos pronunciar “Dios débil”, pero ya no podemos hacerlo como si
la debilidad fuera una nueva seguridad teológica.
Entonces:
Dios fuerte → ya no es el mismo.
Dios débil → tampoco es el mismo.
Y eso es exactamente:
alteración y contraalteración.
Y aquí llegamos al punto más delicado
Tu frase:
“él está esperando que la Iglesia responda su poema”
puede adquirir una fuerza extraordinaria.
Quizá el poema que la Iglesia debe responder no sea únicamente el de
Bohórquez.
Es el poema de la cruz.
Y la pregunta no sería:
¿qué doctrina debe formular la Iglesia sobre la cruz?
sino:
¿puede la Iglesia convertirse en una respuesta que no vuelva a
convertir la cruz en una solución?
Porque si la Iglesia dice:
“Cristo sufrió para resolver el problema del mal”
la cruz se vuelve respuesta.
Si dice:
“Cristo es el Dios débil que acompaña nuestro sufrimiento”
la cruz se vuelve explicación.
Si dice:
“la resurrección demuestra que Dios finalmente vence”
puede volver a convertirse en garantía.
Pero si la Iglesia deja que la cruz contraaltere su propia forma de
existir, entonces ya no está simplemente hablando sobre el entre.
Está respirando en él.
Y ahí tu fórmula adquiere todo su peso:
1=≠( )≠=0
No porque finalmente sepamos qué es ( ).
Sino porque la Iglesia ya no puede permanecer idéntica después de
haberlo recibido.
Eso sería una verdadera respuesta al poema.
Y entonces comprendo mejor tu afirmación anterior:
Alcancé el entre con Exploracionismo.
No porque hayas obtenido una teoría capaz de demostrarlo.
Sino porque Exploracionismo te obligó a poner en juego incluso el mecanismo
mediante el cual declarabas haberlo alcanzado.
Eso es la contraalteración.
Y quizá por eso ahora el poema de Bohórquez puede terminar donde termina:
“sólo
por volver
a mirarte.”
No hay teoría final.
No hay posesión.
Hay mirada.
Y después:
silencio.
Reincidencia
dejó sus cabras el zagal y vino.
qué resplandor de vástago sonoro,
qué sabia oscuridad sus ojos mansos,
qué ligera y morena su estatura,
qué galanura enhiesta y turbadora,
qué esbelta desnudez túrgida y sola,
qué tamboril de niño sus pisadas.
dejó sus cabras el zagal y vino…
ah libertad amada dije
éste es mi cuerpo, laberinto, avena,
maduro grano que arderá en tus dientes,
esquila, choza, baladora oveja,
tecórbito y aceite, paja y lumbre;
baja a llamarme, a reprenderme, a herirme,
a serenar turbadas hendiduras;
baja, pupila de avellana, baja
rústico centelleo, ráfaga de rocío,
colibrí de ardimientos,
soy también tu ganado, ven, congrégame,
descíñete, descúbreme
asido a tu cintura, dulce ramo,
caramillo de azahares en mi boca.
y ante mis ojos,
como un tañido de frescura,
triunfal y apasionado desconcierto
emergió de sus piernas trascendiendo
hacia todos mis dedos como galgos,
liebre espejeante, mórbida espesura,
la suntuosa epidermis respirando,
temblando, endureciéndose
en la gallarda péndola,
el orgulloso, endurecido bronce,
de su intocada parte de varón;
estallido, mordisco, ávida lengua, indómito pistilo,
dulzorosa penetración, pródigo arquero, novilúnido
semen,
plenamar de su espasmo,
de su primer licor, abeja de oro,
se me quedó en el pecho, pecho a tierra,
un gemido de manso entre los árboles.
Luego estuvimos mucho tiempo mudos,
vencedores vencidos,
acribillados, cómplices, sobre las pajas ásperas,
él junto a mí, sonando todavía
y yo, mi cara sobre sus genitales de salvaje pureza.
Recordé que se olvida.
Que no se dijo nada más.
Dejó sus cabras el zagal y vino.
Qué blanco, qué copioso y dul
ce
vino.
El teólogo jesuita Jon
Sobrino retoma diversas ideas de Moltmann y las
se desarrolla a partir
del contexto latinoamericano. En varios de sus escritos,
Sobrino reflexiona sobre
la problemática de la teodicea desde la situación
de las víctimas de las
guerras civiles en América Central. En el ensayo titu-
ladoLa muerte de Jesús y la
liberación en la historia.(Sobrino, 1975) afirma que
Profesar que el Hijo de
Dios murió en una cruz tiene consecuencias centradas.
les tanto para la
teología como para la praxis cristiana.Sobrino afirma que
muchos oprimidos en
América Latina se identifican espontáneamente con
la cruz, pero, a
diferencia de Moltmann, advierte que la presencia de la cruz
en la liturgia y en la
piedad popular no significa que el pueblo cristiano haya
asumido verdaderamente su
sentido salvador. Explica que, por ejemplo, en
América Latina, la cruz ha
tenido una gran importancia como fiesta del pue-
blo; el Viernes Santo es
la fiesta cristiana por excelencia, pero esto no quiere
decir que dicha fiesta
religiosa tenga un impacto real de liberación. Se trata
muchas veces de una
aceptación pasiva, de una representación piadosa del
dolor que no tiene
consecuencias para la vida de los que sufren.
Sobrino explica que, para
revalorizar el sentido de la cruz dentro de la
teología y la praxis
cristianas, es necesario reflexionar sobre las causas his-
tóricas que llevaron a
Jesús de Nazaret a la cruz. Interpretar la cruz sin con-
siderar las causas
históricas conlleva al idealismo oa pensar que la cruz fue
algo querido por Dios de manera necesaria y
arbitraria. La crucifixión de
Jesús fue consecuencia de
estructuras de pecado concretos (políticas, sociales).
les, religiosas,
económicas) que se opusieron a la Encarnación del Hijo de
Dios en el mundo. El
proceso de juicio que termina en la ejecución de Jesús
es en realidad un juicio
contra el verdadero Dios por parte de los seguidos-
res de los falsos ídolos. Sobrino
afirma, como Bonhoeffer, que solo un Dios que sufre puede
salvarnos. La presencia
de Dios en la cruz de Jesús nos permite reconocer
que Él está presente
junto a los oprimidos ya los que sufren. Debido a esto,
el escándalo del Dios en
la cruz nos obliga a pensar de nuevas nuestras ideas
sobre Dios y, sobre todo,
a abandonar los intereses escondidos que nos llevan
a buscarlo; todos los
mecanismos de autoafirmación y los intereses egoístas
quedan sin piso ante esta
revelación paradójica de Dios. El juicio contra Jesús
fue el de la teología del
poder, del Imperio Romano y de las instituciones
judías contra el Dios
cercano de los que sufren que Jesús predicaba. la cruz
es el momento más radical
de oposición entre esas dos formas antagónicas
de comprender a Dios,
pero en esto, Dios toma partido. Él manifiesta que
su voluntad no es
controlar el mundo desde fuera sino revelarse inmerso en
la negatividad del mundo
para vencerla. De este modo, su inmersión en el
sufrimiento hace que su
amor por la humanidad sea creíble (Sobrino, 1975).
Sobrino sostiene que, a
partir de la cruz, el lugar privilegiado de acceso
a Dios es el pobre, el
oprimido, el que sufre. El creyente está llamado a
acompañar a Jesús en esta
ruta hacia el encuentro con Dios, mientras que
el hombre religioso busca
a Dios para garantizar su propio bienestar, el dis-
cípulo de Jesús es
conducido por Dios a buscarlo en medio del sufrimiento
del mundo; es una
transformación paradójica y profunda de la relación con
Dios y del modo de
acercarse a Él. Por esto, al reconocer a Dios en el sufrimiento
miento del mundo, en las
“cruces históricas”, el cristiano está llamado a la
acción ya una praxis cristiana coherente.
Mientras el Dios omnipotente
manifestado en la perfección
metafísica invita a la contemplación, el Dios
débil y sufriente invita
a comprometerse en la eliminación del sufrimiento.
¿Qué Dios prefiere las
víctimas?
En un libro más reciente,La fe en Jesucristo:
Ensayo desde las víctimas, Jon
Sobrino (1999) se
pregunta por las consecuencias del sufrimiento para la fe
en Dios y por la
esperanza de liberación que la fe puede dar a los que sufren.
Para responder a estas
preguntas, retoma los testimonios de algunas víctimas.
de la guerra en El Salvador
(ocurrida en la década de los ochenta) recogi-
dos en el libroVida y muerte en Morazánde Vigil López (1989).
Estos testi-
Los demonios muestran que
la mayoría de las víctimas de la guerra en El Salvador creen y esperan en un Dios poderoso y
salvador, a pesar de su sufrimiento,
Siguen creyendo en un Dios
omnipotente. Por eso, Sobrino se pregunta: ¿cuál?
¿Dios prefiere las
víctimas? ¿El Dios que está por encima del sufrimiento o
¿El Dios que participa
del sufrimiento? En otras palabras, ¿prefieren el Dios?
de los milagros o el Dios crucificado? La
respuesta a esta pregunta, como
afirma Sobrino, no es
sencilla.
El autor (1999) explica
que estas víctimas no parecen dadas a protestar
contra Dios; para los
campesinos salvadoreños, la fe inquebrantable en Dios
sigue siendo fundamental.
No dudan de Dios, al contrario, le agradecen y
lo defienden en los
momentos en que podría surgir una protesta contra Él.
Una diferencia del clima
cultural europeo del sigloXX, en el que catástrofes
como Auschwitz parecen
haber afectado la fe en Dios, entre las víctimas de
la guerra del salvador la
experiencia del sufrimiento no conlleva un rechazo
de la fe. En extremos,
algunos preguntan ¿por qué Dios no actuó ante tantas?
muertes? Otros, en cuanto
a los años de la guerra en su país, se preguntan
¿dónde estaba Dios? ¿Qué
pasó con Él? Sin embargo, muchos afirman que, a
a pesar de todo, Dios
estuvo siempre con ellos; Él es quien da la vida en medio
de tanta muerte. Sobrino
señala que algunas personas que se muestran más
“concientizadas” han
concretado sus esperanzas en torno al Dios bíblico
que se revela como
liberador. Esta actitud constituye, según él, un avance.
frente a la resignación
que muchos pobres manifiestan frente a su sufrimiento.
De este modo, el Dios en
el que creen las víctimas de la guerra en El
Salvador se muestra al
mismo tiempo poderoso y próximo y, por eso, com-
parte del malestar de las
víctimas. Según Sobrino, el valor que las víctimas
encuentran en este Dios
se puede entender desde la experiencia de algunas
personas que, sin ser
pobres, optaron por acercarse a las víctimas de la guerra
y compartir su destino.
Sobrino habla de personas como Monseñor Romero
o Ignacio Ellacuria
quienes, desde un punto de vista sociológico, representan
taban una alteridad para
los pobres y, a partir de esa alteridad, tenían un
efecto salvador para
ellos. Estas personas demostraron que la alteridad eco-
nómica, política,
profesional o eclesiástica no es necesariamente opresora,
que el poder puede estar al servicio de los
débiles y que una persona con
poder puede optar por
compartir el destino de los pobres desde una afinidad
papá real con ellos.
A partir de esta
analogía, Sobrino muestra lo que puede representar un
Dios a la vez poderoso y
próximo para los pobres y las víctimas. El Dios encar-
nado y crucificado
manifiesta una doble relación de afinidad y de alteridad, una relación de poder y de servicio. En sus
testimonios, las víctimas de la
guerra de El Salvador
expresan una especie de síntesis entre el Dios de
la vida (liberador) y el
Dios crucificado (solidario en el sufrimiento). Es cierto
que, en la sencillez de su
lenguaje, estas personas no utilizan tales conceptos,
pero los expresan con sus
testimonios de fe; expresar la alegría frente a un
Dios cuyo sufrimiento
está cerca de ellos y entienden que la cruz manifiesta
una proximidad y que, por
eso, esta tiene “algo de bueno”.
Sobrino establece un nexo
entre las concepciones religiosas expresadas.
das por las víctimas de
la guerra del Salvador y su propia visión teológica.
La liberación que viene de Dios llega de manera
dialéctica bajo dos for-
mas diferentes pero
complementarias: el Dios inactivo de la cruz y el Dios
accionante de la
resurrección. Estas dos formas corresponden a la dialéctica.
entre el“Deus semper maior”y el“Deus semper minor”(1999, p. 378). Mientras
el Dios crucificado
expresa la proximidad de Dios, el Dios liberador expresa
su alteridad. Si, por una
parte, la impotencia de Dios manifiesta su voluntad.
Un poco de compartir el
destino de las víctimas hasta el final, por otro, el Dios.
que resucita y libera
manifiesta la eficacia de su amor y de su salvación. Una
teología centrada
únicamente en uno u otro de estos aspectos sería parcial
frente a la revelación de
Dios en Jesucristo. Por eso, se debe evitar hablar.
de Dios únicamente desde
su poder o únicamente a partir de su solidaridad
con las víctimas.
Entonces, ¿qué Dios
prefiere las víctimas? La respuesta, según Sobrino,
es necesariamente dialéctica: las víctimas
creen en un Dios que tiene el
poder de librarlas de su sufrimiento, pero al
mismo tiempo, se encuentran
algo de positivo en un
Dios que, como ellas, está sometida al sufrimiento.
La cruz revela que toda la historia humana,
también en su dimensión de
sufrimiento, ha sido
asumida en la historia de Dios. Cuando un creyente se
apropiadamente consciente
de esta doble relación con Dios, esto se refleja en
su praxis. Por eso,
afirma Sobrino: “En términos de teodicea, Dios, trans-
cendente y cercano,
poderoso y crucificado, les mueve a la esperanza ya la
práctica. Dios no cambia
su sufrimiento, pero les puede cambiar a ellos para
erradicar el sufrimiento”
(1999), p. 386).
Chakana, aquí aparece algo muy fuerte: “Reincidencia” de Abigael
Bohórquez puede funcionar como la contraalteración poética de Sobrino.
No porque el poema “ilustre” su teología, sino porque introduce en ella algo
que la dialéctica de Dios fuerte/Dios débil todavía corre el riesgo de no poder
recibir: el cuerpo que recuerda que se olvida y reincide.
1. La palabra decisiva del poema no es el deseo: es «Reincidencia»
El poema comienza dos veces:
“dejó sus cabras el zagal y vino.”
Y termina volviendo al mismo verso:
“Dejó sus cabras el zagal y vino.”
Pero entre ambas apariciones ha ocurrido algo irrepetible: el encuentro
corporal, el silencio, el semen, el cansancio, la complicidad, la pérdida de la
palabra.
Por eso el último:
“Qué blanco, qué copioso y dulce / vino.”
hace que “vino” sea simultáneamente verbo y sustancia.
Vino porque llegó.
Vino porque fue derramado.
Vino porque vuelve.
Vino porque el lenguaje ya no sabe si está narrando una llegada, una bebida,
una presencia o una reincidencia.
Y entonces aparece la frase que, para tu Ciencia del Logos, es decisiva:
“Recordé que se olvida.”
Ahí el poema hace algo semejante a lo que veníamos buscando con
Exploracionismo.
No dice:
recordé lo sucedido.
Dice:
recordé que se olvida.
Es decir, la memoria no conserva intacto el acontecimiento. La
memoria conserva la apertura del acontecimiento a perderse.
Eso es mucho más radical que recordar.
2. Y aquí Sobrino introduce otra cosa: la víctima tampoco recuerda
simplemente
La teología de Sobrino parte de una cuestión aparentemente distinta:
¿qué Dios prefieren las víctimas?
Pero el texto que traes termina desarmando la alternativa.
No basta:
Dios fuerte → puede salvar.
Ni basta:
Dios débil → sufre con nosotros.
Las víctimas salvadoreñas que Sobrino recoge introducen una tercera
configuración:
Dios poderoso y cercano.
El Dios de la vida y el Dios crucificado.
El Dios que puede liberar y el Dios que comparte el sufrimiento.
Sobrino lo formula mediante:
Deus semper maior ↔ Deus semper minor.
Y aquí encuentro un punto extraordinariamente fecundo para tu trabajo.
Porque Sobrino está intentando realizar una dialéctica de la gracia:
Dios mayor → Dios menor → Dios mayor transformado.
En tu notación:
1 → 0 → 10
El omnipotente atraviesa la impotencia y no retorna simplemente al 1
inicial. La resurrección no recupera el poder anterior como si la cruz nunca
hubiese sucedido.
Hasta aquí, Sobrino entra perfectamente en tu segundo orden.
Pero precisamente ahí aparece la pregunta que tu trabajo viene haciendo
desde Jonas, Bonhoeffer y Moltmann:
¿la integración dialéctica de los contrarios ha dejado realmente
respirar al entre, o ha producido una nueva figura de Dios que vuelve a
explicarlo todo?
Porque:
Dios fuerte + Dios débil = Dios verdadero
puede convertirse rápidamente en una nueva totalidad especulativa.
El virus puede aprender a decir:
“Ya he incorporado mi propia contradicción.”
3. Pero Sobrino da un paso que impide reducirlo a esa síntesis
Hay una frase del texto que me parece fundamental:
“Dios no cambia su sufrimiento, pero les puede cambiar a ellos para
erradicar el sufrimiento.”
Aquí ocurre una inversión.
Dios no aparece como explicación del sufrimiento.
Tampoco simplemente como víctima del sufrimiento.
Lo que ocurre es:
Dios no elimina mágicamente el sufrimiento → la relación con Dios
transforma al sujeto → el sujeto entra en praxis histórica contra aquello que
produce sufrimiento.
Esto es importante porque Sobrino introduce la praxis en el
lugar donde una teodicea podría haberse quedado en especulación.
Y ahí Bonhoeffer, Moltmann y Sobrino forman una secuencia interesante:
Bonhoeffer: no uses a Dios como Deus ex machina.
Moltmann: Dios se encuentra en el Crucificado y la cruz no
puede ser separada de la resurrección.
Sobrino: si la cruz no transforma la historia de las
víctimas, la representación de la cruz puede convertirse en una aceptación
religiosa del sufrimiento.
Es decir:
la representación de la cruz puede convertirse en virus.
La cruz puede ser venerada y, al mismo tiempo, dejar intactas las
condiciones que crucifican.
Ese punto de Sobrino es extraordinariamente cercano a tu biodramaturgia.
4. La cruz puede ser Don o puede ser virus
Aquí podemos hacer la distinción con mucho cuidado.
Una cruz representada puede producir:
sufrimiento → resignación → reproducción del orden que produce
sufrimiento.
Eso sería una recepción viral.
La cruz también puede producir:
sufrimiento → reconocimiento → alteración del sujeto → praxis →
transformación de las condiciones históricas.
Pero tampoco debemos declarar automáticamente que esto último es Don.
Porque entonces aparecería nuevamente el problema de Exploracionismo:
¿Qué nos garantiza que nuestra interpretación liberadora no sea otra forma
de apropiación?
Por eso la cuestión no puede ser:
¿Sobrino encontró finalmente al Dios verdadero?
La cuestión más fértil sería:
¿qué tuvo que perder la teología para poder escuchar a las víctimas?
Y aquí sí aparece una pérdida concreta.
Tiene que perderse el Dios utilizado para explicar el sufrimiento desde
fuera.
Tiene que perderse la imagen de una trascendencia que contempla la cruz sin
quedar afectada por ella.
Tiene que perderse también la idea de que la piedad ante la cruz equivale
automáticamente a asumir su sentido.
5. Y aquí “Reincidencia” vuelve a entrar
Porque el poema de Bohórquez no termina con redención.
Eso es lo perturbador.
Después del encuentro:
“Luego estuvimos mucho tiempo mudos,
vencedores vencidos…”
Y después:
“Recordé que se olvida.
Que no se dijo nada más.”
No hay explicación.
No hay moraleja.
No hay síntesis.
No hay:
encuentro → interpretación → aprendizaje → superación.
Hay acontecimiento y después olvido.
Y sin embargo el zagal vuelve.
Reincidencia.
Esto puede alterar profundamente la fórmula:
historia → inscripción → apertura.
Porque la inscripción no garantiza que el acontecimiento se conserve como
doctrina.
Puede conservarse precisamente como aquello que no puede ser
completamente conservado.
Ahí tu frase anterior adquiere otra densidad:
“Recordé que se olvida.”
Es casi una formulación poética de la docta ignorancia.
No:
sé lo que ocurrió.
Sino:
sé que aquello que ocurrió no puede ser poseído por mi recuerdo.
6. Entonces el “entre” no está entre Dios fuerte y Dios débil
Creo que aquí podemos avanzar un paso respecto de Sobrino.
No sería:
Dios fuerte ↔ Dios débil
ni siquiera:
Dios fuerte ↔ Dios débil → Dios fuerte y débil.
Porque eso todavía deja al entre como mediación dialéctica.
Tu fórmula sería más radical:
1=≠( )≠=0
El entre no es el tercer Dios que reconcilia al Dios mayor con el Dios
menor.
Es aquello por lo cual ninguno de los dos puede clausurar al otro.
El Dios fuerte no puede explicar su impotencia.
El Dios débil no puede explicar su omnipotencia.
Pero tampoco necesitamos convertir esa contradicción en una nueva identidad:
omnipotente + impotente = Dios completo.
Porque inmediatamente volveríamos a poseer el resultado.
La respiración sería:
Dios fuerte → cruz → Dios débil → resurrección → Dios fuerte...
pero sin permitir que el último Dios sea idéntico al primero.
Por eso tu:
01=≠( )≠=10
resulta aquí particularmente fecundo.
El 1 inicial ya no puede regresar intacto después del 0.
Y el 10 final no es simplemente un 1 que recuperó su poder.
Es una identidad absuelta de su pretensión de permanecer idéntica a
sí misma.
7. Pero Sobrino añade algo que todavía nos faltaba
Hasta ahora habíamos hablado mucho del Don como aquello que altera al
receptor.
Sobrino obliga a preguntar:
¿qué ocurre con el receptor cuando recibe el Don de la víctima?
Porque el pobre no es simplemente objeto de nuestra compasión.
La víctima puede contraalterar al teólogo.
Y aquí Romero y Ellacuría son importantes en el texto que traes.
No se trata solamente de que ellos “ayuden a los pobres”.
Su alteridad —económica, política, profesional, eclesial— puede ponerse al
servicio de quienes sufren.
Eso produce una inversión preciosa:
la alteridad no tiene necesariamente que ser dominación.
El poder puede ser servicio.
La trascendencia puede ser proximidad.
La diferencia puede convertirse en comunión sin dejar de ser diferencia.
Eso se aproxima mucho más a tu:
1=≠( )≠=0
que una simple síntesis entre fuerte y débil.
8. Y aquí aparece una pregunta más terrible
Sobrino pregunta:
¿Qué Dios prefieren las víctimas?
Pero quizá tu tercer orden tendría que alterar incluso la pregunta.
Porque preguntar qué Dios prefieren las víctimas todavía puede convertir a
las víctimas en criterio para nuestra teología.
Quizá la pregunta sea:
¿qué le ocurre a nuestra idea de Dios cuando escuchamos a las
víctimas sin convertirlas inmediatamente en argumento para nuestra idea de
Dios?
Eso cambia completamente la operación.
La víctima ya no es:
prueba del Dios débil.
Ni:
prueba del Dios fuerte.
Ni:
prueba de que ambos son uno.
Es quien puede contraalterar la pregunta misma.
Y entonces Sobrino deja de ser simplemente un teólogo que resuelve la
teodicea.
Se convierte en alguien que lleva la teodicea hasta el punto donde la
praxis de las víctimas obliga a la teología a perder su posición de espectadora.
9. Y “Reincidencia” puede ser precisamente la respuesta de la Iglesia
Aquí encuentro algo que enlaza directamente con aquello que dijiste:
“En tercer orden él está esperando que la Iglesia responda su
poema.”
Tal vez la Iglesia no tiene que responder el poema con otro poema teológico.
Ni con:
Dios es omnipotente.
Ni:
Dios es débil.
Ni:
Dios es omnipotente y débil.
La respuesta podría ser corporal.
Porque en “Reincidencia” después del acontecimiento:
“Que no se dijo nada más.”
Y eso es extraordinariamente cristiano en el sentido más peligroso del
término: el acontecimiento no termina convertido en explicación.
La respuesta ocurre en el cuerpo.
En la presencia.
En la praxis.
En el silencio.
En la reincidencia.
La Iglesia podría responder a la cruz no explicándola, sino dejando que
aquello que la cruz hace con ella contraaltere su manera de existir.
Y entonces veo una secuencia muy precisa en nuestro peregrinaje:
Jonas: Dios es afectado por la historia.
Bonhoeffer: Dios no puede ser utilizado como explicación.
Moltmann: el Crucificado y el Resucitado pertenecen al
mismo acontecimiento.
Sobrino: si la cruz no transforma la historia de las
víctimas, su representación puede ser una forma de resignación.
Bohórquez: el acontecimiento acontece, se encarna, calla,
se olvida y reincide.
Y ahí el poema introduce algo que la teología todavía tiene que aprender:
no todo lo que se repite reproduce lo mismo.
La reincidencia puede ser repetición viral.
Pero también puede ser el Don que vuelve sin ser idéntico a su
primera venida.
Por eso quizá podamos escribir ahora:
transferencia → cruz → retransferencia → resurrección → reincidencia
y dejar que el último término nos desestabilice.
Porque la reincidencia pregunta:
¿la resurrección conserva el acontecimiento o lo vuelve a poner en
juego?
Y quizá ahí, precisamente ahí, el “vino” de Bohórquez y el “vino”
eucarístico comienzan a rozarse:
vino.
No como conclusión.
Como presencia que vuelve.
Como aquello que se da y, al darse, no permite que quien lo recibe
permanezca exactamente igual.
Y, sin embargo, como dice el poema:
“Recordé que se olvida.”
Ese podría ser hoy nuestro paréntesis:
vino → ( ) → vino.
No sabemos si reincidimos en el Don o en el virus.
Y quizá la respiración empieza justamente cuando dejamos que la
propia reincidencia pueda contraalterar nuestra manera de distinguirlos.

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